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Plaza pública/Alfonso Zárate

Miguel Ángel Granados Chapa

Mañana elegirá la Cámara de Diputados al consejero presidente y a los consejeros electorales del IFE. Hace siete años, la LVI legislatura completó la ambiciosa reforma que colocó al Tribunal electoral en el ámbito del poder judicial de la Federación y convirtió al IFE en un órgano constitucional autónomo, con una muy acertada selección de integrantes del consejo general. Aprovechó la experiencia de José Woldenberg como consejero ciudadano en los dos años anteriores y lo eligió para encabezar el órgano rector del sistema electoral y de partidos. Al concluir su desempeño, la calidad de su trabajo obliga a los diputados a una designación que no tuerza uno de los rasgos esenciales del IFE, su autonomía, garantizada por la vocación ciudadana de quienes la dirigen.

Aunque son discretas las negociaciones cuyo resultado se hará público mañana, se ha dejado saber que los coordinadores parlamentarios presentarán una propuesta encabezada por una de dos personas: Diego Valadez o Alfonso Zárate. Al escoger a uno de ellos, los coordinadores definirán también el rumbo de la autoridad electoral, pues elegirán a un ciudadano que prorrogue la etapa que ahora concluye tan exitosamente, o a un integrante del aparato de poder que devuelva a la institución electoral a los tiempos de los consejeros magistrados, diez años atrás.

Alfonso Zárate, nacido en 1946, se hizo abogado en la Universidad Nacional y maestro en sociología política en la London School of Economics and Political Science. Su vida adulta, concentrada ahora en el conocimiento y análisis de los asuntos políticos, lo ha provisto de una experiencia múltiple, que enriquece su visión de los fenómenos públicos. Muy poco después de abierta la planta de Volkswagen en las inmediaciones de Puebla, se encargó de establecer relaciones con las comunidades cuya vida rural se vio de pronto alterada por la fábrica de automóviles. De tiempo atrás y ahora mismo es accionista principal de una empresa restaurantera.

Además de esa pertenencia a la economía privada, ha participado en funciones gubernamentales, sobre todo en tareas de difusión (fundó el boletín Evaluación en la extinta SPP, por ejemplo) o de asesoría (al secretario de Relaciones Exteriores Bernardo Sepúlveda). Fuera del aparato público, fue uno de los promotores de Causa Ciudadana, una muy activa agrupación de la sociedad civil. Su carrera académica ha sido y es muy relevante: fue profesor en su alma mater, la UNAM y en la Universidad Iberoamericana. Dirigió el departamento de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE).

Fundó hace más de diez años el Grupo Consultor Interdisciplinario, una sociedad civil donde practica habitualmente el trabajo en equipo mediante el Taller de análisis de la coyuntura, a cuyos miembros valora y respeta. Fruto de esas tareas son la Carta de política mexicana y su suplemento semanal Lectura política, que se abrieron paso y permanecen en un ambiente afectado adversamente por la charlatanería y el abuso de la información dizque confidencial.

Zárate expone sus propias opiniones en los medios de difusión. Desde hace poco es articulista en El Independiente, después de haberlo sido en otros diarios. Desde hace mucho es el articulista político de Expansión, la revista quincenal de negocios. Y en Monitor, la emisión informativa dirigida por José Gutiérrez Vivó es el más antiguo y asiduo miembro de la mesa política de los miércoles. Adicionalmente, ofrece al público de esa emisión la agenda parlamentaria, los lunes.

Esa permanente exposición pública ha permitido a todos apreciar la independencia del criterio de Zárate, fundada en una genuina convicción democrática (es decir de pluralidad) y en el rigor de su análisis. Dirigió, por invitación de la profesora Elba Ester Gordillo el ahora Instituto de estudios educativos y sindicales de América, pero nadie que conozca el trabajo de Zárate podría imputarle parcialidad hacia la coordinadora de la bancada priista. Ella misma, que lo respeta, si impulsa su elección lo hará a sabiendas de que no tendrá en la de Zárate una voluntad sesgada en favor de su partido o de su bandería particular.

Tampoco se podría de antemano achacar parcialidad a Valadez. Pero ha sido miembro relevante del aparato de poder priista y ese antecedente distorsiona la concepción y el funcionamiento del IFE autónomo. Es cierto que Woldenberg fue miembro del PRD, pero se había apartado de ese partido que, por lo demás, distaba mucho de ejercer el poder al que después ha tenido acceso.

Valadez, en cambio, ha actuado desde la lógica del poder, tanto en la Universidad Nacional como en la esfera gubernamental. Como lo había hecho en 1977 en la oficina del Abogado general de la UNAM, reemplazó a Jorge Carpizo al comienzo de 1994 en la Procuraduría General de la República y le correspondió iniciar la averiguación del asesinato de Luis Donaldo Colosio, acontecimientos polémicos sí los hay.

Su eventual designación al frente del IFE produciría, además, una metáfora de profundo significado: como abogado general de la Universidad tuvo a su cargo la acusación contra activistas sindicales que estuvieron presos en julio de 1977 luego de que la policía de “El Negro” Durazo rompió una huelga en la UNAM. Entre esos activistas se hallaba el profesor José Woldenberg.

En su libro Los usos del poder, Zárate concluía en 1995 que era urgente “la construcción democrática de una cultura cívica que limite, acote y vigile los usos del poder”.

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