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Buen gobierno/Hora Cero

Roberto Orozco Melo

En un teatro al aire libre y ante casi tres mil asistentes, que soportaron el fresco clima otoñal, Enrique Martínez y Martínez cumplió anteayer sus primeros mil días como Gobernador del estado de Coahuila, lo cual celebró con la lectura de su tercer informe.

Gobernador es el que bien gobierna. Y gobernar es asumir responsabilidades: pensar en plural, dar seguridad jurídica y social a la sociedad y eficacia al servicio público; acrecentar y controlar los recursos fiscales; ver por la buena marcha de la política electoral; prevenir y cuidar la salud pública sobre todo en las clases más necesitadas y vigilar la impartición de la justicia. Otras incumbencias son la atención preferente a las obras materiales que demanda el crecimiento de las zonas urbanas, impulsar las áreas rurales, modernizar la comunicación entre las poblaciones, proveerlas con redes de agua potable y sanidad, promover actividades productivas y alentar el desarrollo económico, para que las familias coahuilenses tengan empleo y bienestar. Hay un “plus” adicional: que si bien gratifica a los ciudadanos, corresponde al estilo de cada gobernante. La gente desea estar a gusto con la máxima autoridad de su estado.

El pueblo sabe cuando lo observa el gobernador, cuando detecta problemas, necesidades, conflictos y aspiraciones; pero también cuando escucha, orienta y afronta contingencias sin descuidar el timón de la entidad, aun en eventuales convulsiones que pretendan alterar el ritmo de la vida colectiva. Esto le gusta a la gente...

Pero a veces, aunque el gobierno se esfuerce, no satisface a la masa civil, que es cual hidra policápite, fuente de juicios opuestos, a veces muy cuadrados, en la difícil relación autoridad y ciudadano. Logros y avances del Ejecutivo están sujetos al juicio de ese ente ficto llamado “opinión pública” al que frecuentemente restamos importancia, acusándolo de obedecer a intereses políticos o personales. Pero aquí, la mayoría de los coahuilenses parece estar de acuerdo con el gobernador Martínez y Martínez y no gratis. Enrique es un gobernador que no titubea en dar la cara ante los problemas y, sobre todo, frente a los conflictos. Anteayer lo evidenció, sin duda, cuando al asumir la defensa de los municipios frente a la astringencia de las participaciones fiscales: Eso fue más refrescante que la brisa que soplaba sobre el Teatro del parque Las Maravillas.

El gobernador señaló sin tapujos: “En este año hemos visto que los ingresos federales estaban calculados sobre la base de 15.50 dólares por barril exportado y el promedio anual ha sido de 22.00 dólares. Seis dólares y cincuenta centavos más (por barril); pero esta diferencia, que llega a 30 mil millones de pesos (anualizados) no se refleja en las asignaciones recibidas (por estados y municipios).

El subejercicio del año 2001 por más de 40 mil millones de pesos no se proyecta tampoco a este año (2002) en el presupuesto asignado a los estados. La propia reforma fiscal de diciembre pasado, así como salió, con limitaciones e insuficiencias, se anunció que generaría 52 mil millones más de ingresos, que tampoco se han reflejado en las haciendas estatales”.

El reconocimiento de la audiencia, generado por la firme argumentación del gobernador Martínez en el caso de la supuesta deuda de agua a favor de Estados Unidos, “Para el pago de esa deuda no saldrá una gota de agua de las presas del estado”, fue precedido por muchos otros aplausos cuando se escuchó la relación larga y prolija de las obras públicas con un costo de 6 mil 657 millones de pesos y la atención de los diversos ramos consignados en el tercer informe.

No observamos, sin embargo, una reacción más espontánea, nutrida y entusiasta del público que la surgida ante esa reclamación de pago de participaciones fiscales a los estados de la República, cuyo cumplimiento evade el inconducente y reiterado recortismo fiscal del presidente Fox. Anteayer, por vez primera en la historia de los informes gubernamentales, escuchamos un valiente alegato al poder central en defensa de los intereses de Coahuila y demás entidades federativas. Anteayer se inició la segunda mitad del sexenio.

Obras planeadas desde antes de la toma de posesión de Enrique Martínez y Martínez serán concluidas en los primeros meses de los últimos tres años. Otras habrán de surgir al ritmo que marquen las necesidades colectivas. Sobrevendrán, de seguro, críticas fondeadas en el interés, ambiciones en las vísperas de la lucha por el poder estatal, desahogos y falacias partidistas para demeritar al PRI con vista a las elecciones federales. Nada mejor que la receta de Napoleón intencionalmente parodiada: “Trabajo y más trabajo”, obras, pluralidad, justicia, servicio a la sociedad y humanismo, lo que vale a decir: buen gobierno.

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