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La intolerancia en el mundo y en Torreón

Ana Isabel Cobo Celada

la mayoría estamos preocupados por la guerra en Iraq y sin embargo, qué poco sabemos de la destrucción y el dolor que está provocando.

Las noticias de ella nos vienen filtradas. Estados Unidos con su gran poderío controla los medios de comunicación y buen cuidado tendrá de seguirlo haciendo por la fuerte presión que tiene de la opinión mundial y de sus propios ciudadanos que la reprueban. De este rechazo a la guerra y a lo que ella conlleva, Bush y los que lo rodean o lo apoyan, imperialistas todos ellos, hacen caso omiso; no les importa; si se cuidan es por que se sienten acechados. No hay reflexión, lo que hay, son conductas primitivas. Buscando respuestas, yo me pongo a pensar en nuestros hermanos los primates y en el eslabón perdido. Trato de imaginar el momento en que por medio de una mutación genética, (que decidió la Vida, Dios, Alá, o El que no tiene nombre, como cada quién haya aprendido y decidido llamarle) el hombre tuvo conciencia de sí mismo, e imagino ese preciso momento en el cual se estableció la diferencia entre los animales y nosotros los hombres.

Los que saben dicen que genéticamente en un noventa y siete por ciento seguimos siendo idénticos a algunas especies de monos. Estos estudios nos dicen mucho. Nos dicen que en esta diferencia de tan sólo un tres por ciento de nuestros genes, se encuentra la posibilidad de ser un ser humano y por lo tanto su esencia: El discernimiento. El discernimiento y sus posibilidades son infinitas, a través de él nos potenciamos, reflexionamos, valoramos, nos humanizamos. En mi religión ahí mismo encontramos a lo que le llamamos el alma.

Pienso en todo ello y concluyo que un tres por ciento es muy poco. Concluyo que el noventa y siete por ciento es avasallador y que es en ese porcentaje animal y sus conductas, en donde podamos encontrar hoy día, más respuestas del mundo tan revuelto que nos rodea. La intolerancia es una de estas conductas. Pero mejor llamémosla por su significado: “Falta de respeto y de consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque éstas nos repugnen”. Conducta que si caemos en ella, no es por el resultado de una valoración, sino de las vísceras, y sus efectos siempre son dolorosos. Nos enfrentan los unos contra los otros.

Lo estamos viendo en Iraq y lo estamos viviendo aquí en nuestra misma casa todos los habitantes de Torreón, cuando en días pasados la “comunidad gay” como ellos se autodenominan, salieron a las calles a manifestarse contra las autoridades municipales porque éstas precisamente les han faltado el respeto y la consideración que se merecen.

La preferencia sexual es un derecho privado de la persona, y respetarlo es obligación de todos y sobre todo de las autoridades; regular aspectos de la vida social relacionados con la sexualidad, como la prostitución, es competencia de las autoridades, pero siempre cuidando éstas de no atentar contra los derechos fundamentales de la persona. La autoridad municipal fue electa para garantizar los derechos humanos de todos los ciudadanos y demostró lo contrario, demostró intolerancia y esta conducta aunada al poder es una combinación temible. Si yo como simple ciudadana me sentí ofendida por las declaraciones de algunos funcionarios con respecto a los de preferencia sexual diversa a la heterosexual, trato de imaginarme lo que habrán sentido ellos, que los obligó a manifestarse.

Yo celebro el que se hayan manifestado; lo celebro por razones personales y por razones sociales. Las personales se deben a que hay muchas personas de preferencia sexual diversa a la heterosexual, que yo admiro y aprecio profundamente y las sociales se deben a que aspiro que aquí en mi comunidad se respeten por igual, a todos, nuestros más preciados derechos.

La falta de respeto y consideración hacia las opiniones y prácticas de los demás, es lo cotidiano hoy día en este mundo tan revuelto; quizás sea necesario estar más pendientes de ese tres por ciento, que muchas veces se queda atrás de nosotros olvidado. Quizás debamos agarrarlo fuertemente de la mano. Quizás…

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