México, DF.- La debacle del campo mexicano agudizó los problemas de supervivencia de miles de familias que carecen de recursos para sembrar, tienen los empleos más mal pagados del país y no cuentan con prestaciones sociales.
Según datos aportados por el Banco Mundial, los jornaleros perciben incluso ingresos inferiores a los dos dólares al día, lo que los coloca entre los más explotados del mundo, después de los de China.
De acuerdo con declaraciones de investigadores y dirigentes sindicales, de los cinco millones de personas ocupadas en ese sector, 70 por ciento gana menos de un salario mínimo y 95 por ciento carece de prestaciones sociales.
Sólo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), estiman que se han perdido cerca de dos millones de empleos, 800 mil de ellos corresponden a productores de granos básicos.
Reportes del analista mexicano Gustavo Hirales para el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington, Estados Unidos -que serán difundidos oficialmente mañana-, aclaran que si bien el proceso de democratización ha alejado a los grupos extremistas de muchos de sus simpatizantes, esto no significa que las organizaciones radicales no pudieran convertirse en un futuro en una amenaza potencial o real.
El especialista señala que los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas son campo fértil para grupos extremistas debido a características sociales y económicas de retraso, analfabetismo, marginalización, aislamiento, conflictos agrarios, tradiciones caciquiles y violencia política y social, amén de estar penetrados por el narcotráfico y una tradición de insurgencia y radicalismo armado, además de que son entidades contiguas.