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Contraluz / REFLEXIONES DE INVIERNO

Ma. del Carmen Maqueo Garza

No puedo sustraerme a la magia de estas mañanas, encender la computadora, correr la cortina de la ventana que tengo frente, contemplar la vida, y comenzar a escribir. Resulta uno de esos espacios que atesoro con fruición.

Hoy mis tres consejeros, los nogales que me acompañan cada semana, lucen muy distintos. Su follaje hasta hace poco verde y abundante ha ido menguando, las hojas que aún penden de sus ramas, lucen una tonalidad amarillenta, lo que las dibuja contra el fondo gris de la mañana invernal. Una de éstas se quebró con los vientos que hace ocho días anunciaron estrepitosamente la llegada de diciembre, su dirección ha cambiado ciento ochenta grados, y ahora está orientada hacia el suelo, como sabedora de su destino. Las avecillas parecen haber abandonado por completo el panorama; no hallo a los inspiradores gorriones picoteando nueces como todavía hace una semana hicieran, sus revoloteos en torno al preciado fruto parecen haber cambiado de escenario. ¡Vaya! Ni siquiera la desnudez de las ramas de mis tres colosos permite dar con sus nidos, solamente encuentro en determinado punto una ardilla afanosa recolectando nueces; se mantiene en posición vertical sostenida por las patas traseras, en tanto con sus manos toma un fruto y lo devora. Ahora es dueña de todo el ramaje; la miro desplazarse ágilmente de una a otra horca, recogiendo los últimos frutos de la temporada.

Cualquiera que viera lo que yo veo a través de la ventana, se sentiría poeta, y querría escribir acerca de la vida; parangonar este cuadro invernal con la etapa última de la existencia, y entender el cosmos hoy un poco más que ayer. Asimilar que el año tiene un principio y un fin; una primavera candorosa y un invierno en el cual se va despojando de sus vestiduras de juventud para dejar ver su esencia última... Y entender que lo mismo sucede con los hombres; con sus proyectos; con su vida misma. Se cumplen etapas; se va dando vuelta a las hojas del propio libro, una a la vez, dejando escrita en cada una de ellas la propia historia, como dijera el bardo, ?con tinta sangre?.

Si me fuera dado escoger en qué época nacer, con toda seguridad habría elegido la misma; privilegiado tiempo de grandes avances que nos ha permitido ver la evolución de la mente del hombre como probablemente sólo se vio con la invención de la prensa. No podríamos negar que ha sido una época de grandes cimbramientos, tanto en el mundo exterior como en el fuero interno de cada cual. Se han introducido elementos que en ratos han hecho zozobrar la integridad del individuo, y que a muchos los han llevado a encallar; se presentan grandes riesgos en la calle, a través de los medios de comunicación... pero más grandes riesgos se corren en casa, cuando el vertiginoso ritmo de la vida exterior ha llevado a los padres a descuidar su primer y más grande compromiso frente a la vida, la educación de los hijos.

Probablemente el gran reto de los tiempos que vivimos, sea el hacer crecer nuestro yo interno frente a una serie de elementos distractores que pugnan por lo contrario.

-Es un mundo de grandes multitudes, pero profundas soledades íntimas. Un ambiente lleno de ruidos y bullicio, donde cada cual lleva sus propios silencios a cuestas.

-Vivimos de la piel hacia fuera, y en ratos olvidamos que lo verdaderamente trascendente se encuentra en la dirección opuesta, en el seno de nuestro propio mundo personal.

-Experimentamos tiempos de apariencia; mina nuestro espíritu la pérdida de contacto con la esencia, con lo que es igual hoy que ayer; lo mismo en uno u otro individuo, independientemente de su aspecto exterior, de la calidad de sus vestiduras; del tono de su lenguaje, o de la cuna que le vio nacer.

El árbol que desnuda sus ramas nos enseña que el eje de la vida viene desde la raíz, avanza en sentido vertical y va hacia las alturas. En la medida en que recibe nutrimentos expande su follaje, se desarrolla, y toca otros árboles.

Ahora cuando las calles se cubren con una alfombra de hojas secas, la vida nos recuerda que todo cambio es bueno, que cada etapa tiene su propio enriquecimiento, y que finalmente el propósito de nuestra vida trasciende el plano material y avanza hacia una dimensión más allá de nuestra naturaleza humana.

Mucho más susurra el invierno a través de mi ventana; grandes lecciones rebosan mi espacio mágico esta mañana de crudo invierno, paradójicamente cálido.

maqueo33@yahoo.com.mx

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