EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

A la ciudadanía| Áreas naturales protegidas: Jimulco

Magdalena Briones Navarro

Se consideran áreas naturales protegidas las porciones de territorio nacional cuyas condiciones ambientales no han sido alteradas de manera importante por la actividad del hombre, que requieren ser preservadas y restauradas, quedando sujetas a leyes y ordenamientos federales, estatales y municipales.

Estas áreas se zonifican en: a) zonas núcleo, b) zonas de amortiguamiento y c) zonas de influencia.

Zona núcleo es la porción protegida mejor conservada que contiene ecosistemas o fenómenos naturales de especial importancia y especies de flora y fauna que requieren protección completa para propósitos científicos o de regulación ambiental.

Zona de amortiguamiento es la porción del área natural que protege del exterior a la zona núcleo y que presenta condiciones favorables para las actividades productivas, educativas, recreativas, de investigación aplicada y de capacitación.

Las zonas de influencia se delimitan en el espacio circundante del área natural protegida, para mitigar los efectos que sobre ésta puedan producir modificaciones ambientales de su entorno.

De estas definiciones pueden derivarse objetivos y trabajos necesarios. Los primeros incluyen: preservación de regiones biogeográficas y ecológicas, salvaguarda de biodiversidad genética, aprovechamiento y preservación de los ecosistemas, investigación científica, educación, generación de conocimientos y tecnologías para el aprovechamiento y conservación de los recursos naturales, protección de zonas geológicas, y en lo posible, proporcionar las condiciones para la recreación, el ecoturismo y la generación de servicios ambientales.

La Sierra y Cañón de Jimulco se declaró zona protegida gracias a la intervención multivariada y convergente de ejidatarios, autoridades, universidades, instituciones civiles y ONGs. Se pensará que con tal agregado todo fue viento en popa... ¡Pues no!

Destaca en México el vicio humano de anteponer metas personales, muchas veces mezquinas, al desarrollo comunitario, envileciendo y abrumando de dificultades y trabajos fallidos a quienes desean y tienen clara la consecución de objetivos macro, últimos y mejores. Este vicio, casi cultural, no hace distingos políticos, jerárquicos, de clase, de género y de edades.

La identidad, la solidaridad son producto y causa de una convergencia de metas comunes a las cuales la colectividad pertenece como factor indispensable y reconocido. Reconocer esfuerzos y aciertos ajenos quita estatus al mediocre, cuando debería ser al revés. La fórmula exenta de mentiras; yo sé, yo enseño, tú sabes, yo aprendo, nos llevaría siempre al enriquecimiento y superación; pero nos es más grato engañarnos y tratar de engañar a los demás.

Este sistema sólo surte el campo de caricaturistas y psiquiatras.

Volviendo al punto, año 2002: los ejidatarios de Jimulco denuncian la infracción ilícita de plantas de sus terrenos por gente de la ciudad. Su queja es atendida por la Dirección de Ecología que a su vez convoca a otras dependencias gubernamentales como Sermarnat, Profepa e ICE, a universidades como UJED, UAAAN y DGETA; a las ONGs Biodesert y World Wild FUND, a los ejidatarios demandantes y grupos organizados de productores.

De esta convocatoria surge el Grupo de Trabajo para la Protección de la Sierra de Jimulco. Habiendo observado sus integrantes más fieles la gran variedad biológica de la zona, comenzaron por elaborar Estudios Técnicos Justificativos para mantener su equilibrio ecológico.

Se encontraron cuatro sistemas ecológicos básicos, del valle a las crestas más altas de la montaña: a) matorral xerófilo, b) bosque de galería, c) matorral submontano y chaparral y d) bosque de pino-encino. Se detectó gran cantidad de familias, géneros y especies en cada sistema, los que se continúan estudiando, con la posibilidad de agregar nuevos ejemplares. Una vez detectados y clasificados, se pretende hacer estudios químicos de sus propiedades para futuros usos materiales e industriales.

2003: Se elaboró un Plan de Manejo basado en los Estudios, Técnicos Justificativos, investigaciones documentales y de campo. Después se incorporó en el Plan, la propuesta del Manejo de Gestión.

2004-2005: Se continúa efectuando múltiples talleres con los ejidatarios, quienes ya lograron una Asociación Civil, de gestión comunitaria. Se formó también un Consejo Técnico Asesor.

2006: Como el problema ecológico no es de interés general, la sensibilización ha sido lenta, aun con algunas autoridades, traducida a veces en dilaciones y oposiciones a los planes. Falta lo mejor: la sensibilización de la ciudadanía quien finalmente deberá hacerse cargo de la conservación y mantenimiento a la zona.

Los bienes públicos son comunitarios. Ciudadanos y representantes gubernamentales deben cuidarlos, más cuando esta reserva de 60,458 hectáreas, constituye el 44.7 por ciento de la superficie total del Municipio de Torreón.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 241559

elsiglo.mx