Nosotros Las palabras tienen la palabra VIBREMOS POSITIVO Eventos

Contraluz / EL ACCIDENTE QUE NUNCA OCURRIÓ

Ma. del Carmen Maqueo Garza.

Los domingos son días en los cuales se antoja romper la rutina de la semana; una de estas rutinas rotas, es la de salir apresuradamente al filo de las siete treinta de la mañana... Sin embargo fue un domingo inusual, y estuve fuera de casa antes de las ocho. Parece increíble que estas calles despejadas y silenciosas sean las mismas que doce horas antes se hallan convulsionadas por roces de llantas, luces intensas y sonidos estridentes. A un par de cuadras de la casa, llamó mi atención un cuadro poco habitual: los elementos físicos de una esquina lucían seriamente dañados, se desprendía por su estado, que habían sido brutalmente golpeados por un vehículo en movimiento: un poste de madera se hallaba fracturado en su base, y derribado hasta la horizontal; sus cables desmadejados por los suelos; al árbol contiguo le había sido arrancada de tajo su corteza, y un grueso cable trenzado, de acero inoxidable, que cruzaba frente a poste y árbol, se hallaba angulado. Observé a un par de individuos recogiendo presurosamente pedazos de carrocería y de cristales; un poco más delante observé una grúa con lo que parecían ser los despojos del supuesto vehículo. El frente totalmente replegado como acordeón; chimuelo por la falta de la defensa que los hombres recogían por pedazos, y sin cristal en la puerta del conductor.

Parecería lógico que, habiendo vivido diez lustros, y estando sometida como espectador de segunda mano a la violencia televisiva que hoy se acostumbra, un cuadro como éste no me provocara ni cosquillas. Sin embargo algo me impactó; volví a pasar por el sitio, y pude ver el rastro de la trayectoria zigzagueante que el vehículo dibujó sobre el asfalto, desde unos treinta metros antes del crucero. Lo primero que vino a mi mente como médico, es un estado de intoxicación etílica que llevó a esa marcha errática, y a no hacer el alto correspondiente, para entonces chocar, salir disparado por el impacto, e ir a estrellarse contra los elementos de la esquina: tumbar el poste, decorticar el árbol, y doblar el cable de acero.

Para cuando pasé por segunda vez por el lugar, los dos individuos ya habían acabado su apresurada labor de remoción, y sólo el poste con el penacho desgarbado daba cuenta de lo que allí había ocurrido horas atrás. Se percibía cierta urgencia por borrar toda evidencia, como si ese accidente nunca hubiera ocurrido.

Cavilando, hice el recuento del alto número de accidentes que nunca ocurrieron, los que han dejado personas muertas, o inválidas; huérfanos y viudas, o infelices purgando condenas por ilícitos que no cometieron, mientras los verdaderos culpables gozan de total libertad. Vehículos fantasmas que arrollan a transeúntes y huyen; colisiones cuyos protagonistas son miembros de familias acaudaladas que compran versiones y silencios; individuos en situación socialmente comprometida, que hacen cualquier cosa por borrar evidencias. Y, como en muchos otros casos, posterior a los hechos que aquí relato, se siguió un silencio mediático que se antoja turbio, como aquello de que nadie vio, nadie oyó, y nadie señaló.

Ser padres no es tarea fácil, y se convierte en vigilante concesión de libertades, cuando los hijos son adolescentes. Es de esperarse que los adultos vayamos soltando las riendas, a la par que los muchachos van tomándolas por cuenta propia; tanto una sujeción extrema, como una demasiado laxa, van a derivar en resultados catastróficos. He sabido de primera mano de chicos que cometen desmanes graves, y al día siguiente andan como si nada, gozando de las mismas prerrogativas que antes de que su conducta pusiera en riesgo su vida o la de otros. En algunos casos la autoridad emprende acciones, y son los mismos padres los que se las ingenian para librar al chico de cualquier punición de ley. Yo me pregunto si estos padres lo hacen por desconfiar de las autoridades, por ganarse la simpatía de los hijos, o porque en esa familia el mando ha cambiado de manos... Ninguna de las tres me satisface como respuesta, pero hasta el momento no hallo otra explicación.

Protagonistas del accidente que nunca ocurrió pueden haber ido totalmente intoxicados, y si esta vez no fallecieron, a la siguiente quizás lo hagan. Asignarles quien venga tras ellos, escobetilla en mano, borrando cualquier polvo incómodo, es hacerles un flaco favor. Es estarlos condenando a una vida irresponsable, de alto riesgo, en la cual sólo las emociones fuertes cuentan. Es condenarlos a llevar una existencia vacía, jugar a la ruleta rusa en cualquier crucero, porque da igual tener la vida, que perderla...

Leer más de Nosotros

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Nosotros

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 200237

elsiglo.mx