11 septiembre 2003
Nueva York, (EFE).- Dos años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, perdura un sentimiento de impotencia y dolor entre familiares, amigos y ciudadanos, que hoy rinden memoria a las víctimas.
"Es un dolor muy grande", dijo a EFE la dominicana Carmen García, residente de Brooklyn, quien aseguró que "cada día es peor" y que siente "mucha tristeza" por la pérdida de su hija de 21 años, cuyos restos nunca fueron recuperados por los equipos de rescate.
"Perdimos 23 policías de la unidad de emergencias y 14 eran mis amigos. Lo que pasó jamás se olvidará", declaró Carlos Hernández, policía de la unidad canina, contento de que hoy "nos podamos unir en este momento".
Hernández, quien se encontraba en Long Island cuando escuchó la noticia de los atentados y llegó a Manhattan antes de caer la segunda de la Torres Gemelas, es una de las muchas personas que trabajó en las labores de rescate o perdió compañeros en la tragedia y que hoy asistió al acto.
También estaban Héctor Méndez y Luis Alba, en representación de los topos de México, que estuvieron quince días ayudando a buscar entre los escombros a las víctimas.
Miles de personas, unidas por el dolor y la solidaridad, abarrotaron desde primera hora de la mañana la llamada "zona cero" para asistir a la ceremonia oficial o al menos depositar unas flores en el lugar del siniestro.
La ceremonia tuvo lugar en el gran agujero de casi 6,5 hectáreas que dejó la destrucción del complejo urbanístico que formaba el World Trade Center, convertido ahora en un gran área en reconstrucción.
Grandes altavoces colocados en las inmediaciones permitieron a miles de personas de todas nacionalidades, edades y grupos étnicos seguir el acto, ya que el acceso a la "zona cero" estaba sólo permitida a familiares y personalidades.
Muchos de los asistentes llevaban fotografías de empleados de las torres, bomberos y policías que perdieron la vida en el siniestro, algunas de ellas impresas en camisetas.
Numerosos asistentes, una parte de los cuales vestían de negro, intentaban ocultar el dolor tras gafas oscuras, pero en sus rostros se reflejaba el dolor por la pérdida.
La emoción era intensa entre asistentes y participantes, hasta el punto de que una de las adolescentes que subió al podio para leer los nombres de víctimas mortales tuvo grandes dificultades en cumplir su misión por el llanto.
La solemnidad fue la nota dominante durante la ceremonia, a la que algunas personas acudieron con pancartas para exigir que se "preserve la tierra sagrada", es decir que la base de roca en la que se asentaban los dos rascacielos y otros edificios quede al margen de la reedificación.
Sin poder ver lo que ocurría en el podio, muchos asistentes permanecieron varias horas en la periferia de la "zona cero" para seguir, cabizbajos y respetuosos, el acto a través del sistema de megafonía.
Algunos manifestaban admiración por los arreglos florales de los típicos "silleteros" de Medellín, que anoche recorrieron las calles de Nueva York cargados de flores hasta quedar instalados en el área como tributo a los colombianos que perdieron la vida en los atentados.
Muchos asistentes portaban banderas de Estados Unidos, en papel o tela, algunos en la mano, otros colgadas del cuello y en algún caso a modo de capa, que arropaba el cuerpo.
Una gran pancarta que decía "Nunca olvidaremos" colgaba de la Iglesia de la Trinidad, que se usó como base para dar asistencia a las familias hace dos años.
La actividad en Nueva York se desarrollaba con aparente normalidad, pero muchos ciudadanos han tomado unos minutos para orar en las iglesias, colocar flores en cuarteles de bomberos o acompañar algunos momentos a familiares y amigos de las víctimas.
Las iglesias de la ciudad se unieron en un toque de campanas y en muchos lugares se guardó un minuto de silencio en memoria de las 2.792 personas fallecidas en el World Trade Center coincidiendo con la hora exacta en que dos aviones chocaron contra las Torres Gemelas y los dos edificios se desplomaron.