Buenos Aires.- Unos 300 niños y adolescentes llegaron hoy a Buenos Aires después de recorrer cerca de 4.500 kilómetros para reclamar que se respeten sus derechos a la educación, la salud, la alimentación e incluso al juego.
A pesar de la lluvia, los integrantes del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo recibieron una calurosa bienvenida en las calles de Buenos Aires, donde cumplieron la etapa final de una caravana que comenzó el pasado 28 de octubre en Puerto Iguazú, una ciudad situada en la provincia de Misiones, fronteriza con Brasil y Paraguay.
La manifestación, de la que participaron unas 300 organizaciones no gubernamentales y que contó con el auspicio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), fue realizada para advertir sobre los efectos de la grave crisis económica y social que atraviesa Argentina.
En los grandes centros urbanos del país, el 70,3 por ciento de los menores de 14 años es pobre y la mitad de esos chicos padece indigencia, según la última estadística elaborada por el Gobierno.
La caravana recorrió ocho provincias argentinas y fue encabezada por un tren que simbolizó el derecho de los niños a jugar, mientras que en cada "estación" se prepararon comidas populares.
También formaron parte del grupo de caminantes maestros y médicos, que permitieron a los niños cumplir con su derecho a estudiar y a recibir asistencia sanitaria.
El acto de cierre en la Plaza de Mayo, al que asistieron distintas organizaciones sociales, sindicales y religiosas, contó con la actuación del músico popular León Gieco.
Entre los adherentes a la "Marcha por la Vida", se hallaron el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, los escritores Ernesto Sábato y Osvaldo Bayer, el cantautor español Joan Manuel Serrat y varios religiosos y líderes sindicales, como Víctor de Gennaro, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).
"Lo que más admiré de estos chicos durante la recorrida que compartí con ellos es que a pesar de que tenían un destino marcado, que era la muerte por el hambre, la desocupacion o la droga, no se resignaron. Como ellos cambiaron su vida, también pueden soñar con cambiar la realidad del país", señaló De Gennaro.
El dirigente sindical advirtió de que "detrás de un chico de la calle hay un padre desocupado y hay que aprender de ellos a transformar la realidad".
El año pasado se llevó a cabo una experiencia similar y fueron 350 niños los que en 15 días recorrieron con el mismo objetivo los 1.900 kilómetros que separan a La Quiaca (norte del país) de Buenos Aires.
EFE