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Días grises

Federico Reyes Heroles

?...las verdades oficiales, que no siempre son mentiras, a fuerza de ser verdad acaban por parecer sospechosas? Francoise Miterrand ¿Qué podemos exigirle a Vicente Fox en este Tercer Informe? ¿Qué debemos señalarle por bien del país? ¿Hasta dónde llega su responsabilidad y dónde comienza la imposición de los tiempos que le tocó vivir? Hace 16 años que Porfirio Muñoz Ledo rompió el ritual presidencialista. Seis legislaturas han cruzado por San Lázaro, alrededor de tres mil representantes, incluido Vicente Fox y los mexicanos no hemos encontrado una nueva fórmula respetuosa de los poderes. El panismo, que tanto criticó la ceremonia, desde el Gobierno no ha logrado ese pequeño acuerdo. Si no sirve de nada, ¿por qué tolerar la ceremonia? O quizá, a pesar de todos sus inconvenientes, el informe es útil.

Es útil porque obliga al Ejecutivo a un corte de caja, público. Es útil porque la palabra escrita desnuda las trampas retóricas, ancla las cifras y los datos, exhibe los actos demagógicos. Incluso el estilo delata: las infinitas y autocomplacientes horas de Echeverría, los manotazos de López Portillo, etc., etc., son parte de la historia nacional. Pero el informe también ha desnudado una falta de equilibrio en los juicios públicos. No queremos espectáculos con fuegos de artificio retórico y demagogia, pero también criticamos a De la Madrid y Zedillo por fríos y desapasionados. ¿Por fin? Cuando los informes están cargados de cifras decepcionan, cuando no están allí las cifras, nos decimos engañados. La manipulación de los números desde la más alta tribuna del país ha convertido a México en un país de escépticos. Esa es una de las grandes deformaciones y tragedias del Informe. Pero el acto en sí es necesario.

¿Por qué el rechazo al informe? De entrada es notable que no podamos ponernos de acuerdo en, por decir algo, 100 cifras centrales para entender el estado que guarda la administración. Lentamente se empiezan a perfilar algunas, pero son más bien producto de las presiones de la era global que de un acto de voluntad política.

Reservas; inflación; crecimiento; inversión directa; ahorro interno; recaudación en proporción al PIB; ingreso per cápita, con todos sus bemoles; desempleo abierto; número de plazas laborales vigentes; eficiencia terminal en primaria, secundaria, educación media superior; número de plazas ofrecidas; cobertura del sistema de salud; deforestación en miles de hectáreas; reservas petroleras, etc., etc.

Esas cien cifras centrales permitirían un balance mucho más ponderado de en qué áreas ha habido avances y cuáles no. Esas cien cifras no deberían estar sujetas a discusión, son hechos que deben ayudar a que la opinión pública centre su juicio. Sinaloa nos lleva ventaja pues próximamente se creará un instituto de evaluación de la gestión pública. Tenemos sin embargo una institución que podría administrarlas con credibilidad e independencia, el INEGI, y sin embargo pasan los años, las décadas y los mexicanos siguen dudando de todo, todo el tiempo. No puede ser. Y no les hace falta razón. El número de miserables es manejado sistemáticamente dependiendo de los tiempos electorales y este año -con todo y la flamante y seria metodología planteada por Sedesol- no fue la excepción. Sabemos que la tasa de desempleo medida con un mínimo de horas por semana trabajadas, siendo consistente consigo misma, no es verdaderamente comparable con lo que ocurre en otras latitudes. Ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo sobre qué debe ser considerado dentro del déficit, por ejemplo de Pidregas y pensiones, ¿sí o no?

Por eso el informe presidencial se convierte en algo tan tortuoso porque el titular del Ejecutivo tiene que defender sus verdades, sus interpretaciones de los datos, interpretaciones siempre cambiantes y aleatorias. Si la cobertura en secundaria aumentó y la tasa de deserción bajó pues hay buenas noticias, así no les guste a los opositores. De hecho los mexicanos estamos atrapados en una guerra sin cuartel entre los gobiernos locales y el federal que siempre exageran sus logros y disminuyen, empequeñecen los problemas, los opositores, del bando que sea, que hacen exactamente lo contrario, y los medios que, al coquetear siempre con el rating o el mercado, caen en una loca carrera en la cual las buenas noticias no son noticia. Así llegamos de nuevo al Tercer Informe.

Un presidente acosado, así se mira Vicente Fox. Acosado por una economía que no termina por arrancar después de haber reposado en espera de que nuestro vecino del norte reviviera. Acosado por un pésimo manejo de su imagen pública que lo lleva, a él y a su esposa, a un desgaste prematuro e inútil frente a los medios. Acosado por un número creciente de escándalos que quizá no sean más que en el pasado, pero que han recibido un tratamiento sin la severidad que se esperaba. Acosado por la ineficacia política, por el error de haber apostado todo a la desaparición del PRI y ahora tener que admitir, en mal tono, la fuerza de sus opositores. Acosado por una sucesión presidencial indebidamente adelantada que le merma poder. Acosado por una fama de debilidad y falta de mando que lo único que hace es agravar el problema. Acosado por el desmoronamiento de muchos de sus proyectos que simplemente eran inconsistentes. ¿De verdad Vicente Fox va a iniciar su cuarto año defendiendo los ?changarros? como estrategia económica?

Acosado también por que el diálogo con el sector privado no está funcionando y porque muchos de los que fueron sus aliados hoy miran con preocupación el desdén y la falta de seriedad en la conducción nacional. Acosado porque el presidente no cuenta con un equipo capaz que deje la vida por él, por su gestión. Acosado porque la extraña relación con su partido político pareciera un acto suicida en cualquier otro gobernante. Acosado porque la relación con su ?amigo? Bush está quebrada y se siente. Acosado porque los grandes temas de inicio, acuerdo migratorio, corrupción, crecimiento, derechos humanos, parecieran desvanecerse.

Pero todo este ruido no debe llevarnos a la fácil condena en paquete. Hay logros en educación, -el INEE entre ellos- hay logros en la lucha contra la corrupción, como la Ley de Acceso a la Información Pública, y otras áreas, logros que deberemos aquilatar, aunque la gestión no sepa venderlos y con su anecdotario se opaque a sí misma. Cosecha lo que sembró: afrentas inútiles y espectáculo frívolo. Puede corregir. Le quedan tres años. A diferencia de otros casos hoy vive días grises. Aún así, la verdad pocas veces está en los extremos. Habrá que esperar.

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