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Defensa de la libertad

Javier Fuentes de la Peña

Una de las mayores conquistas que todo ser humano puede tener es la libertad. Abraham Lincoln, uno de los más grandes políticos en la historia de la humanidad, decía que la vida no tiene valor donde falta la libertad.

Durante siglos, millones de hombres han perdido la vida en la lucha por este preciado bien. Dentro de estos mártires se encuentran cientos de periodistas que, por ejercer su profesión con idealismo y valentía, provocaban la ira de poderosos gobernantes que mandaban callar de tajo sus instigadoras voces.

Afortunadamente en nuestros días es posible conocer lo que significa la libertad de expresión gracias a la continua lucha de valerosos periodistas que hicieron entender a quienes tenían el poder que la palabra silenciada era la más peligrosa.

Cuando un gobernante ocupa su cargo, tiene que evitar caer en la terrible tentación de querer controlarlo todo, pues de lo contrario seguramente su estilo para gobernar estará apegado a prácticas tiránicas y absolutistas.

En el Distrito Federal tuvieron un gobernante que no pudo resistirse a esa tentación de querer controlarlo todo. Tan pronto ocupó el poder, dio muestras de que la guía de su Administración sería su propia voluntad y no la de todos los habitantes de la Ciudad de México. Aunque hizo obras importantes que trajeron consigo una mejora en la calidad de vida de algunos, López Obrador jamás entendió que todo el que opinaba diferente a él en realidad no estaba haciendo un complot, sino que simplemente estaba ejerciendo una de las libertades más valiosas: la de expresión.

Ese afán por controlarlo todo en el Distrito Federal, llevó a López Obrador a cometer actos que, además de condenables, resultaron una ofensa para los ciudadanos. Uno de ellos fue el de reservarse toda la información de su Gobierno, apegándose a la transparencia sólo en falsos discursos.

El acceso a la información fue una de las conquistas ciudadanas durante la Administración foxista. Antes, saber cuánto gastaba un gobernante en sus toallas o cuánto se destinaba por gastos de publicidad, era algo perteneciente a los sueños. Sin embargo, por fortuna eso ya es una realidad, exceptuando claro, al Distrito Federal.

Pero esta situación no es privativa de la capital del país, pues en nuestro Estado hemos visto una cerrazón aún mayor que la presentada en tiempos de Enrique Martínez.

Es increíble, pero a la fecha desconocemos cuánto se gastó Humberto Moreira en publicidad cuando era alcalde de Saltillo, puesto que aprovechó para impulsar su candidatura al Gobierno del Estado.

Ahora las cosas no son muy diferentes. Saber cuánto se gasta el gobernador en sus viajes o en su mansión de Monclova, es un secreto para los ciudadanos. Por desgracia, Moreira no ha entendido que los coahuilenses hemos cambiado y ya no somos los mismos que antes dejaron pasar por alto los supuestos desvíos en el INEA para impulsar la candidatura de Enrique Martínez.

Los ciudadanos ya no somos aquéllos seres impasibles que permitían que las autoridades hicieran lo que les viniera en gana. Tantos años de decepciones y engaños hicieron que nos sacudiéramos el letargo que nos dominaba y que descubriéramos que nuestra voz sirve para alzarla.

Nosotros somos libres de pedir a nuestros gobernantes información acerca de su Administración. Coartar esa libertad es dar la espalda al pueblo. El Gobierno de Moreira apenas comienza. Por su bien y el nuestro, debe respetar la conquista ciudadana de la apertura informativa y así, evitar la tentación de cortarle las alas a nuestra libertad de estar informados.

javier_fuentes@hotmail.com

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