Con cierta frecuencia paso frente a la Escuela Centenario. Desde hace tiempo esa escuela tiene un servicio especial de Agentes de Tránsito, hoy femenino, que vigila, muy bien por cierto, la seguridad de los alumnos de dicha escuela.
Sin embargo, es tiempo de recordar a quien corresponda, que ésa no fue, precisamente, la idea de tal servicio sino la de enseñar, tanto a los estudiantes como a sus padres a no atravesar de una banqueta a otra por donde les diera la gana sino de esquina a esquina, para su protección y mayor seguridad.
Y eso es lo que, al parecer, han olvidado todos: el Departamento de Tránsito, sus agentes, la dirección de la escuela, los padres de familia y, por supuesto, los alumnos que cuando salen de clases son muchos los que atraviesan la calle por donde se les antoja con la seguridad de que cuentan con la protección de las agentes de Tránsito.
Si este servicio fuera sólo para protegerlos, se estaría discriminando a las escuelas que no lo tienen. Porque la idea original fue enseñar a los alumnos de esta escuela y a sus padres a pasar sólo por las esquinas, que es lo que se ha olvidado, que no se hace y debiera hacerse. Y si no se hace, a la larga sería menos costoso poner allí un par de semáforos.
No puedo decir, a estas alturas, cuándo se decidió lo que digo, pero sí que fue como resultado de una de aquellas semanas viales en que, al menos en el Centro se instruía, durante ellas, a los transeúntes a pasar correctamente de banqueta a banqueta. Pero, tanto el Ayuntamiento como Tránsito tienen, seguramente, este dato en sus archivos sí es que lo necesitan para volver a pensar en la conveniencia de recordar que no se trata únicamente de proteger de los automovilistas a los escolares sino, y sobre todo, de enseñarles a atravesar de una cuadra a otra como se debe, con lo cual evitan peligros inesperados.
La idea original era buena, lamentablemente se torció, y lo que hoy se hace, que es sólo proteger a los alumnos y a sus padres, les hace depender de sus protectoras, más que de sí mismos, lo que aparte de ser malo resulta más caro para la comunidad.
Vuélvase al principio de la idea. Hágase que a la hora de salida de clases los alumnos de esta escuela, y de todas, vayan hasta la esquinas para pasar a la otra banqueta, y lo mismo hagan los padres que van a recoger a sus niños menores, y todos estarán aprendiendo algo útil para toda la vida, que fue la idea que originó todo esto, pero que se ha olvidado.
Grafito
Otra de las preocupaciones que jamás deben olvidar los encargados del buen ver de nuestra ciudad es su lucha contra los grafiteros. No son nada nuevo, pero cada día son más numerosos, menos respetuosos y, al parecer más impunes, pues no sólo ensucian las paredes a la altura de un hombre sino, también, segundos pisos. Ojo, pues.