La guerra es un horror. Es fácil estar en su contra. Declararse en favor de la paz es en lo general políticamente correcto, además provoca algo de alivio moral. El mundo sin embargo nunca se ha regido por la moral. Más allá de ella, el problema con esta guerra es de sensatez, de ausencia de cierta racionalidad mínima, racionalidad inmoral si se quiere, pero al fin eficaz. Cómo garantizar que Estados Unidos encuentre una salida incumbe a todos. Inmoralidad e ineficacia son el peor de los mundos posibles. La eficacia no sólo depende de la intensidad de los bombardeos. La elaboración racional de los objetivos es la única forma de llegar a ellos. Si la superpotencia no define su puerto de arribo, no lo va a encontrar. Ya ocurrió en Vietnam. El horror se prolongaría. Por eso también es inaceptable el cambio caprichoso de metas.
Qué clase de victoria pueden los aliados esperar se pregunta The Economist y recuerda que esta no fue una guerra de autodefensa sino de opción. ¿Cuál fue esa opción? Repasemos algunos de los argumentos centrales que se han usado. Primera tesis.- Se trata de una reacción vengativa. Una potencia herida va a la guerra, sin gran compañía, pisoteando la legalidad internacional. Estamos ante una reivindicación entendible, no justificable para el resto del mundo. Eso explica que Estados Unidos no acepte los dictámenes de los inspectores, explica también los riesgos de la ilegalidad protagónica y la confrontación con el mundo. La venganza no es racional, es una emoción fuera de control. Victoria posible: establecer ante el mundo el vínculo evidente entre el 11 de Septiembre y el gobierno iraquí, por lo menos, como tolerante de un refugio para Al Qaeda. Insensateces.- A diferencia de la crisis de los misiles en 62 no se ha podido encontrar evidencia de la amenaza iraquí contra los Estados Unidos; al día siguiente de derrocar a Hussein podría haber un golpe terrorista contra los invasores, con lo cual el absurdo y el ridículo crecerían exponencialmente. Inventar un villano por ánimo de venganza encierra un problema de fondo, que el villano real sigue vivo.
Segunda tesis.- Garantizar la paz del mundo, incluidos los Estados Unidos, nada hay de venganza particular. Victoria posible: mostrar los arsenales. Fin del capítulo. Blix queda en ridículo, el Consejo de Seguridad y los opositores, en la versión amable, como ingenuos. Esta victoria conduce a nuevas batallas. Los Estados Unidos se convertirían en cabeza de lanza para desarmar Frankensteins. Otras potencias tendrían que apoyar. La acción guerrera encuentra cierta legitimidad ex post facto. Insensateces.- Supongamos que la intención es real, de inmediato surge un razonamiento. Si la seguridad mundial está evidentemente amenazada por varias potencias nucleares —Corea, Afganistán, además de la dispersión de ojivas exsoviéticas, por sólo citar algunos riesgos— ¿por qué comenzar por un territorio relativamente vigilado en la última década? En palabras de Bush padre, el poderío militar de Iraq hoy no tiene nada que ver con lo que fue. Una misión así, desarmar las mayores amenazas, demandaría antes que nada una gran unión internacional. ¿Por qué entonces romper las alianzas básicas en esa lucha, Unión Europea, OTAN, Rusia, etc.? ¿Por qué ir contra la legalidad de la ONU, cuando las otras vías estaban perfectamente amparadas? Siendo quizá la mejor de las victorias, los Estados Unidos difícilmente lograrán erradicar la sospecha de una segunda intención. El acuerdo internacional de facto contra el terrorismo y a favor del desarme se ve debilitado por esa sospecha.
Tercera tesis.- La liberación de los iraquíes. Ni venganza, ni lucha contra el terrorismo internacional, ni desarmar a Hussein están al centro de la mira. El objetivo fundamental es sacar al tirano y establecer un régimen democrático. Ese es —dicen— el ánimo profundo. Victoria posible: muerte o desaparición de Hussein e instalación de alguna autoridad local que encamine la democracia. Insensateces.- Al sólo poder derrocar a Hussein por esta vía la democracia sufre la peor de las heridas, pues se convierte en sinónimo de arbitrariedad imperial y de muerte. Así el gran avance que la democracia tuvo en las últimas décadas en tanto que logro universal inexorable regresa a las coordenadas de los cincuenta en que era usada caprichosamente por los imperios dependiendo de los intereses concretos Cómo olvidar la larga lista de regímenes democráticos atropellados y dictaduras impuestas por Estados Unidos, comienza por la A de Arbenz y pasa por la P de Pinochet y llega a la T de Trujillo.
Dos son las lecciones básicas del último cuarto de siglo con relación al avance democrático. La primera es que el juego imperial resucita el nacionalismo. Con frecuencia la democracia pierde la batalla. La segunda es que la exigencia debe venir de abajo hacia arriba y, por supuesto, de adentro. Después de Iraq lo más probable es que surja una mayor reticencia de muchas naciones autoritarias o dictatoriales a abrir el tema. Los nacionalismos pesan más. Bien conocemos los mexicanos esa discusión. Muchos dictadorzuelos ya tienen una nueva demostración de los usos arbitrarios que se puede hacer de la defensa de la democracia. Los costos para la democracia y para los Estados Unidos de ese ánimo democrático selectivo han sido ya muy altos. Esa victoria sería pírrica.
Cuarta tesis.- Restablecimiento de la legalidad. Al constituirse un régimen democrático en Iraq crecerá la comunidad internacional defensora de esos principios y las instituciones se fortalecerán. Victoria posible: Ninguna, el atropello de la legalidad por parte de la mayor potencia debilita el único acuerdo de convivencia internacional con que contamos. Insensateces.- Muchas. ¿Qué esperar de los múltiples interlocutores cuya responsabilidad internacional es menor y cuyo apego a la vida institucional es más frágil? De seguir las actuales tendencias la economía China podría llegar a ser equivalente a la estadounidense en un cuarto de siglo. ¿Qué marco normativo contendrá esa discusión entre varias potencias atómicas? ¿A qué instrumento recurrirán los Estados Unidos cuando sean verdaderamente amenazados? Es por lo menos irónico ver los rostros de Bush y Rumsfeld pidiendo el respeto a los derechos de sus prisioneros de guerra al amparo de la Convención de Ginebra.
Satisfacer la sed de venganza, luchar contra el terrorismo, garantizar desarme, fundar una democracia y pedir respeto a las normas después de invadir a un país petrolero, son demasiadas ambiciones simultáneas. Obtener todas, imposible. Naufragar entre todas será sólo resultado de la insensatez.