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Frívolo Onésimo/Plaza Pública

Miguel Angel Granados Chapa

Quizá porque su vocación tardía le permitió una mundanidad infrecuente entre sus compañeros clérigos, el obispo de Ecatepec Onésimo Cepeda, es esencialmente un hombre frívolo. Incapaz de comprender las necesidades pastorales de su diócesis, una de las más pobres del país, una de las más necesitadas de auxilios espirituales por la tensión que provoca a sus fieles el entrecruzamiento de sus vivencias urbanas y rurales, se dedica a la vida social en el peor sentido de la expresión. Es fiestero. Y banal.

Fue a Pachuca, el martes, al cuarto informe del gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, muy amigo suyo. Quizá para tener algo que hacer en un acto desprovisto de sustancia, algunos reporteros hablaron con el prelado. El estilo de su expresión ilustra el abatimiento de las calidades episcopales. Es un grillo, no un político, y evalúa a las personas conforme a los criterios y los modos de decir de los columnistas políticos de la peor ralea, los que cobran a tanto la línea, aquéllos cuya sensibilidad política estriba en saber, cuando reciben el sobre de su mesada, que allí faltan quinientos pesos, nomás con sentirlo en la mano.

Formó un elenco de presidenciables. No destapó a nadie, en sentido estricto, porque se limitó a repetir lo sabido. Salvo quizá su desdén por Roberto Madrazo, fruto de la amistad del obispo con el ex candidato Francisco Labastida, dijo lugares comunes, como si fuera autoridad en la materia, como si emitiera luces de orientación. Pronosticó la suerte de Madrazo: “claro que tiene cualidades; llegó a presidente del PRI; hasta allí llegó”. Mencionó también a Arturo Montiel, “su” gobernador en cuanto que su diócesis está enclavada en territorio mexiquense. Dijo de él, simplemente, que “tiene ganas”. Y del sinaloense Juan Millán conjeturó que “puede ser un excelente presidente”. Habló de los aspirantes presidenciales del PAN y el PRD, con la vulgaridad que substituye los nombres de las personas por apodos: “El Pejelagarto” va ganando, dijo en alusión a la eminencia que en las encuestas adquiere Andrés Manuel López Obrador.

En realidad, lo que importaba al frívolo pastor de almas era hablar de su anfitrión, mientras esperaba que éste emitiera su cuarto informe de gobierno, un documento brevísimo por la futilidad de las tareas realizadas. Lo calificó, para empezar como “uno de los mejores gobernadores de México”. Pero no lo afirmó rotundo, sino que con la desaprensión de los improvisados reconoció su subjetividad diciendo “se me hace que es ...”. Acto seguido, tras afirmar que sí lo ve candidato a la Presidencia, enumeró sus cualidades (con cautela convenenciera: “no creo que sea el único, para que no se me sientan los otros..”): “Yo creo que Manuel Ángel es un hombre que tiene muchas cualidades, es un hombre honrado, no tiene cola que le pisen, es un hombre joven, es un hombre con ideas frescas y modernas, pero sobre todo que no es dinosaurio. Tiene todas esas ventajas”.

No le falta razón al obispo grillo. Núñez Soto es en efecto un hombre joven (cumplió 52 años en enero pasado), es un hombre honrado y quizá tenga ideas frescas y modernas. Sólo que no ha tenido ocasión de convertirlas en acciones de gobierno, porque no gobierna. Y es verdad que no es dinosaurio, pero en Hidalgo está rodeado de ellos, lo manejan y lo avasallarían de no haber preferido el ausentismo. Se le halla poco en la entidad. Prefiere los viajes al extranjero, que publicita en la prensa local (cuya morralla abunda como nunca) y en no pocos medios capitalinos. En la nómina del gobierno estatal figuran los nombres de columnistas de viejo cuño, cuyas menciones han contribuido a que se le confiera rango de protagonista nacional.

También cuenta para ese efecto, además de su propio talento, su asiduidad a festejos donde a menudo alterna con el obispo Onésimo, su cuate, y con otro socialité ensotanado, Antonio Chedraui, perteneciente a otra jerarquía eclesiástica. El gobernador hidalguense se refugió en los saraos especialmente después de que se frustró el único proyecto que su gobierno había sido capaz de generar y sobre cuyos costos no informó el martes.

Se trata del fallido aeropuerto internacional, para construir el cual se ofrecieron vastas extensiones de los municipios de Zapotlán, Villa de Tezontepec, Tolcayuca y Tizayuca. Núñez Soto apostó en exceso a esa posibilidad, invirtió en patrocinarla buena parte de los mermados recursos estatales y cuando el objetivo se frustró, su sexenio perdió sentido. Todavía alentó política y financieramente buena parte de la resistencia a la construcción de la terminal aérea en Texcoco y aun tuvo arrestos para fingir que tenía dispuesto un plan alterno, el de un aeropuerto industrial. Eran sólo habladas, al punto de que sólo ahora un nuevo secretario de Obras, Joel Guerrero, que lo era de Turismo, anuncia que ese proyecto será retomado.

Guerrero fue el lugarteniente de José Guadarrama, derrotado por el entonces gobernador Jesús Murillo en su propósito de sucederlo. Guadarrama se fue del PRI luego de que su canto del cisne en ese partido (su participación en el equipo electoral de Labastida) lo puso en contacto con el dinero petrolero que llegó al PRI en junio del 2000. Guerrero se alejó de Guadarrama y su lealtad a Murillo ha sido recompensada con cargos en el gabinete local, hoy recompuesto porque algunos secretarios son candidatos a diputaciones federales. El de gobierno es ahora un antiguo porro, líder en su momento de la agresiva federación estudiantil.

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