Capítulo Interestatal Coahuila-Durango de la Asociación Psiquiátrica Americana
(Vigésima quinta parte)
Etiquetas: La sal y pimienta de la vida
Con demasiada frecuencia escuchamos la opinión de tantos médicos generales o de otras especialidades no psiquiátricas, quienes en el afán de apoyar generosamente a sus pacientes y con la mejor intención del mundo, opinan sobre estos aspectos emocionales sin tener realmente las bases adecuadas y serias para hacerlo. Simplemente lo hacen de su buen corazón, y con el deseo de no angustiar más a los padres que tienen enfrente, o porque tal vez no se les ocurre algo diferente. Un “no se preocupe, eso les pasa a todos los niños”, o “tenga paciencia, porque al fin cuando su niño o su niña sea grande lo superará”, representan frases muy cotidianas que se dicen para animar a estos padres y tratar de hacerlos sentir mejor, pero sin las bases suficientes de conocimiento para saber la realidad del caso y si así sucederá efectivamente.
Se trata de slogans y frases estereotipadas con las que se trata de envolver la buena voluntad y el deseo de animar y dar apoyo, pero que por otro lado, también buscan justificar desgraciadamente la ignorancia, desinformación y falta de actualización al respecto de tantos profesionales que opinan sin las bases suficientes. Sería imposible que en nuestros días a ningún médico competente y responsable se le ocurriera decirles a una pareja de padres, que la malformación de los pies de su niña, la luxación congénita de la cadera de su bebito o las malformaciones cardiacas de su heredero o heredera mejorarán con el tiempo porque muchos niños nacen con ellas y que no haga nada, ni se tiene que preocupar al respecto. En esta época, ninguna persona con cierta inteligencia y grado de educación aunque sea televisiva, aceptaría tampoco tal explicación de un médico y la rechazaría de inmediato.
A pesar de que nos encontramos en esa delicada y fina frontera entre lo que todavía en el campo de la salud consideramos como lo físico y lo orgánico, separado de lo llamado psicológico o emocional, la verdad es que se trata de una frontera falsa e inventada, que no existe realmente. Se trata de una separación artificial y caprichosa, creada por el hombre en este mundo compertamentalizado, en donde tratamos de controlar así todo lo que ignoramos y por lo mismo no podemos supeditar a nuestra voluntad. La verdad es que lo físico u orgánico se compenetra con lo emocional o psicológico a tal grado que forman un solo todo único y complementario, sin ninguna división. En realidad el cerebro no tiene áreas emocionales ni áreas orgánicas, ya que todo está complementado perfectamente a lo largo de su masa, sus redes y sus estructuras de un modo armónico y equilibrado. Gracias a ello, los humanos podemos funcionar adecuadamente como tales, (aunque a veces no nos comportemos así), para desarrollarnos además en el tipo de personas que somos cada uno de nosotros.
Esa división de lo orgánico y lo emocional, del alma y del cuerpo, se ha venido dando desde hace muchos siglos, desde la época de los griegos, o quizás inclusive desde los egipcios, para prolongarse hasta nuestros días. Ello quizás fue justificado en aquellos siglos debido a lo rudimentario y primitivo de sus instrumentos para medir; sin embargo, conforme tales instrumentos se han ido refinando cada vez más en nuestra época, hemos podido conocer mejor el funcionamiento del cerebro y su complementación con lo que llamamos mente, como parte de un mismo todo. No podemos presumir aún de conocerlo todo, ni saberlo todo, pero sí cuando menos estamos en este siglo en esa etapa de intentar integrar eso que hemos dado en llamar erróneamente lo emocional y lo orgánico. Contamos con mejores instrumentos que nos ayudan a comprender y conocer mejor tales fenómenos, para superar al menos nuestra ignorancia y presunción.
En las escuelas de Medicina, de Psicología y demás áreas de la salud, se sigue todavía luchando con tales conceptos. Aún en los hospitales y en las clínicas, los diagnósticos se siguen enfrascando en discusiones interminables de hasta qué punto es uno o lo otro, como si estuviéramos hablando de dos individuos diferentes, de dos pacientes en uno, cuando en realidad se trata de la misma persona, que nosotros nos obstinamos en dividir en dos debido a nuestras propias limitaciones. Poco a poco tendremos que ir enfrentándonos a otra realidad diferente con otro tipo de luz. Será importante que los profesionales de la salud aprendamos a aceptar humildemente, que muchas de las enseñanzas de nuestras “alma maters” han ido quedando atrás en el tiempo como reliquias agradables y nostálgicas propias de un museo o de un texto riquísimo sobre la historia de la Medicina, pero que ya dejaron de ser “la verdad” de nuestros días, en un campo que se mueve tan vertiginosamente y en el que definitivamente es obligatorio actualizarse para superar nuestras fantasías. (Continuará).