Toronto (Canadá), (EFE).- Si todo discurre como está planificado, en unos pocos años el método más eficaz para eliminar los millones de minas anti-personal esparcidas en decenas de países será la clorofila.
Un equipo de investigadores norteamericanos, encabezado por el profesor canadiense Michael Deyholos -doctor en biología molecular de la Universidad de Alberta-, ha iniciado la investigación para crear plantas modificadas genéticamente para que detecten las minas ocultas bajo tierra.
La idea es relativamente sencilla y se le ocurrió a Anthony Faust, un investigador del Departamento de Defensa canadiense, viendo en la televisión un programa sobre proyectos para vegetar Marte.
La inmensa mayoría de minas anti-personal enterradas contienen trinitrotolueno (TNT) y otros componentes químicos que con el tiempo se filtran en el terreno que las rodean.
"Las plantas estarían modificadas genéticamente para que sus raíces detecten TNT. Cuando eso ocurra la planta cambiaría de color o forma, avisando de la existencia de minas en sus proximidades", explicó Deyholos.
Charlie Avendaño, integrante de la organización Mines Action Canada que forma parte de la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Anti-personal, considera que este tipo de investigación puede ser una herramienta muy útil en la erradicación de este tipo de armamento.
"El año pasado, 26.000 personas en todo el mundo resultaron muertas o heridas a consecuencia de minas antipersonal. Para este año se estima que el número se situará entre 15.000 y 20.000 personas, principalmente en países como Afganistán, Chechenia, Camboya, Colombia, Irak...", añadió Avendaño.
Desde la firma en septiembre de 1997 en Ottawa del tratado para prohibir el uso, almacenaje, producción y transferencia de minas antipersonal, 150 países han ratificado, aprobado o firmado el tratado.
"Sólo 44 países, entre ellos EU, Cuba, Rusia y China no lo han hecho. Pero el progreso ha sido enorme. Prácticamente no hay ventas de minas. Se han destruido 50 millones de minas desde 1997; 10 millones en el 2003. Por ejemplo, la semana pasada Argentina terminó con la destrucción de todas sus reservas", explica Avendaño.
Pero la devastación que estas armas causan incluso años después de haber sido abandonadas sigue siendo una tragedia humana y económica para muchos países en desarrollo.
Según la ONU, en el mundo hay más de 110 millones de minas enterradas y sólo en Angola, 70.000 personas han sufrido la amputación de extremidades.
Aunque Avendaño considera que la investigación emprendida por Deyholos -en colaboración con los ejércitos canadiense y estadounidense y con un coste de 135.000 dólares durante los próximos dos años- es importante para paliar el panorama, admite que no es "una solución mágica" para esta crisis.
"El mayor problema es la limpieza de los campos de minas, para lo que se necesita la utilización de individuos. Además, en el caso de la investigación de Deyholos, hay otras consideraciones, como cuestiones medioambientales, los tipos de terrenos en los que las plantas crecerían, etc".
Deyholos reconoce que su trabajo no acaba nada más que empezar y que el primer prototipo de una planta modificada genéticamente para detectar minas puede tardar en ser realidad cinco años.
"Se nos entregó la financiación del proyecto -proporcionada por el Departamento de Defensa canadiense- el mes pasado. Nuestro siguiente paso será encontrar un receptor que pueda detectar el TNT en el terreno", indicó Deyholos.
El investigador canadiense señala que existen bacterias y otros organismos que pueden detectar concentraciones de TNT.
El desafío para Deyholos es extraer el gen que lo permite y añadirlo a las raíces de arabidopsis, una planta de la misma familia que la colza y que ha sido elegida para esta fase del proyecto.
"Cuando el TNT se una en la raíz al receptor que el gen produce, se generarán una serie de señales que provocaran que la planta cambie de color o que las flores transformen su forma", explicó Deyholos.
La modificación genética de plantas no es la única idea insólita para detectar minas.
"El año pasado, una ONG empezó a investigar la utilización de ratas africanas para detectar minas aprovechando su extraordinario sentido del olfato", indicó Avendaño para ilustrar la imaginación a la que recurren los grupos que buscan una solución a las minas antipersonal.