Muchos partidarios de Felipe Calderón se desesperan porque su campaña no levanta, y dicen que tiene que imprimirle contundencia y enjundia, acercarse al pueblo, ser más informal, desparpajado y abrir sus conceptos morales para atraer a los jóvenes y mujeres, que son quienes decidirán la elección presidencial.
Panistas y no panistas dicen que dilapida la gran oportunidad de que Madrazo va de picada por todos sus demonios y problemas y con ello deja el campo libre a Felipe y Andrés Manuel, so riesgo de que éste se despegue tanto que después sea imposible alcanzarlo.
Por una campaña mal trazada, el panista perdió el vuelo de su elección como candidato, al vencer a Creel quien se sentía ungido ya, pero los permisos subrepticios que otorgó a casas de juego hicieron que los panistas le dieran la espalda, además de que no lo consideran compañero auténtico.
Calderón debe sobreponerse a Espino, que llegó a jefe nacional precisamente para obstaculizarlo de precandidato y sigue haciéndolo; como si en la suerte del michoacano no fuera la de su partido y la de él mismo, y a quien no lo bajarán de traidor, si se pierde.
El liderato panista real compete a Felipe, esperanza máxima de su partido y de millones de mexicanos que rechazan que PRI y PRD (versión aumentada y más corrupta del primero) vuelvan al poder. Espino no tiene por qué imponer como candidatos a Creel y a Carmen Segura, por el desprestigio del primero y la quema política de la segunda, que casi es seguro sea inocente, pero los cargos que le imputan la convierten en un pondus negativo para Felipe.
Ya con los oportunistas y colados de otros partidos tiene el PAN p’a rato; sin negar que nuevos socios pueden aportarle bríos, sangre e ideas que lo revitalicen, en contraste con mentes anquilosadas que se anclaron en la guerra fría PRI-PAN y les es difícil aceptar los aires actuales de pluralidad y antiextremismos.
Urge que el candidato pacte con Fox su deslinde. Puede, desde luego, admitir que éste tuvo aciertos y que los aprovechará; pero no tiene por qué soportar el desprestigio -prefabricado y vengativo- que le endilgan al mandatario y el de su familia política, en razón de que él representa un futuro de México con perspectivas renovadas de progreso, justicia y prestigio.
Periodísticamente Felipe debe ser puntilloso, dar la nota diaria, tener pronunciamientos de fuste y desplantes políticos con la mínima demagogia, pues las campañas coloquiales ya no cazan ni los grandes mítines con acarreados. Ha de dirigir mensajes cotidianos a todo el país, con inflexiones peculiares para pueblos o regiones.
La estrategia es revisable a diario sin machotes, imposiciones o prejuicios y requiere un equipo corto de expertos y políticos jugados. No es válido admitir a panistas que no hagan aportaciones valiosas y talentosas. No se trata de quedar bien, sino de impulsar la contienda política más importante del PAN hasta la fecha.
Se pretende conservar el poder ganado en 2000, aunque no del todo compartido, pero que arrastra el lastre real o ficticio del régimen saliente, igual que aciertos y programas exitosos. De ahí que el reto sea doble, máxime que no se puede bombardear al Gobierno en plan de Oposición, so pena de escupir p’arriba y ser tildado de traidor.
El presidente ha cuidado no apoyar la campaña panista. Mas es imposible ser imparcial puro, pues cualquier dicho, puntada o actitud puede resultar apoyo inconsciente. Eso sí no hay reproche legal, ya que acató la sugerencia del IFE, a moción de los partidos opositores, llevados por su prurito de hacer ruido contra el Ejecutivo y el PAN.
Sería bueno que Calderón propalara más la actitud que acaba de recalcar de que en temas del aborto, eutanasia y píldora del día siguiente -de la defensa de la vida- no impondrá su criterio católico, sino respetará la libertad de cada mexicano, en este México plural, secularizado y laico en que vivimos.
Con su afirmación clara al respecto aventaja a sus oponentes, que adoptaron una actitud ambigua, temerosos de que los católicos les nieguen el voto. Preferible es la posición definida de Felipe, al cabo la gente sabe muy bien que aquellos harían lo que quieran, de ganar la Presidencia.
La encuestadora GEA-ISA -la que en enero dio empate en 35 puntos entre Felipe y Andrés Manuel- reveló el primero de marzo que éste ya saca a aquél siete puntos y 12 a Madrazo. Lo que es un imperativo para que Calderón limpie su casa, estrene estrategias y ya dé el do de pecho que no sólo sus partidarios, sino millones de mexicanos que esperan para ver si lo escogen como su opción.
Está visto que tiene las mejores ofertas y “cómo” concretarlas; de ahí que no teme debatir, como López Obrador, quien hace apenas seis meses pedía hasta diez confrontaciones con sus oponentes; pero a la hora de la verdad las rehuye por miedo a que lo desnuden ante todos los mexicanos. Arguye que por ir en primer lugar puede imponer condiciones. Más el IFE -autoridad comicial- no debe permitirle hacer su capricho, sino obligarlo a someter sus propuestas a escrutinio nacional en tanto los otros candidatos lo exhiben por su miedo cerval.
El panista ya no puede darse pausa. Quizá no aprovechó como debió la coyuntura de los comicios locales del Estado de México. Aún es tiempo de llegar a 35 millones de jóvenes de 18 a 30 años a los que no interesa votar, y a las mujeres -mayoría poblacional- que son quienes decidirán la elección y, por ello, son el platillo más apetecido de todos los partidos.
Su ventaja son sinceridad y juventud, ante un Madrazo hundido en grillas, y un López Obrador cada día más irritable y lejano del pueblo, al que sólo ve en sus acarreos, pues se encierra en su círculo, del que fue excluido ya Federico Arreola, porque aportaba “más vetos que votos”.