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Extremos/Addenda

Germán Froto y Madariaga

Mientras el Concord realizaba su último viaje entre América y Europa, en México se negocia la nueva integración del Instituto Federal Electoral. Mientras en Coahuila se nos alegró el corazón con unas cuantas lluvias, en Chiapas, desde donde esto escribo, hubo comunidades que se inundaron y el agua subió hasta dos metros.

Así son los contrastes de este mundo y este tiempo en que nos ha tocado vivir, pues no obstante los grandes adelantos tecnológicos como los que sirvieron para construir el avión de pasajeros más rápido del mundo (el Concord), el hombre sigue aferrado a sus instintos primarios y a sus muy particulares intereses; prueba de ello es que las principales fuerzas políticas del país que negocian la nueva integración del Consejo General del IFE están buscando la forma de colocar en ese Instituto a aquellos que les garanticen parcialidad.

Sí, así como se lee. Buscan sacan adelante a personas que sean sus voceros ante el órgano más importante en materia electoral, pues sin desconocer la importancia que tiene el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el IFE tiene indiscutible trascendencia en todos los aspectos que se relacionan con la organización de las elecciones federales, así como el Tribunal los tiene en los jurisdiccionales.

El Concord cubría las rutas Nueva York-París y Nueva York-Londres en tan sólo tres horas y en él podían viajar solamente cien personas como máximo en cada vuelo. “Era muy cómodo poder tener en el mismo día una comida de negocios en Nueva York y una cena del mismo tipo en París”, dijo uno de los asiduos viajeros en estilizado avión.

Aerolíneas inglesas y francesas se tuvieron que coordinar hace casi treinta años para construir este avión en el que sólo volaba la elite del mundo.

Fue en su tiempo todo un ejemplo de negociación y una sorprendente coordinación entre ingenieros de ambos países. Pero el avión salió al mercado y alzó su vuelo a pesar de los malos augurios que se formularon en aquella época.

Acá, en cambio, se está batallando para integrar el nuevo Consejo General del IFE no obstante que esta institución ha probado en la práctica las bondades de no ser hasta ahora un órgano en el que se vean reflejados los intereses de los partidos políticos sino los de la sociedad.

Para los que vieron nacer la aviación, constituyó todo un atractivo poder volar aunque fuera sólo una vez en el Concord. Porque de haber viajado en aparatos lentos, ruidosos e incómodos y luego tener la oportunidad de hacerlo en esa aeronave tan rápida, silenciosa y cómoda debe haber significado, para los que lo lograron, todo un triunfo.

Igual debería de ser para los partidos políticos que en los viejos tiempos competían en condiciones inequitativas y ahora los hacen en igualdad de condiciones y lo lógico sería que pugnaran por preservar el nuevo estado de cosas. Pero parece que ahí no impera la misma lógica.

Todos los partidos quisieran tener la preeminencia sobre el IFE cuando lo que deberían de buscar es que prevalezca su independencia al margen de individualidades.

¿Por qué, a quién puede convenirle tener el control de ese organismo si con ello se genera la ingobernabilidad del país?

Bienvenidas las propuestas de consejeros dónde quiera que éstas se originen. Pero a condición de que los partidos no se empeñen en concretarse a un toma y daca, de manera que “si tú me apruebas a éste que propongo, yo te apruebo al que tú propongas”.

Deben establecerse perfiles y partir de ahí para buscar a las personas que encajen en ellos. Lo importante es que se nombre como consejeros a personas que vayan a realizar bien sus tareas y no a individuos de conveniencia.

Tampoco es prudente que se busque que se integren al IFE mujeres por el sólo hecho de serlo o porque así conviene a los partidos. Este organismo debe estar integrado por los mejores hombres y mujeres que a sus objetivos convenga. Eso de que mínimo debe de haber tres mujeres no me parece saludable. Y además, ¿por qué sólo tres? O quizás ninguna. O tal vez puras mujeres si los perfiles que se deben de procurar los encontraran sólo en ese género.

Pero forzar las cosas con el único afán de satisfacer tendencias de género no parece lo más recomendable. Es más ni siquiera tendrían que anunciarlo, pues hay en México muchas mujeres que pueden desempeñar digna y profesionalmente ese papel y sin necesidad de componendas pueden ganarse por sí un lugar en el Instituto.

Alguna vez vi aterrizar el Concord en uno de los aeropuertos de París. Lo hizo con una elegancia y precisión tal que parecía tripulado por los mismísimos ángeles.

No sé por qué, los “aterrizajes” trascendentes de la vida política nacional tienen que ser accidentados. ¿Será por nuestra permanente desconfianza en las instituciones? ¿Será que los años de intolerancia y resistencia nos han vuelto incrédulos y desconfiados?

Algo retorcido hay en las mentes de muchos de nuestros políticos que los lleva a complicar todo aquello que en esencia es sencillo.

Y para colmo, aquellos que actúan con apertura y buscan fundarse en la razón son acusados de estar aliados con los adversarios.

El Concord realizó ayer viernes su último vuelo. Y a pesar de accidentes como aquel de París se retira con una medalla de gran campeón.

La integración del Consejo General del IFE sigue en “vuelo”. Pero esperamos que el “aterrizaje” que habrá de realizar llevando como pilotos a los líderes de las fracciones parlamentarias de la Cámara de Diputados sea suave y majestuoso para que el Instituto se consolide como el gran campeón de la democracia mexicana.

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