La condición humana es por demás impredecible y más cuando se trata de personajes que gozaron del poder, la fama y la riqueza como es el caso de Saddam Hussein.
Desde su fuga de Bagdad se especuló que el ex dictador habría viajado al extranjero para esconderse de sus enemigos, por cierto variados y muy numerosos.
Trascendió que gracias a su fortuna y sus conexiones internacionales, Hussein saldría de Iraq con rumbo a Siria o Francia para practicarse una cirugía facial y mantener para siempre oculta su personalidad en alguna población europea o asiática.
La realidad fue muy distinta y bastante más cruda, humillante e indigna para un jefe de Gobierno que se preciaba de dirigir al mejor ejército del mundo.
En un hoyo maltrecho de un metro de profundidad y poco más de dos metros de extensión fue encontrado en condiciones deplorables al militar de 66 años que desafió y enfrentó por más de una década al Gobierno y ejército más poderoso del mundo.
Muchos simpatizantes de Hussein sufrieron una terrible decepción al ver las imágenes de un hombre acabado, aparentemente enfermo y desorientado que dócilmente era examinado por un médico norteamericano en busca de piojos e infecciones.
No apareció con su impecable uniforme militar ni tampoco detrás de una celda con su adusto rostro, sino como manso cordero preocupado más por su vida que por defender sus ideales políticos y militares.
La imagen del ex dictador, descubierto en “un agujero de rata” detrás de una humilde vivienda campestre cercana a su ciudad natal Tikrit, causó un fuerte impacto entre sus propios seguidores.
“La escena en donde es revisado por doctores norteamericanos es la más dolorosa desde que sus estatuas fueron destruidas”, dijo el palestino Salah Ahmed en un artículo del Washington Post.
“Yo esperaba un fin más honorable para él, como dispararse a sí mismo”, mencionó el estudiante libanés Salam Berri.
La fama del valiente defensor de los derechos árabes y de la reencarnación del guerrero musulmán Saladin del siglo XII, cayó por los suelos a partir del domingo anterior cuando los videos con la noticia de su arresto dieron la vuelta al mundo.
Tradicionalmente los dictadores no tienen un final feliz. Adolf Hittler se suicidó junto a su esposa Eva Braun en abril 30 de 1945 cuando el ejército soviético entraba a Berlín. Lo mismo hizo su influyente colaborador Joseph Goebbels, quien además de su esposa incluyó en el suicidio masivo a sus seis hijos.
En cambio Benito Mussolini fue arrestado por las fuerzas antifascistas de Italia cuando intentaba huir con su amante Claretta Pettacci en un vuelo a Suiza. Ambos fueron ejecutados y sus cuerpos colgados en la Plaza Loreto de Milán junto a otros fascistas.
En el caso de Hussein sorprende el hecho de seguir en Iraq y no en algún paraíso extranjero. También que fue encontrado con apenas dos ayudantes y en condiciones inexplicables para alguien de su riqueza. En tercer lugar el no haber enfrentado a sus enemigos a pesar de estar armado con una pistola y de contar con dos fusiles AK-47.
Para Estados Unidos y particularmente para el Gobierno de George W. Bush se trata del mayor triunfo internacional en muchos años con todo y que abundarán las protestas por el trato de “animal salvaje” que le fue otorgado al ex presidente iraquí.
A su vez el liderazgo de Hussein entre sus seguidores queda prácticamente extinguido luego de haber sido exhibido como un cobarde y temeroso sujeto, en contraste a su habitual arrogancia como jefe supremo de Iraq.
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