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De amenazas y fantasmas

Federico Reyes Heroles

Este ha sido un largo y tortuoso proceso electoral. Comenzó con la especulación oficial autorizada desde Presidencia hace alrededor de tres años, con la señora Marta incluida. Le siguió el desfile de encuestas de carrera de caballos, convertido en deporte nacional. Poco importó la brutal distancia hasta la fecha final y la poca consistencia de ese tipo de ejercicios. Llegó el desafuero, con toda la carga de dudas que rodearon al proceso. Después las precampañas y sus oscuros financiamientos y, por fin, las campañas internas con todo tipo de zancadillas. Con el año 2006 entramos de llenó en la competencia y, como era lógico, las muy cantadas tendencias electorales se empezaron a mover. La agenda nacional se hundió detrás del lodo, de las descalificaciones fundadas e infundadas.

Estamos en la última semana rodeados de escándalos sobre financiamientos ocultos y parentela aprovechada. Mentirosos se dicen unos a otros desde hace meses en un triste espectáculo que degrada aún más la política. El ciudadano reacciona y rechaza a los encuestadores que quieren conocer su opinión. En 2006 hay más del doble de ciudadanos que evade cualquier situación que suponga desplegar su inclinación. Entre “no respuesta” y rechazo los silenciosos rebasan el 50 por ciento. El voto oculto podría entonces ser muy alto. En 2000 fueron por lo menos seis puntos porcentuales. En 2006 podría haber más sorpresas. Ese es el ambiente previo al cierre de campañas en que los candidatos caen en el paroxismo, en la peor etapa de la fiebre política. Es una verdadera enfermedad.

Alterados por la incertidumbre, enfermos de exposición, los candidatos han inventado cualquier cantidad de fantasmas: la “elección de Estado”, el gran fraude que está al acecho. En su ánimo de contagiar virulencia parecieran ignorar los costos para el país de su irresponsabilidad. Salvo Roberto Campa ninguno de los candidatos ha expresado su apoyo irrestricto a las autoridades electorales, por el contrario, PRI y PRD han seguido sembrando dudas hasta el último momento. ¿Qué es esto? Súmese a ello el movimiento minero con más hojas que una cebolla, el anunciado paro nacional de varias organizaciones sindicales, justo a cuatro días de la elección y a la disidencia magisterial infiltrada de radicales con amenazas de todo tipo. Por lo que hace a estos actores nada edificante habrá que recordar de la elección de 2006.

Pero por fortuna está por llegar el momento en que los partidos y corifeos disfrazados de mil maneras tendrán que hacer mutis, salir de escena unos días. En su lugar entrarán los ciudadanos en todas su modalidades. Ciudadanos en las casillas, ciudadanos frente a los partidos políticos, ciudadanos en la observación del proceso, ciudadanos en el recuento de las boletas, ciudadanos llevando paquetes electorales, ciudadanos reportando los resultados. El IFE se convertirá por varios días en el eje de la vida nacional. Todos los ataques, las mentiras e infundios lanzados en contra de la institución, todos los fantasmas invocados por varios contendientes fueron cayendo por su propio peso. A cinco días de la elección no se ha demostrado la existencia de algún factor determinante, como lo establece el Código, que desvirtué las condiciones de equidad y transparencia del proceso. Por supuesto que partidos y ciudadanos conservan el derecho de impugnar todas las irregularidades que se puedan presentar, pero hasta hoy -en los hechos que no en las palabras- los contendientes han aceptado como válido el proceso. ¡Qué daño nos hicieron los fantasmas!

Si las tendencias no vienen muy cerradas, las encuestas de salida serán capaces de retratarlas a partir de las ocho de la noche. Si los medios internacionales realizan este tipo de ejercicios, las cifras empezarán a correr desde la tarde. Por el contrario, si la contienda viene muy cerrada, las encuestas de salida podrían ser contradictorias. Nada hay de anormal en ello y así deberemos tomarlas. Recordemos la experiencia de la elección Gore-Bush. Después vendrán los conteos rápidos que son un instrumento más preciso y confiable pero que tiene que esperar al cierre de casillas para tomar de allí los resultados. Finalmente, si las tendencias no vienen atípicamente cerradas -menos de .5 por ciento- el IFE estará en posibilidad de dar información oficial, que no resultados, a partir de las 11 de la noche. Salvo que algún fenómeno meteorológico o alguna catástrofe ocurriera, el proceso como tal deberá ser bastante predecible e incluso sanamente aburrido y conoceremos los resultados esa noche. De no ser así tendremos que esperar al PREP cuyas tendencias se estabilizan en menos de 24 horas.

Para recuperar la sensatez perdida se pueden tomar varias medidas. Exigir que los candidatos no hagan pronunciamientos sobre sus victorias sino hasta después de que el IFE haya hecho el propio. El presidente Fox ya asumió esa posición. Que los comentaristas radiales y televisivos no caigan en la trampa de los reporteros que, por encontrar una nota, sacan de contexto la información. “No se abrieron casillas en Chiapas”. Cuántas son, qué porcentaje de la votación representan. Recordemos que en un proceso tan amplio las nociones de mucho y poco se alteran. Lo que no debemos hacer es caer en el juego de las declaraciones irresponsables. No hay posibilidad de una alteración significativa de los resultados. El sistema electoral mexicano está construido justamente para impedir algo así. En una semana estaremos comentando los resultados que seguramente serán apasionantes. Confiemos en nosotros mismos, en nuestra propia historia y cerrémosle el paso a las amenazas y a los fantasmas.

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