El general Raúl Madero González llegó a Coahuila como precandidato del Partido Revolucionario Institucional a Gobernador del Estado para el sexenio 1957-1963.
Contra lo que podía esperarse de un partido corporativo con estructura monolítica, en el PRI coahuilense hubo quienes condenaron que el candidato a gobernador fuera designado por el presidente de la República; crítica inexplicable, pues tal había sido precisamente el método priista para designar a todos los mandatarios precedentes, incluido Román Cepeda Flores, que estaba en funciones.
El disgusto de los priistas coahuilenses pudo ser provocado, más que por la designación de don Raúl, por la previa expectación del agitado proceso pre-electoral, sobre el cual hemos escrito en otras ocasiones. El cargo era único y decenas de aspirantes formaban fila ante el PRI. Múltiples ternas había llevado el gobernador Cepeda a la Secretaría de Gobernación en las semanas previas al mes de mayo de 1957, pero ninguna concitó un acuerdo, y la fecha de emitir la convocatoria del PRI se acercaba aceleradamente. Fue entonces cuando don Adolfo Ruiz Cortines, presidente de la República, decidió hacer del evento electoral de Coahuila un instrumento de justicia histórica. Recordaría quizás que cuando don Francisco I. Madero murió asesinado por los esbirros de Victoriano Huerta y Henry Lane Wilson los miembros de la extensa familia Madero tomaron la ruta del exilio para protegerse de las hienas rabiosas. No cambiaría la situación al triunfo del Ejército constitucionalista, pues don Venustiano Carranza mantuvo a los Madero en el destierro e incautó sus negocios. Luego Obregón los repatrió y les reintegró sus empresas, aunque políticamente los mantuvo a la sombra. Sólo don Julio Madero se atrevería a sacar la cabeza en 1933 para competir con el doctor Jesús Valdés Sánchez por la gubernatura del Estado, pero los penerrístas lo recibieron a palos y balazos. Años más tarde don Emilio Madero se integró al recién formado partido Acción Nacional, sin conseguir éxito político. Por tales consideraciones Ruiz Cortines cerraba el dominó preelectoral coahuilense con un distinguido sobreviviente de la familia Madero, don Raúl.
En los últimos días de mayo de 1957 el presidente del comité estatal del PRI, profesor Federico Berrueto Ramón, recibió del gobernador Román Cepeda la noticia de que el candidato sería el general Raúl Madero. Berrueto, como otros cápites del priismo coahuilense, estaba desconcertado por el naipe que había sacado de su manga don Adolfo Ruiz Cortines.. Don Raúl diría en sus Memorias el maestro Berrueto “era hombre bueno como la inmensa mayoría de los Madero; soldado puntero por su bravura, sencillo, afectuoso, con destellos de talento y carácter; pero los estragos de los años —acotó don Federico son a veces fatales porque recalan en lo más preciso para conducir la vida” Se refería, sin duda, a los 69 que estaba por cumplir don Raúl, aunque éste, en su agotadora campaña, pudo mostrar la envidiable capacidad física y mental que conservó en los seis años de su mandato. Quienes habían puesto su esperanza en el cambio de gobierno propusieron protestar la candidatura, incluso con violencia. Pero los tiempos guerreros habían pasado y la designación de don Raúl salió avante. Así era el sistema político que consentía la mayor parte de la sociedad mexicana. Evidentemente el general Raúl Madero no llegó al gobierno de Coahuila por obra y arte de la democracia; pero pronto logró conquistar a los ciudadanos y sortear, a veces con bondad, a veces con energía, las contingencias de su sexenio, muchas de ellas provocadas. No fue un gobernador espectacular pero pudo conducir las riendas del Estado y mantener unidos a los coahuilenses; además probaría su buen ojo político pues los siguientes sucesivos gobernadores de Coahuila se formaron en su equipo de trabajo: Don Braulio, Don Eulalio, Don Oscar y José de las Fuentes.
Don Raúl Madero solía provocar la armonía entre sus colaboradores con una frase que a la sazón era mágica: “Unidad y disciplina”. La recomendación no era gratuita ni se había generado espontáneamente; resultaba de la experiencia de un jefe revolucionario probado en el mando de miles de soldados inexpertos. Pero ahora esto ya no vale, ante los actos autoritarios de los líderes y la complacida mirada de sus enemigos...
Los actuales dirigentes del PRI cometen dos errores; el más craso es alentar la desunión que conduce a las masas a la indisciplina. Otro es su autoritarismo: el comité ejecutivo nacional se abroga la facultad de designar candidatos a los cargos legislativos sólo por hablar de lo más inmediato a fin de abonar el terreno del futuro que igual busca sembrar su presidente, Roberto Madrazo Pintado y su secretaria general, Elba Esther Gordillo. Los personalismos se imponen sobre los deberes de la conducción política. Quienes sufren desplazamiento en legítimas aspiraciones y derechos podrán hacer causa común con otras víctimas de iguales maniobras. Y el partido está en riesgo de perder el factor indispensable de sus anteriores éxitos electorales: el equilibrio político.