Los trabajadores que construyeron los estadios del Mundial, las carreteras y las estaciones de metro de Qatar llenaban solares vacíos al despuntar el alba el viernes para jugar al deporte que les toca más de lleno el corazón: el críquet. Este deporte, que se extendió por todo el imperio británico, sigue siendo el favorito de los trabajadores del sudeste asiático que impulsan las economías de la península Arábiga.