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Día de Acción de Gracias

Mussy Urow

Con los Estados Unidos compartimos muchas cosas, empezando por la frontera. Históricamente nos unen y separan hechos, fechas, eventos, invasiones, declaraciones desafortunadas, guerras, tratados. La relación entre ambas naciones es de tal complejidad que parecería la de un matrimonio a la fuerza que a ratos se odia y a ratos se desea.

El ex embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow acaba de presentar un libro de memorias de sus años como diplomático en nuestro país (1998 - 2002). Su libro, “El oso y el puerco espín” es la última metáfora para retratar la relación bilateral: el oso representa a Estados Unidos: “poderoso, arrogante, insensible e indiferente y el puerco espín (México) con la hipersensibilidad que caracteriza a las naciones orgullosas que erizan sus púas nacionalistas contra cualquier supuesta agresión externa”.

Una de las situaciones más complejas en esta relación ha sido la de los inmigrantes ilegales. Si Estados Unidos representa el paradigma de libertad y bienestar para tantos pueblos y culturas diversas, ¿cómo no serlo para los más inmediatos vecinos? Y además, está de por medio la nada despreciable aportación en divisas que los mexicanos asentados allá –legal o ilegalmente- envían a nuestro país. Este es un hecho incontrovertible, los números no mienten; de modo que es una situación que políticamente se controla y en lo diplomático se guardan apariencias, por la sencilla razón de que es necesaria para ambas partes.

Y mientras esto ocurre en la superficie y se ventila abiertamente, entre ambas naciones se ha ido produciendo una invasión simultánea y paralela, un intercambio silencioso aceptado por ambas sociedades.

Los mexicanos somos muy nacionalistas pero de allá copiamos todo lo que se puede copiar: música, comida rápida, tecnología, drogas; nos hemos hecho tan consumistas como ellos. Nos gusta creer que por la influencia de todo lo anterior se están perdiendo valores tradicionales de México pero somos los primeros en adoptar y asimilar estilos, modas y novedades.

Por el otro lado, nuestra invasión o “reconquista territorial” como dicen algunos, la encabeza la comida mexicana, desde las tortillas en todas sus versiones y derivaciones, a la salsa, guacamole, fajitas y últimamente, el tequila y la cerveza.

En esta invasión simultánea y paralela México va perdiendo porque el intercambio no se está dando en igualdad de condiciones y circunstancias. Como ejemplo pongamos algunas celebraciones tradicionales: Halloween le lleva ventaja al Día de Muertos, por más altares que intentamos poner. En los grandes almacenes y supermercados, el árbol de Navidad y las multicolores esferitas y adornos que le acompañan se lleva de calle a los Nacimientos, al igual que Santa Clos a los Reyes Magos. Es duro admitirlo, pero es una realidad. Allá en cambio han adoptado el “Cinco de Mayo” en un festejo que francamente cuesta trabajo entender y la fiesta no se limita a las ciudades con importante población mexicana sino que hasta en la mismísima Casa Blanca se celebra con mariachis y jarabes.

La sociedad norteamericana se define con una metáfora metalúrgica: es un “melting-pot”, crisol de muchas culturas; todos los habitantes del planeta le han aportado costumbres y tradiciones. Hombres y mujeres de todo el mundo, en busca de mejores condiciones de vida, abandonan sus lugares de origen, no importa qué tan lejos estén, en su afán por alcanzar el “sueño americano”; utilizan todos los medios imaginables de transporte, soportan toda clase de penurias y llegan desde todos los confines de la Tierra: Asia, África, Europa y América.

¿Qué logra unir a tanta diversidad? ¿Qué aglutina a una sociedad conformada por tantas etnias diferentes? Obviamente que el deseo común de vivir con dignidad, de tener oportunidades. Lo que les sirve de cohesión son una serie de ideas vigentes, expresadas en la constitución norteamericana y que han sido el imán para que tantos quieran emigrar hacia los Estados Unidos. Y a pesar de las dificultades, los que logran quedarse no se regresan y tal vez hasta la segunda o tercera generación, algunos hacen realidad el “sueño americano”.

Curiosamente, una de las costumbres más bellas y de mayor arraigo en el pueblo norteamericano es la celebración del Día de Gracias. Ésta se origina por iniciativa de los primeros inmigrantes, aquel grupo conocido como “Los peregrinos”, que arribaron a la colonia de Virginia, en Massachussets, en 1620. Aunque originalmente tuvo una connotación religiosa, hoy es una fiesta nacional, adoptada por todos los norteamericanos, independientemente de su origen, procedencia, religión o raza. Todos festejan en familia el Día de Gracias porque además, esta es otra característica: la celebración es familiar. Los aeropuertos están más saturados en la víspera de esta fiesta que en Navidad o en cualquier otra fecha. ¿Por qué no hemos copiado esta tradición?

Volviendo a la descripción que hace el ex embajador Davidow de la relación bilateral entre los dos países, podemos argumentar justificadamente que la actitud de puerco espín de México tiene un fundamento histórico y éste se resume en el conocido refrán: “El que se quema con leche, hasta al jocoque le sopla”.

Sin embargo, es innegable que la actitud hipersensible de México no ha impedido la adopción de costumbres negativas y adicciones consumistas, dejando fuera la de Acción de Gracias, que bien mirada, resulta positiva.

¿Será que no tenemos por qué dar gracias? La verdad es que a los mexicanos nos sobran razones para estar agradecidos: la más importante tal vez, es nuestra inagotable capacidad para hacer frente día con día a la adversidad con fe y determinación, conservando intacta nuestra esperanza de que algún día mejorarán las cosas y habrá justicia social y bienestar para todos.

Tal vez también deberíamos de estarles agradecidos a todos esos valientes mexicanos que se han atrevido a cruzar la frontera para que nosotros, los que seguimos de este lado en territorio nacional, nos alcancen a duras penas los trabajos disponibles y no seamos tantos que se les ocurra a algunos iniciar una revuelta.

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