MATAMOROS, COAH.- Esperanza Favela Ríos, de 59 años, se quedó estupefacta cuando al salir de bañarse, se vio envuelta entre un sofocante humo, ¡la parte trasera de su casa ardía en llamas!
Todos los días poco antes de las nueve de la noche Esperanza, quien quedó viuda desde hace más de nueve años, acostumbra encender una veladora a la Virgen de Guadalupe; el pasado miércoles no fue la excepción.
-“Al salir del baño y ver las llamaradas, luego de exclamar un ¡Virgen Santa!, solamente acaté a correr y pedir auxilio a mis vecinas, no me importó que solamente cubría mi cuerpo una toalla”.
Pero de pronto, para Esperanza, quien es diabética, vino la oscuridad, pues se desmayó y un grupo de vecinas la trasladaron a la Cruz Roja del municipio donde se quedó internada hasta entrada la madrugada.
Mientras tanto, unas vecinas localizaron a los hijos de Esperanza –en total son nueve y todos ya están casados-, otras llamaron a través del 060 al Cuerpo de Bomberos quienes se movilizaron para apagar el fuego que ya acababa con las pertenencias de la mujer.
La humilde vivienda se localiza en la colonia Óscar González, marcada con el número 1005. Con ella vive su nieta de ocho años llamada Laura Janet, a quien se había bañado poquito antes de que ella hiciera lo mismo. Al parecer una travesura de la menor, provocó que la veladora se cayera, incendiando el cuarto donde por años colgaba de la pared, el cuadro de la Virgen Morena.
Cuando los hijos se enteraron del percance –solamente cuatro de ellos viven en este municipio-, unos acudieron a la Cruz Roja para enterarse de su salud y otros más, permanecieron en el lugar del percance apoyando a los bomberos, pues todos los vecinos ayudaron con tinas cargadas de arena y agua para acabar con el fuego.
La humilde vivienda presenta un estado notable de deterioro, los techos construidos con vigas de madera, cuelgan amenazantes; las paredes de adobe antes blancas, ahora aparecen tiznadas y destruidas, pues el fuego acabó con el material que las cubría.
Eran las 12:00 horas cuando Esperanza se sumaba a las largas filas de espera para hablar con el alcalde Felipe Medina Cervantes, pues la situación caótica provocada por el incendió, “no le dejó otra”.
-“A ver qué me dice, pues la verdad, necesito mucho su ayuda, soy sola y vendiendo empanadas y gorditas de horno, no creo poder comprar otra vez mis cosas que con tanto sacrificio adquirí”.
Y con una aparente tristeza recordó:
-“Ya para la madrugada, cuando llegué a mi casa, pude darme cuenta que todo se había acabado, las camas, las sillas, la ropa, el ropero, mi máquina de coser... mis pertenencias”, hizo un silencio para contener un sollozo y luego añadió, “que voy ha hacer Virgen Santa.....”.