En el período de sesiones de la Cámara que acaba de terminar fue aprobada la nueva Ley de Garantías. Con esta nueva ley, solicitada desde hace mucho y a raíz de la anterior crisis de pagos del sistema bancario mexicano, se pretende eliminar los obstáculos que tuvieron las instituciones financieras para poder tomar posesión de las garantías de los créditos otorgados y que tantos dolores de cabeza costó, y dinero además, ante la resistencia de los llamados ?deudores de la banca?.
Asimismo, en estos momentos se tiene un proceso inflacionario bajo control y no se vislumbra una amenaza fuerte que pudiera venir a trastocar este panorama. El gobierno no abandonará, y hace bien, la disciplina fiscal y monetaria; tampoco se prevé un desequilibrio externo tal, que pueda provocar una devaluación de nuestra moneda de tal forma que pudiese presionar al nivel de precios. Por otro lado, si esto llegase a suceder, la línea gubernamental, al menos hasta donde resultara posible, sería la de restringir aún más la política monetaria para controlar, costase lo que costase, un nuevo brote de la inflación.
En consecuencia, aunque resultado también de la acumulación de capital dinero en manos de las instituciones financieras susceptible de ser prestado pero que no encuentra, por el momento, ocupación productiva, las tasas de interés muestran niveles históricamente bajos. A Ello contribuyen también la bajísima tasa de interés de referencia en los Estados Unidos, el rendimiento de los bonos del Tesoro, y la disminución de las tasas de interés de referencia en la Unión Europea, que anticipan, a su vez, una nueva reducción de las mismas en suelo norteamericano.
Por otro lado, las elecciones se acercan y los planes del gobierno, que por lo demás se basan en abrir nuevas oportunidades de negocio a los hombres del dinero, y en proporcionar por fin, en el mercado laboral, las condiciones legales que permitan la total adaptación de la mano de obra a las necesidades del capital, se encuentran en peligro. En efecto, a menos de 15 días del proceso electoral del seis de julio, no se vislumbra por donde pueda el Partido Acción Nacional obtener la mayoría necesaria para poder llevar a cabo estas reformas en los términos por ellos deseados.
Estas cuatro condiciones anteriores, dieron pie a la principal noticia en el terreno económico de la pasada semana. La banca comercial, en un claro apoyo al régimen foxista en días preelectorales, anuncian un boom en el otorgamiento del crédito. La palabra en cursivas denota ya el tinte político electorero del anuncio. Como se haría notar apenas una horas después, el monto de recursos frescos a liberar por parte del sistema bancario, de 174 mil millones de pesos, no representa mas que una pequeña parte de los niveles de crédito que existían, por ejemplo, en 1994, antes del crack del crédito. Además, revisando las cifras proporcionadas podemos ver más claramente que no representan una gran novedad y que no son sino la continuación natural de medidas anticrisis que ya existen, o bien forman parte de los negocios normales de la banca.
En efecto, del total referido se destinan 24 mil millones (el 13.8 por ciento) a expedir dos millones más de tarjetas de crédito y proporcionar 180 mil nuevos créditos automotrices. Casi un 16 por ciento, 27 mil millones a financiar 100 mil viviendas de tipo medio y residencial; nótese que el promedio por vivienda es de tan solo 270 mil pesos por vivienda. Para las micro, pequeñas y medianas empresas se destina un poco más (el 17 por ciento), pero el grueso del asunto, casi el 58 por ciento del paquete (100 mil millones de pesos) se destinarán a financiar a las grandes empresas para la compra de maquinaria y equipo, ampliaciones de planta y nuevos proyectos. Como puede verse, la estructura del crédito, dejando de lado su monto que ya hemos señalado líneas arriba que no es para llamarlo ni mucho menos un ?boom?, obedece a los intereses que hasta ahora han privado en el sistema financiero mexicano. La unión de la banca con los grandes grupos industriales, mexicanos y extranjeros, canaliza para sí la mayor cantidad de recursos. Con toda propiedad podemos decir, entonces, que se trata de destinar más recursos a las grandes empresas que se encuentran ante la necesidad de renovación de equipos, lo demás no es sino lo mismo que ya viene haciendo la banca desde hace tiempo.
Dos medidas gubernamentales actúan en el mismo sentido. En primer lugar, la baja tasa de interés que pagan los títulos del Estado y que, al menos en buena parte, son adquiridos por los mismos bancos. En segundo lugar, la vuelta a escena de la deducibilidad inmediata de las inversiones de las empresas, justamente en renovación de equipos, maquinaria y ampliaciones de planta.
Pero son tiempos de elecciones, y así como podemos declarar que la pobreza disminuye sensiblemente, que nuestro país pertenece a las naciones desarrolladas del mundo, que todo marcha y marcha bien, aunque nos encomendemos a Tomás Moro, así también podemos hacer pasar una medida destinada principalmente al gran capital, como una medida que beneficia a todo México.
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