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El cuero y las correas

Roberto Orozco Melo

Cuánta razón tiene el presidente de la República, Vicente Fox, al afirmar que muchos de los males que padece nuestro país provienen de su reciente pretérito político. Tan cierto, que si el PRI de la tecnocracia neoliberal no se hubiera puesto tan obsecuente y regalón con sus opositores, el señor Fox aún sería gobernador de Guanajuato o a la mejor ni siquiera eso.

El centralismo fiscal constituye una herencia con la cuál tiene que lidiar la República bajo el llamado “Gobierno del cambio”. Sin embargo, el culpable original no es don Vicente, lo fueron, illo témpore, don Luis Echeverría y don José López Portillo quienes, mediante el curricán de participaciones nunca soñadas por los estados, dejaron a sus haciendas públicas sin facultades impositivas propias y de refilón a las municipales. Tal es la causa de que sólo ejerzan actualmente, como ingresos propios, el insuficiente impuesto predial y sus correlativos, más algunos mínimos derechos, productos, aprovechamientos y empréstitos. Claro, también cuentan con las participaciones federales, aunque siguen siendo simbólicas de la gruesa cadena que ata a la voluntad política de los gobernadores al capricho presupuestal del presidente de la República.

Es tiempo de cambiar y por ello la Conferencia Nacional de Gobernadores ha conquistado múltiples simpatías en la opinión pública del país. Exigir del Presidente de la República la equitativa distribución del ingreso público, así sea fiscal o petrolero, tiene una finalidad transparente: construir las obras y ejecutar los programas de bienestar social que demandan las entidades federativas. No como dádiva y mucho menos como un gesto generoso del Jefe del Poder Ejecutivo federal. Es un acto de justicia.

Si lo que el presidente Fox busca conciliar con los gobernadores es la aprobación de la Reforma Fiscal por la actual Cámara de Diputados, a cambio de arrumbar las tijeras presupuestales en un rincón, puede que se equivoque. Si el PAN busca lucrar políticamente con la famélica situación de las haciendas estatales y municipales, los gobernadores y los alcaldes harán lo contrario, encabezando la lucha a favor de un auténtico federalismo fiscal. De bandera a bandera, la más limpia triunfará en las elecciones.

Como diría sordamente el inefable Carlos Salinas de Gortari: “No se hagan bolas”. Lo que México necesita es una verdadera reforma tributaria, la cuál debería nacer de una Convención Nacional Fiscal, como ya hemos propuesto en otras ocasiones. Sólo que necesita ser de veras. Si hay alguna IV Convención Nacional Fiscal, no deberá seguir el camino de las tres anteriores, que fueron saboteadas por el centralismo presidencial. La Tercera Convención Nacional Fiscal, celebrada en 1947, propuso soluciones influidas por el criterio acaparador de fuentes fiscales a favor de la administración federal de Miguel Alemán, si bien aparentaba proteger a las entidades y a los municipios mediante importantes participaciones en ingresos federales, que luego anuló con disposiciones secundarias.

Otro esfuerzo nugatorio fue el que hicieron los diputados federales durante el año 1959 a partir de una propuesta de la diputación guanajuatense, para reformar la fracción II del artículo 115 constitucional. El proyecto proponía que los ayuntamientos integraran su hacienda no solamente con las contribuciones que les señalan las legislaturas de los estados, sino con un 10 por ciento de participación en todos los impuestos estatales y federales. La comisión que estudió la propuesta fue más allá y quiso reformar varias disposiciones que beneficiaran a los municipios. Pero la iniciativa no pasó jamás al Pleno. Fue un intento frustrado, entre muchos, por recomponer las finanzas municipales...

Hoy están, frente a frente, la Presidencia de la República y los Gobernadores de 23 entidades federativas. No es una lucha campal, pero tampoco constituye un combate de flores. Tampoco servirá para dilucidar la preeminencia entre dos fuerzas políticas opuestas. Se trata únicamente de que ambas partes dialoguen sobre las mejores formas de resolver los graves problemas estructurales del sistema fiscal mexicano. Ahora que si las cosas se ven con espíritu de contienda, espérense tantito: en julio del próximo año vamos a saber de cuál cuero salieron más correas...

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