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Deus caritas est/Diálogo

Yamil Darwich

El día de Navidad del año pasado, Benedicto XVI dio a conocer su primera encíclica: “Dios es Amor”, frase tomada de la primera carta de Juan, dedicada a los católicos con algunas orientaciones sobre el tema, que no descarta ser atendida por el mundo entero, por pertenecer al campo denominado “del bien común”.

La ciencia y la técnica de la “era del conocimiento” promueven formas de vida incluida la creación de nuevos servicios y productos, que directa o indirectamente modifican la interpretación de la palabra “amor”, incluso en su estricta aplicación a lo cotidiano; la psicología, antropología y sociología, entre otras ramas del saber, han generado muchos textos sobre el tema, desde los que contienen fundamentos filosóficos hasta los meramente fisiológicos.

Tanto así, que hablar de amor, para muchos de los pertenecientes a la llamada “Generación Superficial” –Light–, se refiere casi exclusivamente a la connotación sexual, particularmente física. Ya en otros “Diálogos” hemos tratado sobre la clasificación del mismo, que va desde el deídico, amor a Dios; filial, por y para los semejantes; y romántico, referido al sentimiento de afecto entre la pareja.

El Papa habla de acepciones tales como “amor a la patria, la profesión o el trabajo, amor entre amigos, entre padres e hijos, entre hermanos y familiares, del amor al prójimo y del amor a Dios y el amor entre el hombre y la mujer, en el cual intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma”. No pierda de vista la construcción del párrafo: pondera, dando unión al amor a Dios y a los hombres y enlista hasta el final el romántico.

La encíclica, leída con atención, se refiere a la forma de vivir recomendada a los creyentes, que incluye la descripción del amor para los demás y dice entre otras cosas: “el amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel”... “los creyentes tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres”... “el ejercicio de la caridad, uno de sus ámbitos esenciales”... no dice nada nuevo, pero tal vez ahora pongamos más atención.

De entrada, podemos darnos cuenta que se refiere a la forma verdadera de vivir en paz y libertad de todos los seres humanos; de paso, aclara particularmente a algunos líderes religiosos, la función de la Iglesia en relación a la justicia social y escribe: “la Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible”. ... “no puede ni debe sustituir al Estado”... “pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Ojalá que algunos príncipes de la Iglesia obedezcan, sobre todo esos que hacen más política que evangelización.

Luego define su postura en relación a justicia social: “el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos”... “como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública”... “a promover orgánica e institucionalmente el bien común”. Y describe la responsabilidad en la aplicación del término “amor al prójimo” diciendo: “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar”... “amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí”... “ el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro”. Se escribe fácil, cumplirlo se presiente difícil, ¿verdad?

También ofrece orientaciones para los medios de comunicación sobre el manejo de la información, mercadotecnia y la importancia que tiene su compromiso con la igualdad social: “los medios de comunicación de masas han empequeñecido hoy nuestro planeta, acercando rápidamente a hombres y culturas muy diferentes”; esta es una declaración de reconocimiento del poder que tienen en sus manos, consecuentemente de la grave responsabilidad que representa; ... “si bien este ‘estar juntos’ suscita a veces incomprensiones y tensiones, el hecho de que ahora se conozcan de manera mucho más inmediata las necesidades de los hombres es también una llamada sobretodo a compartir situaciones y dificultades”; se trata del serio compromiso, desatendido, con la solidaridad y subsidiaridad.

También habla de la caridad: “la verdad es que no se puede promover la humanización del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana”... y “la caridad no ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo”; sin duda, sanciona el mal uso que en ocasiones se da al poder, para comprar voluntades regalando cosas materiales; “no han de inspirarse en los esquemas que pretenden mejorar el mundo siguiendo una ideología, sino dejarse guiar por la fe que actúa por el amor. Dejar actuar al sentimiento, por sí mismo de manera sublimada”; cada vez es más difícil de atender su mensaje, ¿verdad?

Hay una frase que no tiene desperdicio: “el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro”, se refiere al amor romántico, entre la pareja, que debe incluir el erotismo y el ágape; el deseo y la entrega. Dice también que “el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni ‘envenenarlo’, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza”.

El Papa diserta sobre ese amor romántico haciendo notar la importancia de “dar y darse”, de estar dispuesto al desprendimiento pero también a recibir; desde luego que se refiere a la conceptualización integral del sentimiento, que va más allá del simple deseo físico e incluye el compromiso espiritual.

En referencia al amor deídico, declara que la encíclica tiene dos vertientes principales: el amor a Dios y el sentido por el prójimo, como manifestación de ese amar al Ser Supremo. Una queda clara, la del campo del creador; la otra, aunque es plenamente comprendida, no es tan simple de cumplir; curiosamente insiste en que van juntos, que no se puede amar a Dios sin amar al prójimo, o dicho de manera clara para la humanidad del siglo XXI: no podemos decirnos amantes del Ser Supremo si no atendemos las necesidades de los demás, especialmente de los que menos tienen. ¿no le recuerda los repetidos llamados hechos por la ONU para atender a los pobres?

Este mes de febrero tiene un día señalado para festejar al “amor y la amistad”, que muchos lo interpretamos en el sentido más simple y elemental: entregar un regalo material a los seres queridos. Buen momento para estudiar la encíclica y si usted no es cristiano lo invito a que la lea, sin duda le reconfortará bastante; búsquela en la siguiente dirección electrónica: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/index_sp.htm yo le dejo con un bello pensamiento tomado del mismo documento: “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar”. ¿Ya pensó a quién se refiere?

ydarwich@ual.mx

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