La decisión del Presidente de la República en el sentido de acatar la recomendación del Instituto Federal Electoral y suspender la publicidad en la que convocaba a la emisión del voto es positiva. Con lo anterior se da por terminada una controversia entre el Presidente y la oposición, que veía en esa campaña intenciones de favorecer al partido político al cual pertenece el titular del Ejecutivo.
La diferencia suscitada obedece a un vacío de la ley sobre el particular, lo que a fin de cuentas se tradujo en un motivo más para “jugar a las vencidas”, en los términos en que suelen hacerlo las fuerzas políticas nacionales en estos tiempos. El desenlace empero es acorde al ambiente de civilidad que se pretende construir, porque evitó una controversia constitucional de discutible procedencia pero de seguro desgaste.
Lo lamentable de este tipo de reyertas, es que enrarecen el ambiente sin que se busque otro propósito que el de golpear al adversario y sin que de ello se siga un objetivo constructivo para el país. Por ello es pertinente buscar el saldo positivo que pueda dejar cada experiencia y en el presente caso, apunta al establecimiento de una distancia más clara entre las funciones de gobierno y la militancia de partido.
Lo anterior contrasta con el pasado reciente de la Presidencia Imperial, en el que al Poder Ejecutivo no se le podía hacer la mínima observación en contraste con el “destape” actual que todo lo cuestiona. Las posibilidades de llegar a un equilibrio y justo medio, está en la capacidad de acuerdo de los protagonistas de nuestra vida pública y en la voluntad para ceder todos un poco, en aras del entendimiento general.