El Siglo de Torreón
TORREÓN, COAH.- En medio de una sangrienta confrontación y ante un lleno impresionante en el Deportivo Lee Roy de esta ciudad, el rudísimo Latino Jr. venció en tres caídas al aguerrido Águila II y de paso le quitó la cabellera.
Espeluznante enfrentamiento que hizo vibrar a quienes asistieron al inmueble de la colonia Aviación, que fueron testigos de la guerra sin cuartel que sostuvieron los gladiadores, los cuales ya tenían un pique luchístico de pasadas confrontaciones.
El second del triunfador fue el legendario Cavernario Galindo Jr., mientras que el derrotado fue asistido por Vaquero Salazar, siendo el réferi el tendencioso ?Borrega 2000? quien al término de la segunda caída fue relevado por Bobby Saucedo, por orden del delegado de la Comisión de Box y Lucha Libre de Torreón.
La primera caída fue de dominio alterno por parte de ambos contendientes, ya que entraron algo nerviosos al encordado, pero poco a poco tomaron confianza, escenificando constantes vuelos y llaves de diferente grado de dificultad.
Un descuido del enmascarado que se combinó con un acierto del Águila II, originó que el luchador emplumado se acreditara la primera caída, al castigar a su rival con una campana efectiva que hizo rendir al primero.
El toque de la campana obligó a los seconds a retirarse del encordado, para que los protagonistas de la pelea de máscara contra cabellera continuaran las emociones, que mantenía a los aficionados al filo de la butaca.
Con la desventaja Latino Jr. se lanzó con todo al ataque y haciendo gala de la sabiduría inculcada por su maestro Cavernario Galindo Jr., borró a su contrincante con toda especie de candados, incluso golpeándolo con una silla metálica, que bastó para hacerle un corte en la frente. Águila II fue sometido con un medio cangrejo.
Ya sin la ?Borrega 2000? sobre el encordado y con el ex luchador Bobby Saucedo como el mandamás en la superficie, los gladiadores intentaron de diferente manera aniquilar a su oponente, desquitándose el ahora perdedor, al propinarle severo sillazo en la cabeza al encapuchado, después de rasgarle con mordidas la máscara.
Con los contendientes bañados en sangre y sudor, el público entregado de manera dividida comenzó a alentarlos en la tercera y última caída, hasta que el flamante colmillo del ganador, hizo castigar a su enemigo con la innovadora cavernaria, para así ganar el desafío.