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El Buen Caldo / ¿Y PARA QUÉ DIABLOS SIRVE LEER?

Daniel Maldonado

Piense en esto: si ya le cansó ver tanto chisme televisivo, que si Niurka, el matrimonio del Pirru con Ana Bárbara, etc. o ya le hartó la cebolla dramática que es Laura en América, o simple y asombrosamente ya no quiere ver televisión y la radio ha sonado demasiado tiempo las mismas canciones, lo invito a que agarre un libro y comience a leer. Sí, ya sé que no tienen dibujitos, que son muchas hojas y que en la escuela lo obligaron a leer a Sor Juana y poesía romántica y algunas novelas revolucionarias que ni le gustaron; que está lleno de palabras que no entiende y que muchas veces para lo único que sirve es para darle sueño, pero mire, la lectura de un libro depende del gusto y de lo que se busque al leer. La búsqueda principal es la del entretenimiento, y si de entretenerse se trata, ¿por qué no meterse en la aventura de un Arthur Conan Doyle, al erotismo de Alberto Ruy Sánchez, a la fantasía de Julio Cortázar, a la deserción social de Charles Bukowski, Guillermo Fadanelli y Pedro Juan Gutiérrez, y adentrarse en muchos otras identificaciones que puede conocer?

Si bien el leer es ocupar el ocio, esa loza terrible de las horas muertas; acercarse a un libro le dará, después del gusto de pasar un rato, el vivir la vida que otro imaginó y que quizás no estará nunca a su alcance más que a través de las palabras, recuperar el olvidado ejercicio de su imaginación y conocer otros pareceres sobre esta maraña terca que es nuestra vida. Y si quiere ponerse muy sácale punta y asombrar a la gente con su plática en las reuniones, puede aventarse los ensayos de Ernesto Sabato del libro La Resistencia u otro libro de ensayos. En estos textos los autores dan un parecer sobre algún tema y esto amplía las visiones que se tienen sobre las cosas. Pero tenga cuidado al escoger lo que lee, adentrarse en la poesía, por ejemplo, es descubrir las relaciones secretas de los actos y las cosas, una piedra que puede ser un animal dormido, una presencia antigua que atestigua muda, o una flor de frío geológico, además la poesía es más que el romanticismo, hay poesía erótica, de corte social, poesía contestataria y en todas ellas, si se quita el afán de entenderla y en lugar de eso observarla y sentirla, verá que encuentra otra composición de la realidad. Cuídese también de las lecturas ligeras: los manuales con fórmulas para resolver la vida en cómodos pasos, las lecturas dogmáticas que le dicen que la vida es nada más del modo que el autor la ve (como en los libros de C. Cuauhtémoc Sánchez, Og Mandino y Paulo Cohelo que tanto daño hacen a la juventud) lo cual es mentira, pues la pluralidad es lo que marca nuestra humanísima naturaleza y como dice Facundo Cabral ?la pucha con la moral que es cuestión de geografía: lo que en Francia está normal está muy mal en la China?. Así que si quiere ser un poco menos susceptible a que lo engañen o le tomen el pelo, o quiere aprender a dudar de lo que le digan, acérquese a la buena lectura, amplié su modo de ver el mundo, entreténgase en situaciones con las que se identificará y arriésguese a conocer un buen libro, total, no puede perder más que tiempo, y ése de cualquier modo lo perderá en cosas menos gratas.

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