Reuters
BAGDAD, IRAQ.- Estados Unidos se comprometió ayer a construir un nuevo Iraq, pero enfrentaba crecientes retos con tensiones étnicas en el norte del país y una protesta antiestadounidense en la capital.
El general retirado Jay Garner, designado como administrador estadounidense para Iraq, llegó ayer a Bagdad con el propósito de comenzar la enorme tarea de reconstruir el país, tras la devastación causada por la guerra para derrocar al presidente Saddam Hussein.
Garner llegó desde Kuwait para evaluar las necesidades de la destrozada capital, mientras aumentaba la presión de países vecinos y de Europa para que Washington permita que las Naciones Unidas participen en la reconstrucción de Iraq.
Pero mientras visitaba un hospital y una planta de energía, uno 2,000 musulmanes shiítas protagonizaron una protesta antiestadounidense, acusando a las tropas norteamericanas de arrestar a uno de sus líderes, Muhammad al-Fartusi. Funcionarios militares estadounidenses dijeron que no sabían del arresto, pero que estaban investigando.
“No, no al colonialismo”, coreaban los manifestantes que participaron en la protesta a las afueras del Hotel Palestina, donde tienen su base algunas unidades militares estadounidenses.
En la norteña ciudad de Kirkuk, algunas familias árabes denunciaron que se les había ordenado abandonar sus casas después que kurdos armados se adjudicaron las propiedades y buscaban venganza por las atrocidades cometidas durante el gobierno de Hussein.
Decenas de hombres y mujeres árabes se congregaron a las afueras del edificio administrativo en el centro de la norteña ciudad de 700,000 habitantes, rica en petróleo, para protestar por los saqueos y las amenazas de parte de los kurdos.
En Moscú, un funcionario de alto rango del Ministerio de Relaciones Exteriores dijo que Rusia insistiría en que los inspectores de armas de la ONU declaren a Iraq libre de armas de exterminio antes de que sean levantadas las sanciones contra ese país.
Washington está intentando conseguir que se eliminen rápidamente las sanciones impuestas hace 12 años, pero Rusia, Francia y otros países temen que una vez que desaparezcan la ONU no tenga más influencia sobre el futuro de Iraq.
Estados Unidos no obtuvo la aprobación del Consejo de Seguridad a la guerra, y ha dejado en claro que cree que su victoria le da derecho a dominar la construcción del nuevo Iraq.
Hospital saqueado
Garner, quien preside la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia Humanitaria, comenzó su gira de cuatro días con una visita al hospital Yarmuk, en Bagdad, que fue saqueado tras la invasión estadounidense de Bagdad.
Zayed Abdul Karim, director del hospital, condujo a Garner por corredores oscuros y polvorientos cubiertos de cristales rotos y le mostró los pabellones que los saqueadores dejaron desnudos, excepto por las camas.
El hospital estuvo sin electricidad durante dos semanas, ya que el servicio de energía fue interrumpido durante un bombardeo aéreo estadounidense.
La electricidad regresó en algunas partes del este de Bagdad el domingo por la noche, horas antes de la llegada de Garner.
El general retirado indicó que su prioridad era restaurar los servicios básicos como el agua y la electricidad “lo más pronto posible”. A la pregunta de cuál era su principal reto, afirmó que “todo es un reto”.
Garner destacó que su misión es terminar su trabajo y marcharse lo antes posible.
“Lo que necesitamos hacer a partir de hoy es dar origen a un nuevo sistema en Iraq. Debemos comenzar por trabajar juntos, pero es difícil trabajar y toma tiempo. Los ayudaremos el tiempo que ustedes quieran”, dijo.
Algunos médicos en el hospital son escépticos acerca de las intenciones de Estados Unidos. “Quiero llorar porque ésas son sólo palabras”, dijo una doctora que se identificó como Iman tras escuchar a Garner.
“Saddam Hussein era un gobernante injusto, pero quizás un día podríamos habernos desecho de él, y no que unos extranjeros vinieran a nuestro país”, agregó.