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Amigo Sembrador

Vuelvo los ojos y vislumbro allá, en lontananza, distante en tiempo cuarenta y ocho años, el momento de mi llegada a esta ciudad y en todo ese tiempo transcurrido ¡cómo se ha transformado Torreón en todos sus aspectos! De sus límites perimetrales estrechos, al paso de los años se han extendido en forma sorprendente. Como punto de referencia traeré a colación, que sólo existía un Campestre, allende el río, con un campo de golf de nueve hoyos. Hoy, con el ya dicho, son cuatro los clubes campestre ubicados en la comarca.

Bueno, pero ¿a qué vienen a cuento los campos de golf si jamás he practicado ese deporte? Pues porque la sesión comida que tuvimos el pasado jueves siete, fue organizado precisamente en uno de ellos al oriente sur de la ciudad, en el que nos sentimos apantallados ante la magnificencia de sus instalaciones y francamente se siente orgullo que nuestra ciudad haya alcanzado ese nivel en todos los aspectos, aunque en nuestro cotidiano deambular no nos percatemos de ello.

El comité de recepción, como es costumbre, estuvo a cargo de los propios anfitriones: Paco y Toño Dávila, Armando Martínez, Jorge Rosas y Gabriel Kort, quienes atendieron con gentileza a las cincuenta y un personas que asistimos.

El círculo de amigos de mi mesa estuvo integrado por Edelmiro Morales, Chuy Martínez, Zeferino Lugo, Aristeo Cantú, Pepe Villarreal, Salomón Juan Marcos y Salvador Álvarez y el que esto escribe.

De sobremesa, a insistencia mía, porque ya tenía conocimiento del hecho por una nota de Yeye Romo, don Salvador estuvo platicando sobre el homenaje que los Charros de Nopala, Hgo. le rindieron a iniciativa del señor Javier García Sánchez, ex presidente de la Asociación Nacional de Charros.

En los días del ocho al 11 de julio, como parte del homenaje, se tuvo el encuentro de tres generación, abuelos, padres e hijos, en el que participaron en todas las suertes charras las categorías de juvenil, charros y charros mayores. Fueron cuatro días de intensas emociones para él, su hijo Rafael, su nuera y sus nietos, en que cumpliendo con la máxima de Ana María Rabaté “En vida, hermano en vida” se hizo un reconocimiento muy merecido a la trayectoria deportiva y social de Salvador Álvarez Díaz.

Muy diligentes, Luis Amarante, Jorge Pérez y Chuy Campos, los tres coordinadores de la Convención 2004, que ya iniciaron la tarea de recabar los fondos de ahorro de cada socio, que le permita reunir en un año el importe para pagar transporte, comidas y hospedaje ya sea en Europa o en Uruapan.

Un emocionado adiós con el más profundo sentimiento a Ramón Felipe Ávila Sánchez, quien partió por los senderos arcanos del silencio y para Ramón, Fernando y demás familiares, un abrazo solidario en su pena.

Dice don Emilio Herrera: “¡A cuántos que quise he sobrevivido! Ya casi ni lo sé, pero, yo he muerto. Eso sí que lo sé porque es muy cierto, que algo en mí, también, se ha ido”.

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