BANDERAZO DE SALIDA.- Diana Kennedy acaba de regresar a México después de un exilio de varios años en Nueva York. Ella ama entrañablemente a México donde vivió más de seis años con su esposo Paul, corresponsal del “The New York Times”. La pareja viajó después a Puerto Rico y un año después Paul murió y Diana se encontró sola y sin nada qué hacer... Ellos habían hecho buenas amistades en nuestro país y en otros lugares, y un amigo muy querido de Nueva York, el famoso chef y autor de varios libros de cocina Craig Claiborne le escribió una carta a Diana en la que le decía: “Ahora es tiempo de que escribas el libro de cocina mexicana que tanto has deseado. Hazlo y te prometo un prólogo y enviarlo a mi editor”... Diana decidió seguir el consejo de su amigo y escribió un libro maravilloso. Lo tituló “Las cocinas de México”, y es algo de lo mejor que se ha escrito sobre la rica y variada cocina de nuestro país.
CURVA PELIGROSA.- Diana tituló así su libro porque dice que no se puede hablar de una sola cocina mexicana. Hay por lo menos una docena distinta según sean del norte, el sur, la costa, la zona central, etcétera, cada una con un centenar de platillos propios y deliciosos... Diana acompañó a su esposo en las misiones periodísticas que él desempeñó por todo México. En algunos lugares vivieron dos y tres meses, y en otros sólo un par de semanas, pero en todos esos sitios Diana fue una investigadora tenaz de todo lo relacionado con la cocina de esos lugares... En su libro habla de las mujeres mexicanas que trabajaron como cocineras en su casa, procedentes de distintas regiones del país, y cómo cada una le enseñó a preparar sus platillos originales. Además, Diana solía reunirse con otras amas de casa, mexicanas norteamericanas, para aprender más sobre la comida mexicana.
RECTA FINAL.- Cuando terminó su libro, de casi 400 páginas, con magníficas fotografías, dibujos, anécdotas y recetas, se lo envió a su amigo Claiborne y éste lo recibió con gran entusiasmo: el libro se publicó de inmediato y el propio Claiborne escribió un preámbulo sugestivo... Poco después de terminar el libro, Diana regresó a Nueva York y dice que la comida norteamericana ya no tenía sabor para ella, y que deseaba volver a comer aquellas cosas ricas que había comido en México, y recorría las tiendas de Nueva York buscando productos mexicanos para hacer sus platillos, pero nunca pudo igualar el sabor y el color de la comida... Cuenta que algunos de sus vecinos en el edificio de apartamentos donde vivía creían que estaba loca porque compró carne, la cortó en tiras y la sacó a la terraza para asolearla, después de haberla salado bien, para hacer cecina o tasajo.
META.- El libro de Diana también habla de la influencia indígena que hay en muchos guisos de las distintas cocinas mexicanas, especialmente de las de Yucatán y el norte del país... Ella rindió tributo a todas las mujeres mexicanas que la ayudaron, y ahora desde su casa en Cuernavaca escribe otro nuevo libro en que hablará de sus viajes y recuerdos de todo México. Ella conoció a muchas personas cuando visitó lugares poco conocidos. Allí recogió impresiones y aprendió guisos que pocos mexicanos conocen. Mientras termina este libro, contempla los cuatro más que ya escribió, todos sobre la cocina, las costumbres y los usos del mexicano. Ella ama realmente a México y en especial a sus cocinas, y ahora quiere volver a viajar por los pueblos remotos donde ya estuvo... Diana Kennedy es ciertamente una mujer extraordinaria.