Una vez más el Teatro Nazas fue sede de un evento extraordinario, en este caso del quinto concierto de la temporada de la Camerata de Coahuila, pues en esta ocasión tuvimos el privilegio de escuchar obras de Samuel Barber (1910-1981), Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), Gabriel Fauré (1845-1924), Gioacchino Rossini (1792-1868) y César Franck (1822-1890) bajo la espléndida dirección del maestro Ramón Shade.
El concierto inició con una emotiva interpretación del Adagio para Cuerdas Op.11 de Samuel Barber que fue dedicada por la orquesta a la memoria de los mineros fallecidos en Sabinas. La partitura de este Adagio data de 1936 y originalmente era el segundo movimiento de su cuarteto para cuerdas.
México ha tenido la buena fortuna de ser el lugar de nacimiento de algunos destacados músicos y compositores, que han llevado el nombre de nuestro país a las grandes salas de concierto de todo el mundo. Sin lugar a dudas el más grande violonchelista que ha producido México es Carlos Prieto, quién no sólo es un notable virtuoso que ha inspirado a destacados compositores a escribir para su instrumento, sino también un hombre de amplios conocimientos que ha sido autor de varios interesantísimos libros, que posee amplísimos conocimientos en las más diversas disciplinas, y una cálida personalidad, además de ser un amenísimo conversador.
Creo que en buena medida estas cualidades de su personalidad son igualmente evidentes en su ejecución, pues éstas siempre son cautivadoras y jamás son mundanas ni triviales, tal y como sucedió el pasado viernes con las Variaciones sobre un tema rococó Op. 33 de Tchaikovsky, las cuales fueron -al igual que el Andante Cantabile Op. Posth. que escuchamos hace algunas semanas con Ophélie Gaillard - escritas para el violonchelista alemán Wilhelm Fitzenhagen (1848-1890), quien las estrenó el 18 de noviembre de 1877. Estas variaciones más que un pastiche son una emulación en la que el compositor ruso expresa su admiración hacia la música de Mozart.
Al finalizar la entusiasta ovación con la que fue acogida la excelente interpretación que brindaron de las Variaciones Rococó el solista y la orquesta bajo la batuta de Ramón Shade, Carlos Prieto informó que deseaba sumarse al homenaje a los mineros fallecidos e interpretar en su memoria la Elegía Op. 24 para violonchelo y orquesta de Gabriel Fauré.
Después del intermedio escuchamos la Sonata para cuerdas No. 3 en Do Mayor de Gioacchino Rossini, la cual fue escrita cuando contaba con sólo doce años. Esto no implica que se trate de una obra infantil, pues es una composición que posee un refinado encanto, gracia, un buen número de hermosas melodías y un humor e ingenio musical que recuerda a algunas partituras de Mozart. Esta mezcla de espontaneidad y seguridad dan la impresión de que proviniese de la pluma de un experimentado compositor, por lo que durante muchos años algunos musicólogos pusieron en duda que hubiesen sido escritas por Rossini niño. Estas reservas fueron disipadas cuando después de la Segunda Guerra Mundial se encontraron los manuscritos, mismos que permitieron ubicar la fecha de su creación en 1804 y que contienen algunas anotaciones del propio compositor en las que puntualiza que compuso las sonatas para cuerdas en sólo tres días. La fecha también ayuda a explicar el porqué el contrabajo asume un papel protagonista, pues en esa época Rossini vivía en Ravenna en casa de Agostino Triosso quien era un generoso promotor de las artes y un contrabajista aficionado.
El concierto finalizó con las piezas breves de César Franck en la orquestación que Henri Büsser (1872-1973) realizó de la versión original para órgano. Esta obra permitió a la Camerata de Coahuila bajo la espléndida dirección del maestro Shade desplegar plenamente las hermosas sonoridades y colorido que es capaz de producir.