Historia hermosa desde sus orígenes, lucha de evangelizadores en convertir a los salvajes al cristianismo, moradores aledaños entre médanos y ciénegas, entre la blancura de las aves acuáticas, posible sitio de la gran Aztatlán y el mito de las siete ciudades de Cíbola. No existe mestizaje y las distintas etnias emigran poso a poco a las lagunas, conformando una población pleomórfica y generaciones con sangre universal. Historia bella de hombre que se distinguen por la tenacidad en el trabajo, en su psicología y como luchadores sociales. Aquí en La Laguna nació en San Pedro de las Colonias la Revolución Mexicana con la bandera de Madero y su apotegma “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Aquí se inició el reparto agrario y aquí se conformó a pesar de tropiezos políticos un polo de desarrollo admirable. La Laguna es única e indivisible; zona conurbada natural que comprende diez municipios del estado de Durango y cinco de Coahuila, con un mismo ecosistema del semidesierto. Dos ríos hermanos que nacieron como gemelos, hará algunos 70 millones de años: el Nazas y el Aguanaval al final de la revolución geológica Laramide, ríos que hacen con el tiempo, la Mesopotamia de América, con la diferencia que son escorrentías que nacen y mueren dentro del continente como un sistema hidrológico endorreico, muy sensible a la contaminación.
Algodón, trigo, sorgo, avena, maíz, frijol, hortalizas, forrajes. Todo se da en forma prodigiosa gracias a las tierras feraces, abonadas con humus y material orgánico de arrastre por los ríos. El crecimiento demográfico y la explotación de las tierras en monocultivos por largo tiempo, en conjunto con las acciones irracionales, el hombre deforesta, contamina los suelos con químicos y sobreexplota las reservas de agua del subsuelo, además de convertir el aire en irrespirable cada vez más y las presiones en la producción, conforman un marco de presiones sobre el medio ambiente y la situación de las poblaciones conurbadas y su gente cambia totalmente. Aquellos pasajes de luchadores laguneros, van convirtiendo a La Laguna en un desierto, en una tierra que agoniza, porque nos estamos acabando las reservas de agua y no sabemos cuánta nos queda. No llueve, los ríos están secos, las presas casi vacías y todo el mundo inmutable, sigue en sus actividades cotidianas sin pensar que el agua y la vida van paralelas. Sin agua no hay vida.
El tiempo es nuestro más grande enemigo. Por eso, es tiempo de no enterrar la cabeza en la arena como la avestruz en el desierto y ahora sin dilación, es el momento de investigar qué nos queda de agua en el acuífero principal y sin conjetura alguna, conocer el futuro. Existe por fortuna, tecnología de punta con los sondeos electromagnéticos que pueden despejar la incógnita y así, del diagnóstico dirimir las acciones de la distribución y conservación del recurso, además de la educación ambiental y la cultura del agua. Con el conocimiento preciso del agua que nos queda en el subsuelo y la unificación de todos los laguneros, conducirá a la solución, sin conciencias cuadradas, por supuesto.