28 octubre 2003
WASHINGTON, (Reuters).- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, responsabilizó el martes, en parte, a "terroristas extranjeros" por la ola de violencia en el Iraq de la posguerra y dijo que esperaba que Siria e Irán impongan controles fronterizos para impedir la infiltración de militantes.
Bush prometió que Estados Unidos no "se amedrentaría ante las dificultades" y dijo que los que se encuentran detrás de los ataques suicidas tenían "la misma mentalidad" que los que realizaron los ataques del 11 de septiembre del 2001 contra objetivos en Washington y Nueva York.
"Vigilamos al enemigo constantemente y hacemos ajustes", dijo Bush en una conferencia de prensa en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca con motivo del ataque sangriento del lunes en el que murieron 35 personas.
Otro atacante suicida se inmoló el martes y al menos nueve personas perdieron la vida en Iraq. "No nos iremos" de Iraq, agregó Bush.
Oficiales del ejército estadounidense dijeron que hay señales de que combatientes extranjeros estuvieron detrás de los ataques del lunes. Sin embargo, proporcionaron poca evidencia concreta.
Sin embargo, al menos, un comandante de alto rango minimizó el papel de los extranjeros en la resistencia iraquí, aunque un atacante capturado el lunes portaba un pasaporte sirio.
"Los baathistas tratan de crear caos y temor porque comprenden que un Iraq libre les negará los privilegios excesivos que tenían con Saddam Hussein", dijo Bush.
"Los terroristas extranjeros están tratando de crear condiciones de temor porque ellos temen a un estado libre y pacífico en medio de una parte del mundo donde el terror ha encontrado reclutas. Esa libertad es exactamente lo que los terroristas temen más", agregó.
Bush dijo que Estados Unidos estaba "trabajando estrechamente" con Irán y Siria y añadió: "Esperamos que refuercen las fronteras, que impidan que la gente cruce la frontera si, en verdad, los sorprendemos haciendo eso".
Bush manifestó que las fuerzas de coalición estaban también incrementando los esfuerzos de control fronterizo. Bush ha visto caer su popularidad debido a la violencia de la posguerra en Iraq, así como a los altos costos de la ocupación y al fracaso en hallar armas de exterminio. Las guerrillas han matado a 113 soldados estadounidenses desde que Bush declaró el 1 de mayo el cese del combate principal en Iraq.
Un nuevo sondeo de CNN/USA Today/Gallup muestra una aprobación del 53 por ciento para la gestión presidencial de Bush. Un 42 por ciento lo desaprueba. En una comparación hipotética con un demócrata no identificado, el 46 por ciento votaría por el presidente y un 43 por ciento por su rival.