No me cabe la menor duda: en este país todo puede pasar. Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Bartlett se unen en contra de la Reforma Eléctrica. En virtud de lo anterior es preciso preocuparnos en serio ante la alianza que han establecido, no necesariamente basándonos en la capacidad de convocatoria de ambos y las turbulencias políticas. Aquí el tema medular radica en la plena, absoluta incongruencia. Vamos a hablar claro sobre dichos hombres.
Manuel Bartlett es una verdadera desgracia para el Senado de la República. Fiel a la añeja tradición priista, ha vivido y gozado del presupuesto nacional toda la vida. Hablará francés, será un hombre culto pero hacia México nunca ha aportado nada tangible. Incapaz de entender el concepto “alternancia” seguramente estaría encantado con “la dictadura perfecta” tan bien descrita por Vargas Llosa. Si revisamos su actual posición caeremos en la cuenta de que es uno de los principales artífices dedicados a frenar las urgentísimas reformas. ¿Con qué calidad moral se proclama defensor de los intereses nacionales? Su paso por la gubernatura de Puebla es calificado por los ahí oriundos como francamente mediocre; medio México cree cuando aspiraba a ser presidente jugó sucio y miles aseveran llegó a extremos tan lamentables como amenazar a Miguel de la Madrid si éste no lo nominaba candidato del PRI. Como Secretario de Gobernación jamás tendió puentes con otras latitudes de la geometría política, presumiblemente metió mano y es causante del fraude electoral de 1988. Por si ello no fuera suficiente en Estados Unidos se le acusó de narcotraficante y asesino. De su patrimonio nada sabemos, gracias a la apertura informativa y la ley de acceso a las dependencias gubernamentales estaríamos en pleno derecho a exigir una completa y absoluta revisión de sus bienes para asegurar y congratularnos de que probablemente ése sea uno de los pocos rubros donde tiene las manos limpias.
Bartlett defiende a un México que ya no existe, es icono de un PRI que se tambalea entre quienes quieren democratizarlo y un puñado de dinosaurios en pleno estado de frustración pues sus anhelos de controlar y cooptar al país se extinguen a pasos agigantados. Sigue creyendo en la mano dura, jamás en el conciliar, el diálogo con sus semejantes. Muchos de sus compañeros de bancada lo califican como un ser que transita los pasillos del Senado con un aire de soberbia y superioridad intelectual.
Resulta lamentable: a su ya avanzada edad ha sido incapaz de entender a la sencillez como valor supremo. Su soberbia habla mal: muchos años pero huérfano de humildad propia en los grandes hombres.
Cuauhtémoc Cárdenas es daltónico por naturaleza. Salió del PRI pues “éste no se democratizaba en sus procesos internos” pero la percepción generalizada dentro de dicho organismo es que lo hizo por ardido. Sea lo que sea supo levantar apoyo de un amplísimo sector de la sociedad, reinventó el concepto izquierda y fundó junto a Porfirio Muñoz Ledo –brillante como pocos- un partido que durante muchos años aportó al país grandes beneficios, otra gama de opciones. Cárdenas solía ser congruente a pesar de vivir en un exclusivo barrio y poseer propiedades en Europa. Ahora pretende reinventarse, sueña con el cuarto intento de llegar a “la grande” como el caso de Lula en Brasil sin entender que su tiempo ya pasó. Eso se llama apego al poder y soberbia pura.
Cárdenas persigue el nacionalismo inexistente, sigue pegado a los lineamientos y preceptos de la expropiación petrolera, jamás se ha librado de la sombra de su padre. Todo lo ve negativo, es incapaz de sonreír, nunca de los nunca pronuncia frases de apoyo hacia el gobierno, la sociedad hoy lo visualiza como un hombre intolerante y necio. Dentro del PRD ejerce un cacicazgo, promueve la división y ha perdido credibilidad ante México. Haciendo uso de la comparación (y a un nivel inferior) me recuerda el caso de Laura Reyes Retana: a fuerzas quieren ganar amparándose de grupos e intereses dudosos sin entender que no son indispensables. Simplemente ambos carecen de cordura para decir basta.
Bartlett y Cárdenas fueron acérrimos enemigos, el segundo acusó al primero de fraude y llegó a demandarlo penalmente. Hoy Cuauhtémoc traiciona sus principios y se une a lo peor: solito está cavando su tumba. Andrés Manuel López Obrador con todos sus errores y aciertos está redefiniendo a la izquierda; ojalá no le metan mano negra y lo postulen para candidato. Me quedaría con él mil veces y algo me dice es nuestro próximo Presidente.
Le recomiendo a Cárdenas se vaya a su casa a descansar, ya no tiene nada qué hacer en la política. Hacia Manuel Bartlett que rápido pasen los tres años que le quedan como “Honorable Senador de la República” y se resguarde en su biblioteca teniendo muy presente lo que la amplia mayoría del país opina de él: fue, es y seguirá siendo un cáncer lesivo para México.
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