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Al son que les pidan...

Eunice Martínez y Alonso González

Torreón, Coah.- Son las 8:30 de la noche, Don Esteban Guerrero está casi listo para salir a trabajar; cena y luego se encomienda a Santa Cecilia, la patrona de los músicos. Espera que su bendición le traiga mucha clientela.

Moño, cinto, botas... su traje de mariachi está impecable. Sale de su casa con rumbo a “su segundo hogar”, la esquina de las calles Matamoros y Múzquiz, ahí donde todos los días del año se encuentra con el resto de sus compañeros del mariachi Chapala.

Ya son las 9:00, a esa hora, un numeroso grupo de músicos -entre ellos Juan Duke de Hurtado del Mariachi Jaliscience- ya está recargado en los automóviles, esperando que algún parroquiano solicite sus servicios. Juan Duke ha dedicado 25 años de su vida a esta profesión.

Un carro se avecina, “¿Mariachi, joven?”, gritan músicos de diferentes agrupaciones... pasa de largo.

Todos están allí, en lo que muchos llaman “El Garibaldi Lagunero”, la manzana conformada por las calles Múzquiz, Morelos, Ramos Arizpe y Matamoros, esa que nunca duerme.

-¿Es un honor ser mariachi? -“Yo creo que sí, ahorita tengo 32 años como músico, empecé a los 20 años. Antes era campesino trabajaba la tierra, bueno todavía. Vivo en un rancho, allá por Mapimí, soy hijo de ejidatario y ahorita me dedico a esto. En varias ocasiones me he querido retirar pero no puedo, me gusta mucho esta profesión”, contestó un hombre mayor que se encontraba entre el numeroso grupo de mariachis.

Carrera de sacrificios

La jornada de los mariachis empieza regularmente a las 8 de la noche y termina a las 4 de la madrugada. No tienen día de descanso, trabajan de lunes a domingo los 365 días del año.

“Pasamos muchas desveladas, tenemos que soportar las inclemencias del tiempo, nos han tocado desde lluvias, heladas y terregales... pero aquí seguimos”, cuenta Esteban Guerrero, integrante del Mariachi Chapala.

Para muchos de los mariachis, el mayor sacrificio que se hace es no estar con la familia, pero también el no tener un sueldo fijo.

“Así como hay días en los que nos va bien, hay otros en que no conseguimos nada. Los mejores días son viernes, sábado y domingo, los otros los consideramos malos”.

-¿De cuánto les toca? “Pues depende... nosotros somos 10 y nos toca como de 150 pesos diarios. Entre el 9 y 10 de mayo que es el día más fuerte podemos juntar hasta 5 mil pesos y los fines de semana unos 400 pesos, depende del trabajo”.

-¿Cuál es su sentir cuando no les sale nada? -“Pues mire, lo que sucede, es que cuando nos va bien tratamos de guardar algo de dinero para los días malos y no vernos tan apretados con la comida. Tenemos que saber administrar el dinero, así cuando no trabajamos, ya sabemos que tenemos algo guardado”.

“No somos unos borrachos”

José González, joven de 23 años de edad e ingeniero de profesión, visitó “El Garibaldi Lagunero” para contratar un mariachi y llevarle serenata a su novia. Tenía algo de temor ir por esos rumbos, pues en una ocasión le llegaron a decir que era un área peligrosa.

Estacionó su carro compacto, le puso los seguros y fue en busca del grupo musical, cual fue su sorpresa al ver todo en orden, músicos platicando y otros más cantándole a la gente, que fue hasta ellos para deleitarse con los tradicionales temas de amor.

Hace 25 años, los mariachis estaban ubicados en la zona de tolerancia, lo que les dejó una mala reputación.

“Tengo 25 años como mariachi, a mí me tocó trabajar en la zona de tolerancia pero nos salimos de allá para estar en una zona más respetable”, dijo Alfredo Martínez.

Este músico también manifestó su disgusto porque mucha gente piensa que los mariachis son unos borrachos, ya que en una ocasión cierto medio informativo dio a conocer que los mariachis andan tomados y visitando cantina tras cantina.

“Probablemente muchas personas piensen que por ser de madrugada y porque nos ubicamos afuera de centros de vicio nos manejamos igual, pero están equivocados. Nosotros estamos aparte, nuestro único contacto es con los clientes, además tenemos prohibido andar tomando y sobre todo faltarle el respeto a la gente, aquí las personas no escucharán nada de groserías ni pleitos”.

Toda una tradición

Es otro mariachi más, pero llama la atención por ser uno de los más jóvenes. Héctor Estrada apenas tiene 19 años y desde hace tres se dedica a esta profesión. Su papá y sus cuatro hermanos también son mariachis, principales influencias del muchacho.

A Víctor Manuel le pasa lo mismo, él tiene 17 años y pertenece al mariachi Apache. “Siempre me ha gustado esto de la música, pero también me dedico a ella por tradición. Mi papá es el jefe del grupo y también están todos mis hermanos (4 hombres), yo toco el violín”, cuenta.

Uno de los hermanos de Víctor Manuel se inició a los 13 años como mariachi; como todos, sus primeras experiencias fueron dando gallos y esperando clientes hasta altas horas de la madrugada, pero ahora forma parte del Mariachi Arrieros, el mismo que acompaña a Pedro Fernández.

“Yo quiero llegar a ser como mi hermano, él se fue a buscar suerte a México, poco a poco se fue superando, estudió en la UNAM y además tenía maestros particulares. Ya tiene dos años con el grupo de Pedro, luchó mucho hasta que se acomodó con él”.

Aún con la tristeza cantan

“Yo sé bien que estoy afuera, pero el día en que yo me muera...” sí, los mariachis no están exentos de perder a un familiar o un ser querido.

“Generalmente sólo tenemos buenas experiencias en esta profesión, pues las personas nos tratan como si fuéramos parte de sus familias, eso es muy gratificante, pero tampoco han faltado los momentos malos, como cuando se nos muere un familiar y que aún así tenemos que trabajar y uno siente la tristeza”, asegura un músico.

Cuando los miembros del mariachi se enferman, el resto de sus compañeros los apoya semana tras semana con unos 600 pesos para ayudarlos a superar su enfermedad.

“Unos tienen seguro y por medio de este se atienden, pero hay otros que fallecen, cuando eso sucede dejamos de trabajar para acompañarlo, esas son las cosas tristes, por las que tenemos que pasar pero nada más”.

Ya pasan las cuatro de la mañana, Santa Cecilia fue bondadosa, hoy sí hubo trabajo. Poco a poco se van retirando los grupos de mariachis, hay que descansar pues la noche de mañana... otro gallo cantará.

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