Este columnista no es precisamente un ?cazador de talentos?. Ni siquiera se hubiera puesto feliz de que el presidente electo de México recurriera a uno de estos buscadores para analizar las propuestas que le han presentado sus amigos ante la inminente renovación del Gabinete federal.
Siempre he pensado que la designación de colaboradores es la primera prueba que pasan los gobernantes en este país.
Vicente Fox, nuestro inefable y casi ex presidente de la República, presumió hace seis años de haber contratado a las mejores empresas de Estados Unidos para que le ayudaran a conseguir profesionistas talentosos para integrarlos a su cuerpo de colaboradores; pero, tal como sucedió en muchos de sus proyectos, también falló en la novedosa cinegética burocrática.
Fox contrató en ese entonces una que otra persona de testa brillante, pero sólo deslumbraban por la calvicie; de tres o cuatro secretarios de Estado se pudo decir que sus cráneos contenían una buena carga de experiencia, conocimientos y capacidades; pero a la contra hubo quien hiciera mofa de otros a quienes se les había practicado un encefalograma y los médicos habían encontrado que la masa encefálica estaba primorosamente envuelta en plástico, y sin uso. Dos damas, sin embargo, fueron excepcionales: Josefina Vázquez Mota, quien desempeñó la Secretaría de Desarrollo Social, y Xóchitl Gálvez, que tuvo a su cargo la atención de las comunidades indígenas. De los varones sólo se menciona con total encomio al secretario de Salud Pública, doctor Julio Frenk.
Nuestro nuevo presidente, Felipe Calderón Hinojosa, no parece haber consultado a los ?head hunters?, quizá por haber visto el fracaso del hombre de San Cristóbal; así que aquel ya invitó a una larga lista de potenciales colaboradores, guiado por su instinto, por el conocimiento personal o por las recomendaciones. Estos tres medios parecen ser las mejores brújulas para un político en las circunstancias de Calderón, quien ya para el domingo 26 de noviembre tenía definidos a 12 de los secretarios que formarán su Gabinete; y ha avisado de tener lista la última hornada, en la que se destapará a los responsables de mantener la gobernabilidad de México, la atención a la justicia y la prevención de la seguridad de los mexicanos.
Para la Secretaría de Gobernación, cabeza de este sector, se han filtrado los nombres del ex gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, a quien desde hoy se acusa de autoritarismo y arbitrariedad; de José Woldenberg, sin duda un profesional de la política inteligente y un espíritu conciliador, así como a Juan Camilo Mouriño, actual coordinador del equipo de trabajo cercano a Calderón Hinojosa; en Relaciones Exteriores se menciona a Arturo Sarukhan, hoy responsable de ponderar los temas internacionales ante el presidente electo, y a Sandra Fuentes Berain, embajadora ante la Unión Europea, quien fue concentrada en la SRE desde hace varios días.
En la difícil y hasta ahora inútil Procuraduría General de Justicia de la República se habla mucho de Eduardo Medina Mora, que es secretario de Seguridad del Gobierno foxista y a Julio Esponda, de quien los provincianos no sabemos nada, acaso por estar a cargo del servicio secreto.
En Seguridad Pública se menciona a Miguel Ángel Yunes, y a Jorge Tello Peón, ambos piezas del ajedrez en que juega doña Elba Esther Gordillo. Y para la Secretaría de la Función Pública se nombra como posibles titulares a Juan Molinar Horcasitas y a Gabriela Ruiz del Rincón, dos destacados militantes del PAN. Hombres y mujeres perfectas no hay; conformémonos con que sean honestos.
Se guisan aparte porque son parcelas muy importantes del sector de seguridad nacional las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina; las únicas dependencias que reciben un trato institucional de los presidentes de la República para nombrar a sus jefes y aún se consulta con respeto la opinión de los altos grados militares. En correspondencia el primer mandatario de la República les ha otorgado históricamente la totalidad de su confianza y apoyo.
Durante el siglo XX mucho oímos decir ante cada inicio de los gobiernos nacionales, estatales y municipales que los presidentes, gobernadores y alcaldes tenían sólo dos alternativas para formar un equipo de trabajo: uno, recurrir a los amigos, y dos, reclutar los viejos políticos, si acaso llenaban los requerimientos de capacidad y conocimientos de cada dependencia. Las dudas eran las siguientes: ¿Un amigo puede convertirse con el tiempo en un buen político? Y ¿un político podría transmutar en amigo fidedigno y fidelísimo de quien lo designó? En ambos casos los riesgos son iguales de peligrosos, así a los fines orgánicos del Gobierno como a la estabilidad política del gobernante.
Lo malo es, en el caso, que los ciudadanos estamos obligados a confiar en el buen ojo de quien va a gobernar y debe decidir su equipo de trabajo. Es su personal responsabilidad decidir a quién invita o a quién no.
Después, según actúen los funcionarios, su permanencia en el poder estará, o no, asegurada; ya que será interés y compromiso del presidente Calderón Hinojosa el cuidadoso seguimiento de la conducta oficial de los designados para ayudarle a gobernar.
En síntesis, el presidente Felipe Calderón es el único responsable de nombrar a su equipo. Los críticos, sean políticos de la Oposición, representantes de los poderes fácticos socioeconómicos o periodistas, debemos esperar un tiempo a ver qué pasa en el Gobierno, sin adelantar vísperas. No seamos como el criticón que citaba Hebbel: siempre encontraba un pelo en cada plato porque al sentarse a comer sacudía tanto la cabeza en gesto negativo que alguno acababa por caer dentro.