El Presidente tiene que hacer su trabajo. No puede ser de otra manera. Su esfuerzo debe ser dirigido a que los asuntos se muevan con armonía aun proviniendo de partidos políticos distintos. Esa es, la mayoría de las veces, una tarea ingrata, el lograr que los diferentes puntos de vista en un país, donde es común que se oigan voces encontradas, sean acordes con una realidad que está en constante movimiento a una velocidad endemoniada. Todos vamos en la misma embarcación. Si el bregar de la nación tiene cadencia, santo y bueno, pero si los vientos de la insidia la hacen trastrabillar peligrosamente, alguien tiene que hacer algo. Me refiero, en específico, a la polvareda que ha desatado la presencia de la diputada Elba Esther Gordillo Morales en los Pinos, residencia oficial del Ejecutivo Federal, después de su agarrón con el líder del PRI.
En efecto, la profesora, en medio de la tormenta, -truenos, rayos y centellas-, que se ha ocasionado con motivo de su diferendo con Roberto Madrazo Pintado, actual presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, visitó al presidente Vicente Fox. Lo que provocó que enseguida se levantaran airadas voces condenando la intromisión del Mandatario, en un conflicto que, dicen, ni le va ni le viene. La crítica más fuerte estuvo a cargo del gobernador del estado de Oaxaca, quien consideró el acontecimiento como grotesco, torpe, ingenuo, arcaico y primitivo, estimando que el Jefe del Ejecutivo Federal se mete en asuntos de los grupos parlamentarios, lo que le está vedado, a mayor razón, indica, si son de la oposición. La filípica de José Murat Casaab no está libre de prejuicios pues pocos son los que ignoran su alianza con la camarilla política que comanda Madrazo, volviéndole muy sensible acerca de cualquier cosa que se asemeje a un apoyo a la lideresa magisterial. Más que otra cosa, debió dolerle, al originario de la Antigua Antequera, que el Presidente, con su típico estilo desaliñado, declarara reconocer a Elba Esther como la aun coordinadora de la bancada priista.
Uno de los más sólidos reproches a la maestra es que está sirviendo a los intereses del gobierno foxista, de lo que si no había seguridad, de que así fuera, ahora el Presidente lo está corroborando. En el reciente pasado las relaciones abiertas de Elba Esther con Marta la de Fox, la puso en la mira de quien la acusa de colaboracionista. Estaría, según sus detractores, haciendo el papel de quinta columnista , de la Mata Hari o bien, de una moderna yegua de Troya. No conozco bien a la profesora pero sin duda no le queda el remoquete con el que la satirizan. Creo que es una mujer con aciertos y desaciertos en su carrera política, como cualquiera que estuviera en su lugar. En el supuesto caso de que coincida con la postura foxista, por cuanto a los impuestos a medicinas y alimentos, no tiene otra lectura, creo, que la profesora está convencida de que eso es lo que mejor le conviene al país. Es una mexicana que piensa por sí misma. Tratando de encontrarle un motivo a su cercanía con la familia real, yo me inclinaría a decir que es más una consejera áulica, que una priista aleve.
Si el presidente Vicente Fox considera a la maestra Gordillo una cosa u otra, a quien debería molestarle es a ésta, no se olvide que hablamos de política, por aquello de dime con quién andas y te diré quién eres o de que las aves del mismo plumaje suelen andar juntas. Lo que diga o haga Fox carece de trascendencia. No es un político con sensibilidad suficiente como para manejar los asuntos que conciernen a otras esferas del poder. Por tanto, no se merece la retahíla de epítetos que le adjudica Murat Casaab; bueno, no en su totalidad. Quizás sea un tanto cuanto ingenuo pero eso, en vez de denostarlo, adorna su personalidad. Es posible que un poco torpe, entendido como una persona desmañada, que carece de habilidad en el desempeño de su cargo; en su defensa, debo decir, que eso quería la mayoría de los mexicanos, por eso lo eligieron. Quizá tenga algo de grotesco, si entendemos como tal a que es muy dado a expresarse con oraciones no exentas de extravagancia, sin que eso sea calificado de ridiculez si no, en dado caso, de candidez parlanchina. En lo de arcaico y primitivo, ambas palabras hablan del pasado, no atinamos el por qué de su uso, -¿será por las momias de Guanajuato?- En fin, el Presidente debe meterse donde no lo llaman por que para eso es Presidente; nadie puede negar que es parte de su trabajo.