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Miguel Ángel Granados Chapa

Aunque sólo hoy se realizan los cómputos distritales que formalizan los resultados de la elección legislativa federal del domingo, los preliminares transmitidos por el IFE desde la noche del seis de julio y hasta el atardecer del día de San Fermín permiten iniciar un examen de la distribución del Poder Legislativo. Las cifras definitivas serán algo diferentes de las que utilizamos ahora, pero no variará el sentido general de nuestras reflexiones. Para mejor evaluar la elección la comparamos con la de 1997, la única otra intermedia cuya estadística es confiable. El manejo gubernamental de las elecciones, apenas matizado en 1994 con una nueva legislación y la integración al IFE de seis consejeros ciudadanos, impide reconocer valor pleno a las cifras de los comicios previos a esa fecha. En la triste hora de la derrota panista, la que le ha significado perder medio centenar o más de curules, será de gran utilidad al PAN tener presente la fidelidad de su electorado. Acción Nacional es el único partido que mantiene el mismo nivel, en números absolutos, después de seis años, aunque haya disminuido en términos relativos porque el padrón creció considerablemente de 1997 a 2003. El hecho es que hace un sexenio el panismo se compuso de 7’ 697, 117 votos (26.61 por ciento del total) y el domingo pasado de un poco más: 7’ 842,862 (30.64 por ciento). Y la diferencia será un poco mayor cuando se formalicen los números.

El PRI, en cambio, no obstante su alianza en 93 distritos con el Partido Verde (y en la lógica de toda coalición está el incremento de los sufragios) perdió casi dos millones de votos: en 1997 recibió 11’ 311, 963 (39.11 por ciento), y hace tres días sufragaron en su favor, directamente, 5’ 900,404 y en la alianza tetracolor 3’ 434, 440, es decir un total de 9’ 334,844 ciudadanos (36.47 por ciento).

Pero la caída del PRD fue aun más pronunciada, tanto en términos absolutos como en relativos: casi tres millones de personas y ocho puntos menos. En 1997 votaron por el partido del sol azteca 7’ 436, 400 ciudadanos (25.71 por ciento) y ahora 4’ 520,598 (17.66 por ciento del total).

Con todo, esos tres partidos son los dominantes, con mucho, de la escena política nacional. De entre sus acompañantes en la próxima legislatura sólo cabe mencionar para efectos comparativos sólo al Partido Verde y al del Trabajo y no a Convergencia, que apenas debutó hace tres años (y ahora tiene 581,683 votos (2.27 por ciento). En 1997 el PVEM llegó a 1’ 105, 922 votos (3.82 por ciento) y ahora en los 203 distritos en que fue a solas logró casi exactamente la misma cantidad: 1’ 016,335 (3.97 del total, que subirá al cinco por ciento por efecto del pacto con el PRI). El PT padeció también un descenso, pues de los 749,231 votos de 1997 (2.59 por ciento) pasó el domingo a 614,851 (2.40 por ciento del total).

Los cinco partidos que ahora perdieron su registro, no entran en la comparación pues nacieron después de 1997. Lograron el domingo una votación tan magra que juntos no suman la cantidad de votos anulados.

El de mejor fortuna (por la cual conservará su inscripción en el DF y tendrá una solitaria diputada local en la Asamblea Legislativa) fue México Posible, que con sus 231,760 votos no llegó siquiera a un punto porcentual (se quedó en 0.91 por ciento).

En orden descendente siguieron: Alianza Social, con 180,121 (0.70 por ciento); Fuerza Ciudadana: 119, 660 (0.47 por ciento); Liberal Mexicano: 103,867 (0.41 por ciento) y Sociedad Nacionalista: 69,632 (0.27 por ciento). Es buena noticia, digámoslo de paso, que el IFE apele al procedimiento económico coactivo que puede ejercer la Tesorería de la Federación para que este partido de la familia Riojas cubra la multa de 140 millones de pesos que, de conservar su registro, se le descontaría a plazos, recortadas sus ministraciones oficiales, pero que hay que cobrar de otro modo ante su desaparición formal. Importa reparar en la cantidad de votos nulos, cercana a un millón: 957,610 este domingo, levemente mayor que los 844, 762 habidos hace seis años. En las actas no se especifica el motivo de la anulación, por lo que sólo podemos establecer una conjetura: un número significativo de esos sufragios inválidos es una forma de abstención, que no se limita a permanecer lejos de las urnas, pero no se suma a la construcción de los consensos, que en eso consiste también la función de votar, útil no sólo para la designación de representantes y gobernantes. Es importante establecer similitudes entre el momento político de 1997, cuando ya hartaba a la sociedad el modo de gobernar del PRI y el momento político de hoy, en que no sólo el voto a partidos diversos del PAN, sino también la abstención pasiva y la activa, la que anula deliberadamente la papeleta, manifiesta desacuerdo con la política en general y con la del gobierno en particular.

En suma, la anulación de votos, cuando no nace de la impericia o el descuido de los electores, es también una toma de posición. Sólo los partidos mayores obtuvieron triunfos en los distritos: 117 el PRI (más 45 en su coalición con el Verde), 83 el PAN y 55 el PRD. La distribución más amplia corresponde al PRI, que gana distritos prácticamente en todas las entidades (salvo el DF y Baja California y Baja California Sur). Conserva, en cambio, su dominio pleno en sólo dos entidades, Hidalgo, donde ganó las siete curules y Nayarit, donde obtuvo las tres en disputa. El PRD concentra demasiado su votación en el centro de la República.

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