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Jaque mate/Vendepatrias

Sergio Sarmiento

“Amo demasiado a mi país para ser nacionalista.” Albert Camus

Vendepatrias es el adjetivo que, en el turbulento ambiente político nacional actual se le está aplicando a quienes apoyan la apertura de la industria eléctrica a la inversión privada en nuestro país. Según esta posición, los verdaderos patriotas, los verdaderos nacionalistas, deben estar a favor de mantener el monopolio gubernamental sobre la industria eléctrica, ya que ésa es la manera de preservar nuestra soberanía.

Pero quizá a estos nacionalistas se les olvida la enorme pobreza de México. Durante décadas nos hemos preciado de una legislación que impide u obstaculiza la inversión privada —extranjera o nacional— en campos muy importantes de actividad económica. Pero cuando vemos la pobreza de nuestro país, muy superior a la de naciones que no han obstaculizado la inversión tanto como nosotros, vale la pena preguntarnos si no nos hemos equivocado desastrosamente en el camino del nacionalismo.

La mayoría de los países del mundo buscan con intensidad la realización de inversiones productivas en su territorio. Muchas veces están dispuestos a entregar terrenos gratuitos o a ofrecer ventajas fiscales a los inversionistas para convencerlos de aportar su dinero ahí. Y no sorprende que lo hagan. La experiencia demuestra que la única manera de rescatar a un país de la pobreza es a través de la inversión productiva.

Por ello países como China, Corea del sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Chile, España y muchos más, incluidos los de Europa oriental, están empeñados en atraer inversión a sus territorios. No le piden pasaporte a la inversión. Por el contrario, le dan la bienvenida venga de donde venga. No deja de ser significativo que China, que no reconoce la existencia de Taiwán como país independiente, sí está dispuesto a aceptar la inversión taiwanesa.

Un ex ministro sudcoreano de industria solía decir, cuando se le cuestionaba sobre la fuerte presencia de inversión extranjera en su país, que desde su punto de vista la inversión que se llevaba a cabo en Corea era coreana sin importar la nacionalidad de los dueños de esa inversión. Y explicaba: cuando un empresario está dispuesto a arriesgar su capital e invertirlo en Corea para crear empleos para los coreanos, su inversión es coreana. “Inversión extranjera”, añadía, es la que se hace fuera de Corea, aun cuando la hagan empresarios coreanos.

Los mexicanos no hemos llegado todavía a entender esa lógica. Por esa razón nuestros políticos han gastado tanta energía a lo largo de las décadas —paradoja de paradojas en un país necesitado desesperadamente de inversión para promover el empleo y combatir la pobreza— en impedir la realización de inversiones en nuestro país. Quizá por eso Corea del sur, que a mediados de la década de 1950 tenía un ingreso por habitante de una tercera parte del mexicano, hoy cuenta con un ingreso 50 por ciento superior.

Lo que los políticos mexicanos que hoy acusan a los partidarios de la apertura de vendepatrias no han entendido es que los países más soberanos no son los que tienen un mayor número de empresas en manos del gobierno, ni los que cuentan con los políticos, funcionarios públicos o líderes sindicales más ricos, sino los que le dan a su pueblo un mejor nivel de vida. En ese sentido el nacionalista sistema económico mexicano ha sido un abyecto fracaso. No solamente ha sido incapaz de otorgarle un mejor un nivel de vida a los mexicanos que el que han alcanzado países, como Corea del sur, que antes eran más pobres y hoy nos superan en riqueza, sino que además ha promovido una de las peores distribuciones de la riqueza en el mundo. Esto es lo que provocan los monopolios, públicos o privados: concentran la riqueza y el poder en unas cuantas manos.

Entiendo que la apertura de la electricidad a la inversión privada es un tema muy importante que requiere de una profunda discusión entre los mexicanos. Pero no nos dejemos engañar por los viejos políticos que acusan de “vendepatrias” a quienes desean un cambio. Quizá la posición de aquellos que desean abrir la industria eléctrica a la inversión privada sea más nacionalista que la que pretende mantener el monopolio gubernamental sobre la electricidad. Después de todo, la opción que promueva más inversión, y la que genere más empleos y prosperidad para los mexicanos, será la mejor para nuestro país y la más nacionalista. Los países más soberanos del mundo son los que pueden darle a su pueblo un mejor nivel de vida.

Sólo los grandes

La propuesta de apertura del presidente Fox no va lo suficientemente lejos. Sólo las grandes empresas podrían beneficiarse de un mercado verdaderamente libre de electricidad. A los consumidores pequeños se nos mantendría rehenes de los monopolios gubernamentales.

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