El descenso de esta temporada se decidió finalmente por el aspecto deportivo, pues Colibríes de Morelos no pudo vencer a Cruz Azul y con ello quedó en el fondo de la tabla porcentual.
Los morelenses tuvieron que luchar desde el principio con el fantasma de la pobreza en puntuación que heredaron del Celaya, riesgoso negocio que asumió el capitán Jorge Rodríguez con la ilusión de llevar el futbol de primera división a ese hermoso Estado y conservar la categoría.
Tras un inicio promisorio en que después de tres fechas eran superlíderes, las aguas tomaron su nivel y escasearon los puntos, sin embargo, hay que reconocer que la campaña no fue del todo mala; Colibríes quedó con 23 puntos instalado en el decimotercer sitio empatado con Necaxa y sólo un punto debajo de Cruz Azul. Esto quiere decir que de haber jugado en el paupérrimo Grupo Tres este modesto plantel podía haber hasta calificado.
Los jugadores integraron un grupo unido que peleó a muerte por la permanencia en el máximo circuito, aunque los problemas extracancha incidieron en forma determinante en esta decepcionante caída a ese foso de la ignominia llamada Primera “A”.
Independientemente de ello, es importante que el descenso de Colibríes no eche tierra en un asunto que me parece sumamente grave: la presunta irregularidad en el proceso de naturalización de Joao Batista, que ha llevado a una investigación exhaustiva del caso por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
En efecto, este jugador brasileño alineó como mexicano, pero según la autoridad competente presentó, para obtener la nacionalidad mexicana, documentación apócrifa, lo que constituye un delito y debe traer aparejada una sanción desde el punto de vista deportivo.
La Federación Mexicana de Futbol está obligada a investigar y no asumir una actitud de avestruz, escondiendo la cabeza y exponiendo el trasero, escudándose en que ellos sólo reciben la documentación sin prejuzgar su autenticidad.
Creo entender su miedo. Quién sabe cuántos casos como el de Batista existan en nuestro balompié y cuántos promotores y directivos estén involucrados en esta fiebre de naturalización que sólo busca una ventaja desleal en la contratación de futbolistas.
No estoy en contra de que alguien decida vivir en un país y elija llevar esa nacionalidad, pero repruebo el interés bastardo de hacerlo para conseguir “chamba”.
Se acusa a Toño García de mover las aguas y desenterrar esta osamenta reglamentaria. Convertido frecuentemente en “ajonjolí de todos los moles” pienso que ahora tiene razón sólo que no se vale que una vez salvado Jaguares se tire al olvido este gravísimo caso financiero.
También grave resultó el “terrorismo informativo” que hizo festejar a Colibríes su permanencia en Primera División; resulta que algún desquiciado hizo correr la versión al término del juego ante la “Máquina” que Jaguares había empatado ante Tecos y había descendido. Ello motivó el festejo y hasta la vuelta olímpica de los jugadores, quienes después serían desengañados.
Quien hizo esto, merece el peor de los castigos.