Según es bien sabido Óscar Wilde era un cínico. Eso le ayudaba en sus tareas de escritor, pues el cinismo es muchas veces el triste disfraz de la verdad.
Solía contar Wilde un cierto apólogo. Decía que Dios puso por equivocación dos almas en un hombre: un alma buena, piadosa y llena de virtudes, y un alma mala, proclive a los placeres de la carne, a todos los goces de la vida. Cuando se dio cuenta de su error le dijo al hombre que tendría que devolver una de las dos almas que había recibido. Podía escoger cualquiera de las dos, la buena o la mala, pero sólo una podría conservar.
-De esto han pasado muchos años -terminaba Óscar Wilde su narración-, y todavía el hombre de mi cuento no sabe cuál de las dos almas escoger.
Hacía una pausa el escritor y luego preguntaba a sus oyentes:
-Ustedes ¿cuál alma escogerían?
Y sonreía viendo cómo tardaban en contestar.
¡Hasta mañana!...