Así como hay pintores domingueros o dominicales, hay escritores “finisemanales”: yo soy de éstos. En los días hábiles ya no tengo ocupaciones fijas aunque siempre tengo en qué ocuparme. Vaya eso a manera de disculpa y explicación por mi ausencia de este rincón la semana pasada. El Colegio de Sinaloa había tenido su junta mensual en el DF el viernes anterior y me sentí obligado a estar presente. Y ya entrado en tiempos, decidí quedarme allá el fin de semana comunicándome con los pocos amigos que allá me quedan y recordando con ellos los muchos que ya no están.
Aunque esto suene a tiempo prácticamente perdido, no lo fue en realidad porque me permitió, entre otras cosas, atender dos desayunos del Gran Gurú, reuniones que siempre resultan tan estimulantes como instructivas para este provinciano. A pesar de que el Gran Gurú es foxista por amistad y convicción, él es, ante todo, un ser altamente civilizado, ergo tolerante de la disidencia, de manera que ahí se discutió en detalle la incapacidad de Fox en cuanto Jefe del Ejecutivo simplemente por su falta de oficio político.
Ni los asiduos esfuerzos de la Primera Dama por darle un sentido de dirección y dinamismo a la “pareja presidencial” han podido ocultar la palmaria ineptitud del Ejecutivo.
Ahora el propio Vicente Fox se sale de su papel oficial como titular del Poder Ejecutivo para meterse a politólogo y analista, anunciando como novedad que ya se arrancó la carrera por la sucesión presidencial, agregando con su típica sagacidad que hay aspirantes que lo niegan. Lo notable del caso es que anunció la carrera y el autotapadismo como si fueran auténticas novedades. ¿Dónde estaba hace seis, doce, dieciocho años? ¿Nunca leería la prensa? Porque éste ha sido un fenómeno recurrente desde que yo comencé a tomar nota de nuestra vida política.
Toda elección consumada causaba un movimiento telúrico en la masa de aspirantes de acuerdo con las inevitables conjeturas sobre “el Futuro...”.
Sin embargo, su muy público banderazo admite otra interpretación: como un ardid para distraer la atención ciudadana del rotundo fracaso del PAN en las recientes elecciones, fracaso que implica una severa crítica adversa a su propia administración. Decir, como él dijo, que no se han cometido errores, suponer que él no tuvo responsabilidad alguna en ese fracaso porque él no participó personalmente en esos comicios, es una comprobación más de mi añeja hipótesis sobre la división existente entre los adultos del género masculino: unos son hombres cabales, los demás se quedaron en muchachotes. Se diferencian estas subespecies sobre todo en la capacidad de autocrítica, reflexión y análisis de los primeros y su ausencia en los segundos. En cambio, éstos siempre ganan en los concursos de popularidad y así ganó Fox su candidatura cuando en el PAN no faltan los hombres cabales que podrían haber erigido un verdadero liderazgo político y social desde la presidencia.
Sin embargo, en el 2000, el pueblo buscaba una cosa ante todo: ponerle fin al monopolio presidencialista del PRI y, para eso, Fox fue el candidato idóneo. Pero sólo para eso.
Lo triste es que todavía tenemos por delante dos años y medio de una lamentable insuficiencia de liderazgo presidencial. No estoy descubriendo la propulsión a chorro al decir que el presidente Fox no tiene la menor idea de la suprema dignidad de su investidura. De ahí su recurso a lo folclórico y lo “tierno” en su desempeño presidencial. Los ejemplos abruman: desde la ceremonia inaugural, cuando escenificó la carrera de su hijita al podio para entregarle un crucifijo (recuerdo con aguda pena ajena), luego vestirse de charro y trepar en ancas a la Primera Dama; siendo jefe de un Estado laico, caer de rodillas ante el Jefe de una teocracia, hasta su actual desconocimiento de su inmanencia en las últimas elecciones y su resultado.
En cuanto a la sucesión del 2006, la buena noticia es la presencia de tres mujeres con credenciales para perfilarse como presidenciables - dos del PRI y una del PRD- trío que de ninguna manera incluye a “la señora Marta”.