?La ley, sin la fuerza, es impotente?. Blaise Pascal
Desde hace cuando menos 36 años todos los cambios de sexenio en México se han vivido en un clima de crisis política o económica. La única verdadera excepción fue 2000, el año de la transición entre Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Todos los demás cambios de sexenio han sido conflictivos.
Hoy el reto no es económico sino fundamentalmente político. Felipe Calderón asumirá la Presidencia de la República el primero de diciembre en un ambiente de enorme tensión. No tendrá esa ?buena oposición? que en alguna ocasión Felipe González, el ex mandatario español, señaló como indispensable para construir un buen Gobierno. Con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, los partidos del Frente Amplio Progresista están buscando destruir y descalificar las acciones del próximo Gobierno antes que promover las políticas de una izquierda moderna. Habrá que ver todavía si el PRI y el Partido Verde se comprometen a convertirse en una Oposición leal e inteligente. Pero no hay duda de que Felipe Calderón está comenzando su mandato como un presidente aislado y quizá acorralado.
Es lógico esperar, de hecho, que Calderón sea un presidente débil. No sólo ganó la elección presidencial por un margen de apenas medio punto porcentual sino que la legitimidad de su triunfo ha sido cuestionada de manera sistemática por López Obrador y por los partidos que lo apoyaron. Además, Calderón es un presidente joven, con poca experiencia en la administración pública. Incluso para muchos que votaron por él, no era el mejor de los candidatos, sino simplemente el menos malo.
Los grupos de poder, aquellos que siempre buscan sacar tajada del sistema político, retarán muy pronto al nuevo presidente. Las amenazas, de hecho, ya están sobre la mesa. Los partidos del Frente Popular Progresista han prometido hacerle la vida imposible a quien llaman el ?pelele?, el ?presidente espurio?. La APPO ha señalado que ?si Ulises no se va, Calderón no pasará?. El sindicato minero redoblará esfuerzos para lograr el reconocimiento oficial de Napoleón Gómez Urrutia como su líder. El sindicato del IMSS se seguirá oponiendo a una racionalización de su sistema de pensiones.
Es normal que un presidente enfrente estos retos al principio de su Gobierno. Los grupos de poder buscan siempre saber hasta dónde pueden llegar. Y esto lo hacen ejerciendo presión sobre los gobernantes.
La gran duda es cuál será la respuesta de Calderón. Hay una tendencia siempre a menospreciar al presidente electo, el cual siempre se ve ?pequeño? frente a quien ha ejercido el poder durante seis años. Esta tendencia es más notable ahora, quizá por las propias características físicas de Calderón.
El presidente Fox es un típico ranchero del norte, un hombre de gran estatura que habla mucho y con gran fuerza, que ha mostrado siempre en su comportamiento una gran confianza en sí mismo. Calderón, en cambio, es pequeño de estatura y con gafas que le dan un aire intelectual; suele escuchar antes que hablar; tiene la pinta del abogado más a gusto en los detalles de un contrato que del político que arrebata a las multitudes.
Mucha gente espera que Calderón actúe con debilidad ante las presiones que va a enfrentar. Pero en la política la lógica tiene un papel muy reducido. Los hombres pequeños y de aspecto intelectual, así como los que llegan cuestionados al poder, han demostrado varias veces ser tan firmes o más que aquéllos de aspecto imponente.
Nunca sabremos cómo puede gobernar un presidente sino hasta que ocupa la máxima responsabilidad de la nación. Quienes han regido sobre nuestro país han sorprendido siempre: a veces de manera positiva y otras por razones negativas. Calderón, ese pequeño hombre de lentes del que tanto se burlan sus rivales, podría sorprendernos.
La propia presión a la que se verá sometido podría obligar al nuevo presidente a tomar decisiones firmes a las que no se ha atrevido su predecesor. Quizá él si esté dispuesto a aplicar ese Estado de Derecho al que prestan juramento todos los nuevos presidentes y funcionarios, antes de echarse para atrás por temor a enfrentarse a los grupos de poder.
A Calderón los grupos de poder lo pondrán entre la espada y pared desde el primer momento. Su imagen de debilidad, y la manera en que el presidente Fox ha dejado crecer los conflictos en los últimos meses, casi aseguran que eso ocurra. Pero la experiencia nos dice que un hombre acorralado puede ser más decidido en sus reacciones que uno que tiene tranquilidad para tomar sus decisiones. Quizá los enemigos del próximo presidente no se den cuenta que a éste lo están empujando tanto que podrían obligarlo a reaccionar de manera más vigorosa.
LA LEY
Ayer la APPO entregó las instalaciones de La Ley, la radiodifusora que transmite en el 710 de AM en Oaxaca y que mantenía en su poder desde el 21 de agosto. No lo hizo por convicción o porque la autoridad haya actuado para impedir el despojo, sino porque desde hace varios días la estación ya no puede transmitir por alguna falla técnica cuya naturaleza se desconoce. No se sabe qué daños sufrió la emisora durante su secuestro, pero sí podemos asegurar que no se tomará medida alguna contra quienes la mantuvieron en su poder. Selvis Núñez, coordinador de radio de la APPO, señaló ayer que la devolución de La Ley no significa que no se vayan a tomar otras emisoras en el futuro. Dos miembros de la APPO que custodiaban La Ley fueron asesinados en las últimas semanas.