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El sentido de la vida/ Sobrevivió a un campo de concentración Nazi

TORREÓN, COAH.- Cuando piensa en la guerra, la peor imagen que viene a su mente es el humo saliendo de una chimenea, cuando sus padres entraron a la cámara de gases.

Edith Eva Eger tuvo la mala suerte de ser judía en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, motivo que la llevó hasta el campo de concentración de Auschwitz, Polonia, el centro de operación de exterminio más importante de los nazis.

Con el apoyo de sus amigos y con su fuerza interior, logró salir delante de aquella terrible experiencia, y en la actualidad una de sus ocupaciones es hablar acerca de ello, para ayudar a los demás a que encuentren la manera de sobrellevar cualquier situación que se les presente.

Ése es el motivo que la traerá hasta tierras laguneras, este martes para presentar la conferencia El Sin Sentido de la Vida ?Mi Experiencia en Auschwitz-, en el auditorio Santiago A. Garza a las 19:30 horas.

En entrevista vía telefónica desde San Diego, California, la psicóloga especializada en logoterapia compartió su experiencia durante 1944 y 1945.

Edith tenía 16 años y tenía una vida tranquila al lado de sus padres, y su hermana Magda; era una bailarina brillante, disciplina influenciada por su madre, y asistía al gimnasio regularmente, otra de sus pasiones.

?Mi vida antes de la guerra era muy agitada, porque mis padres tenían dos hermosas niñas que eran muy solicitadas por los jóvenes, y ellos nos hablaban mucho acerca de eso. Yo iba al gimnasio y a bailar, y fui seleccionada para representar a mi país (Hungría) en las Olimpiadas de Roma?.

Para ese entonces llegaron los tiempos difíciles, pues su padre tuvo que ayudar en las labores del campo para los alemanes, por lo que cerró su negocio.

Seis semanas después, la maestra del gimnasio llegó hasta Edith para avisarle que no podía asistir más a sus clases. El motivo: su origen judío.

Casi sin que se diera cuenta, ya estaba en uno de los peores sitios que han existido en el mundo, Auschwitz, junto a otros miles de seres humanos que fueron llevados hasta ahí sólo por la religión que predicaban.

Un mal día su madre fue ejecutada en la cámara de gases, luego de que su padre corriera la misma suerte semanas antes. Esa misma noche fue forzada a bailar para El Ángel de la Muerte, como se conocía al doctor Josef Mengele. En ese momento fue cuando decidió luchar por su vida.

El peor recuerdo que guardo es cuando vi que se llevaron a mis padres a la cámara de gases, y luego pude ver el humo saliendo de una de las chimeneas. Perdí a mi familia, sólo mi hermana y yo pudimos sobrevivir?.

Edith recuerda esta triste experiencia, y se nota en el tono de su voz lo difícil que fue para ella ser testigo de esto.

Pero su temperamento fue más fuerte que su dolor, pues se dio cuenta que el poder de la mente es una habilidad que ayuda a salir adelante ante las macabras y bizarras intenciones de algunos seres humanos.

Con el apoyo de otros judíos que estaban en el campo de concentración, los que se convirtieron en sus amigos, aguantó hasta que el ejército norteamericano llegó a otorgarles la libertad, en mayo de 1945.

?El mejor recuerdo de aquellos momentos son mis amigos, ellos me ayudaron y cuidaron; cuando yo me dejaba caer, ellos se convertían en una especie de silla que me sostenía, porque realmente estaba muriendo. Fue muy pero muy importante la cooperación y solidaridad que se dio entre todos nosotros, para salir con vida?, apunta Edith Eva Eger.

Mientras estaba en Auschwitz, ella decidió su propio futuro, no los guardias de seguridad. Estaba muriendo tanto interior como físicamente, y tenía la opción de simplemente dejarse morir o luchar para ser una sobreviviente. Y lo fue.

Mientras que Edith estaba internada en un hospital, recuperándose de las heridas de la guerra, conoció a otro joven sobreviviente, con quien contrajo matrimonio. Un año después dio a luz a una bella niña.

Su nueva y pequeña familia emigró a los Estados Unidos en busca de una vida mejor; trabajó en fábricas en las que enseñaba a la gente a encontrar el sentido de la existencia. Luego regresó a la escuela y años más tarde se convirtió en doctora en psicología.

?Con mi experiencia como base, me hice terapeuta para enseñar a las personas que han perdido a su familia o que han sufrido algún divorcio, o cualquier otra situación, las oportunidades que tienen a su alcance para sobrellevar cualquier circunstancia?.

Edith lleva su testimonio de vida por el mundo, para hablar acerca de ?cómo puedes ser muy fuerte en un campo de concentración y nunca darte por vencido por nada?.

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