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El epitafio

Gilberto Serna

Las lacras del ciudadano Vicente se borran cuando volteamos hacia el autoritarismo a ultranza que dejó de existir con su arribo a la Presidencia de la República. Es uno de sus aciertos, suficiente para considerarlo como un gran presidente. Después de Fox, al que vamos a extrañar, como él mismo vaticinó, ninguno de los que vengan podrá desbancarlo como el presidente de la apertura. Bueno, para que se me entienda, acabó con la presunción de que Ejecutivo era un semi-Dios, que no se equivocaba, al que había que rendirle pleitesía, que nunca enfermaba, que no era de carne y hueso como el común de los mortales y que vivía en una Torre de Marfil. Se le critica más que nada porque Fox era Fox y nunca, en seis años, dejó de serlo. Lo fue desde el primero hasta el último día. Antes de él nos quejábamos de un presidencialismo agobiante sin el que no se mueve ni la hoja de un árbol. A la hora que se nos quita la camisa de fuerza de largas mangas ?muy largas-, suspiramos por un presidencialismo opresor que daba lugar a que de manera cortesana, al preguntar qué hora era, hubiera un coro dispuesto a decirle: ?la que usted quiera señor presidente?. Lo que da una idea gráfica de que el fracaso, si es que lo hubo, debemos atribuirlo a todos que permitimos con nuestro silencio cómplice se hicieran las cosas.

La hora en que los legisladores por cualquiera que sea el motivo, que pudo ser el más vil, se ganan la repulsa pública porque no permitieron en dos ocasiones que viajara fuera del país el presidente, demuestra que las mayorías estaban del lado del presidente, al que ahora finalizando su sexenio se le miran sus defectos. Lo que más asusta de los gritos que se escuchan es el que se festeje, como una gran ocurrencia, la canción Fox, entregas y te vas, al ritmo de cumbia. Lo estamos de esa manera culpando de los males que aquejan a México y la verdad es que compartimos la responsabilidad, juntos los legisladores, los miembros del Poder Judicial, los tribunales electorales, los partidos políticos, etcétera. Nosotros nos quedamos paralizados dejando que sólo bajara al ruedo, concretándonos a lanzar exclamaciones de disgusto o a corear sus acrobacias verbales carcajeándonos de su desparpajo ante cualquier dilema. Lo que me doy cuenta es que la crítica se centra principalmente en su ignorancia que lo hizo pronunciar, dicen, disparate tras disparate. Dábame la impresión de que hubieran querido que estuviera sentado en la silla presidencial un filólogo, un lingüista, un académico o un gramático. Es la ventaja que en la democracia la ciudadanía es la que elige. Que es un hombre de banalidades, la gente lo supo desde la campaña en que fue candidato y aun así le entregó su voto. Si hubo algún engaño lo produjeron los ciudadanos en general.

Un hombre con talento no es suficiente para los puristas del idioma. Se merecía el reconocimiento porque acabó de un plumazo con el unipartidismo que había imperado hasta ese momento, aunque veladamente lo substituyera por otro. Los requisitos constitucionales no piden que para ser presidente haya cursado estudios en alguna universidad de fama mundial. Es suficiente su amor al país, que lo demás viene por añadidura. Aunque ahora se le critique su ausencia de experiencia en asuntos tan peliagudos como relaciones exteriores, combate al narco, al crimen organizado y en el caso Oaxaca. La verdad es que como gobernador de Guanajuato no adquirió un conocimiento profundo de lo que le esperaba como primer mandatario. Lo que dedicó tiempo en campaña fue criticar a los gobiernos emanados del PRI, valiéndole que el voto lo favoreciera. Nunca presumió de estar graduado en derecho internacional. Dicen que deja un enredo en las relaciones que tenemos con otros países, pero habría qué ver las tendencias de los gobiernos con los que ha estado bronqueado.

En fin, los que reniegan de Fox puede que asuman esa postura de buena fe, pero deben entender que en nuestra patria el presidente lo es por la voluntad de la mayoría de los mexicanos. Sus errores producto de sus decisiones son el resultado de la elección que se efectuó el dos de julio de 1990. Él fue presidente porque así lo manifestó la mayoría de los electores al acudir a las urnas. Pienso que actuó ocupando el puesto sin más interés que servir a la nación, ahora que si lo hizo contrariando la voluntad popular, conque no le levanten un monumento el caso está resuelto. Es obvio que no lo volverán a llamar para ocupar un cargo público. La intención es la que cuenta. Sigo pensando en que las críticas a su modo de hacer las cosas son mal intencionadas. Si hubo torpezas lo sabía el ciudadano desde la campaña, si hubo excesos, nadie le ató las manos, Fue escogido por la multitud con todo y sus creencias. Que no fue capaz de sacar al país de su atraso social, no lo dejó de hacer por pecado o por maldad. Él hizo lo que pudo y otro tanto hará su sucesor. El pueblo ha expresado su voluntad al acudir a las urnas o quedándose en calzoncillo y camiseta, sentado en el sillón de su casa. dándole la espalda a su responsabilidad de escoger gobernantes. Total lo mismo da. Que no pudo con la pobreza, contra el desempleo, tampoco contra la inseguridad, pues ni modo, lo cierto es que ni la lucha le hizo. En su tumba el epitafio, dirá: aquí yace el presidente,/ y hace bien,/ descansa él /y el pueblo también.

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