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Sigue vivo en sus murales

Hace 54 años falleció José Clemente Orozco

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MÉXICO, DF.- El pintor José Clemente Orozco, artista mexicano de la plástica, quien contribuyó a recuperar la técnica, el diseño y los temas de la pintura al fresco, considerado uno de los más destacados muralistas desde los tiempos del Renacimiento, falleció hace 54 años.

Nacido el 23 de noviembre de 1883, en Zapotlán, Jalisco, Orozco destacó en sus temas de contenido social y de la política del México post revolucionario en una postura radical, mostró su inconformidad por la situación del país.

Hijo de Ireneo Orozco Vázquez y María Rosa Flores Navarro, el muralista mexicano a los siete años se trasladó a la Ciudad de México, para ingresar a la primaria anexa de la Escuela Normal de Maestros, toda su etapa formativa la vivió en la misma ciudad.

En ese tiempo, comenzó a asistir a la Academia de Bellas Artes de San Carlos. El resto de sus estudios académicos los hizo en las escuelas Nacional Preparatoria y de Agricultura de San Jacinto, donde se tituló como perito agrícola.

Desde niño, conoció al grabador José Guadalupe Posada, ejemplo que lo indujo a interesarse por la pintura. En 1906, comenzó sus estudios de pintura en San Carlos y en 1910 participó en una exposición organizada por la Sociedad de Alumnos, Pintores y Escultores de la Academia.

Ese mismo año, se unió al grupo del Centro Artístico, dirigido por el Dr. Atl con el objetivo de conseguir, sin éxito, muros públicos para pintar. También participaba como caricaturista e ilustrador en Frivolidades, Lo de Menos, Panchito y El Ahuizote en 1911.

La Vanguardia en 1915 y El Heraldo de México en 1920, entre otras, con la firma de El Hijo del Ahuizote y El Machete. Pintó acuarelas y óleos que reproducen “las sombras pestilentes de los aposentos cerrados”, así como una serie de dibujos con escenas de la Revolución y su primer cuadro de grandes dimensiones, Las Últimas Fuerzas Españolas Evacuando con Honor el Castillo de San Juan de Ulúa (1915).

En 1917 viajó a Estados Unidos y a su regreso pintó algunos cuadros, en especial Soldaderas, Combate y El Retrato de su Madre.

Para 1922 se unió a Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros en el Sindicato de Pintores y Escultores, con el objetivo de recuperar el arte de la pintura mural bajo el patrocinio del gobierno.

Una de sus más destacadas obras fue la serie de murales en la Escuela Nacional Preparatoria del Antiguo Colegio Jesuita de San Ildefonso sobre la conquista, la colonización y la Revolución Mexicana.

Estas obras fueron interrumpidas en 1925 para pintar el mural Omnisciencia, en la Casa de los Azulejos; y otro en la Escuela Industrial de Orizaba, interpretación del periodo post revolucionario en 1926.

De 1927 a 1934 vivió y trabajó en Estados Unidos, donde realizó un grupo de murales para la New School for Social Research de Nueva York y en el Pomona College de California pintó un mural con el tema del héroe griego Prometeo.

Sus murales para la Biblioteca Baker en el Dartmouth College (1932-1934) muestran la historia de América con la serie La Llegada de Quetzalcóatl, El Retorno de Quetzalcóatl y Modern Industrial Man.

En 1934 pintó un mural en el Palacio de Bellas Artes, luego en Guadalajara entre 1936 y 1939 decoró la Universidad, el Palacio de Gobierno y el Hospicio Cabañas. Para 1941 hizo uno transportable para el Museo de Arte Moderno de Nueva York y terminó el de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En ese mismo lapso, realizó un gran tablero para el Palacio de Bellas Artes que Justino Fernández denominó La Katharsis (1934).

En 1940 viajó a Nueva York para pintar, por encargo del Museo de Arte Moderno, un tablero, dividido en seis partes movibles, que tituló Dive Bomber e inició los frescos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que terminó en 1941.

De 1942 a 1944 se dedicó a la decoración de la iglesia del Hospital de Jesús, en la Ciudad de México, donde sólo pintó la bóveda y los muros del coro y la sección siguiente de la techumbre de la nave, donde representó la divinidad y el demonio, y temas tan abstractos como el tiempo y la modernidad.

Para 1946, José Clemente Orozco se hizo acreedor al Premio Nacional de Artes. Un año más tarde, el arquitecto Mario Pani ofreció la primera oportunidad para realizar una obra al exterior, del recién terminado edificio de la Escuela Nacional de Maestros.

En 1948 hizo para la Sala de la Reforma del Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, el tablero Juárez redivivo, un monumental retrato del patricio, situado entre figuras de republicanos que empuñan armas y teas contra la aristocracia y el clero, encima del cadáver amortajado de Maximiliano.

El pintor muralista mexicano falleció el siete de septiembre de 1949 en México, Distrito Federal y sus restos fueron sepultados en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Algunas de las obras del artista tapatío son: Maguey, 1921; La Vela, Mano, 1948; De la Serie de la Verdad, Figura Manchada, 1945; De la Serie de la Verdad, Torso, Cabeza y Piernas, 1945.

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