Todos los días desde hace casi cuatro años, mi trabajo era ladrarle a Luisito por la ventana, para que se levantara a tiempo para ir a la escuela.
Yo no tengo reloj, ni mi concepto del tiempo es como el de las personas, pero calculaba la hora y todos los días le ladraba hasta hacerlo levantar. Después Luisito iba hacia la puerta de la cocina y me acariciaba un rato y yo me volvía loco del gusto y hacía la rutina de ladrar, que se repetía casi todos los días.
Tendría yo un mes pasado de edad cuando Luisito junto con otros amigos andaba en bicicleta y casi me atropellan, se paró y me recogió, me llevó a su casa me dio agua y me dio de comer. Al llegar la noche Luisito me escondió en el jardín de su casa, en una caja, pero como yo estaba en un lugar extraño y ya no contaba con la compañía de Luisito, me puse a llorar con todas mis fuerzas. Tanto lloré y ladré que la mamá de Luisito asombrada de los ruidos que yo hacía fue a investigar al jardín hasta que dio conmigo, que para ese tiempo ya casi me liberaba por una rendija de la caja. Me vio y dijo: -¿Qué es esto?, ¿Qué hace este perro tan feo aquí adentro?
Mi aspecto dejaba mucho qué desear, pues mi pelo era reseco y escaso, mis ojos tenían lagañas y para rematar tenía unos parásitos que se llaman garrapatas. Lo anterior se debía a que fui abandonado en la calle y fui muy afortunado en que Luisito me haya encontrado, pues de no ser así, muy probablemente hubiera muerto atropellado, o me hubiera recogido la perrera municipal y me hubieran sacrificado.
Al otro día muy temprano, la mamá de Luisito dijo: -Este perro mugroso hoy mismo se va de la casa. Acto seguido, Luisito se puso a llorar sin parar para convencer a su mamá de que me quedara, pero ella firme en su decisión seguía repitiendo, se va de la casa. Su papá, al ver que Luisito no paraba de llorar, dijo: -Pues déjalo vieja. Pero ella firme seguía diciendo que no. Media hora de llanto de Luisito hablándole a su mamá, y yo para ayudar, le lamí los pies y acto seguido me senté sobre ellos. Con eso tuvo. Dijo: -Bueno, pero nada más por mientras, y ahora Luisito apúrate, ven para lavarte la cara y arreglarte porque se te hace tarde para ir a la escuela.
Esa mañana, con asco, la mamá de Luisito me colocó de nuevo en la caja y con mucho valor me llevó con el veterinario, quien me bañó, quitó las garrapatas, desparasitó y vacunó. -¿Qué raza es?, le preguntó la mamá de Luisito al veterinario y éste le dijo: -Es un perro criollo, aunque se ve que tiene algo de pastor alemán. Yo orgullosamente ladré con gesto de afirmación.
Por la tarde Luisito junto con su mamá fueron a la clínica veterinaria a recogerme. Así empezó una amistad que duró por varios años. La mamá de Luisito cambió mucho conmigo, me aprendió a querer y finalmente era ella quien la mayoría de las veces me servía mi comida, me daba agua limpia, y de malas recogía mi excremento.
Yo seguía ladrando para despertar a Luisito, o cuando llegaba alguien a la casa. Decía la mamá: -Siquiera sirve de algo el perro. Yo, orgulloso de su comentario, meneaba la cola y me sentaba en sus pies.
Luisito y yo crecimos rápido, aunque yo crecí más rápido que él, ya que me ayudó mucho el alimento y los cuidados que me proporcionaron. Ocasionalmente Luisito y su hermano menor, Jaimito, me sacaban a pasear con cadena y era tal mi fuerza y emoción que corría y casi los arrastraba.
A últimas fechas Luisito no me sacaba a pasear regularmente, y poco a poco se fueron espaciando cada vez más los paseos, hasta que algún día su mamá le prohibió terminantemente a Luisito que me sacara a pasear. ?Recuerda, le dijo, -Fue el doctor quien te prohibió cualquier tipo de esfuerzo. Yo observé a Luisito y su aspecto había desmejorado bastante, perdió peso, su piel se veía ceniza, tenía ojeras y ya no me dejaban ladrarle por las mañanas, pues dejó de ir a la escuela.
Poco tiempo después Luisito ya no salía a jugar conmigo y se limitaba a verme y hablarme a través de la ventana de su cuarto. A mi me parecía algo extraño, pues traía en su cara un cubre bocas, había perdido el cabello y su aspecto se desmejoraba cada vez más.
Aproximadamente un mes después sentí de pronto un vuelco en el corazón y una sensación de vacío, al mismo tiempo los papás de Luisito lloraron inconsolablemente junto con Jaimito, su hermano menor, por un tiempo muy largo que a mi me pareció eterno.
Ya no volví a ver nunca más a Luisito, ni siquiera a través de la ventana. Los días transcurrieron de una manera muy lenta y la casa se notaba triste y sin ruidos.
Yo decidí hacer algo y empecé a ladrar y mover la cola, la mamá de Luisito junto con Jaimito, el hijo menor, salieron a jugar conmigo al jardín, me acariciaron y platicaron. Después de un rato, la mamá volvió su cara hacia Jaimito y le dijo. -Ahora el perro es tuyo, tu serás el nuevo dueño, estoy segura que Luisito así lo hubiera querido. Y como siempre, yo asentí ante esta opinión tan acertada, ladrando, moviendo la cola y sentándome en los pies de mamá.
Ahora mi trabajo consiste en ladrarle a Jaimito para que se despierte y llegue temprano a la escuela, pero también le ladro al papá de Luisito y Jaimito cuando llega cansado del trabajo hasta que va y me acaricia unos segundos, y a la mamá ni se diga. Me siento ahora más comprometido a darles un poco más de alegría que antes. Sobre todo porque yo soy el puente de unión entre Luisito que ya se fue y su familia, que a pesar de todo, tiene que seguir adelante.
¿Dudas?
miguel_daviladavila@hotmail.com
Hermosa historia ¿no lo crees? Comprueba por ti mismo la lealtad, fidelidad, e incondicional compañía que puedes tener de una mascota. No importa la raza, la edad, el color, ni la belleza, ellos tienen todo para dar, sólo tienes que alimentarlos, quererlos y cuidarlos y comprometerte a que no regresen a las calles. Mantenlos dentro de los límites de tu casa, sólo tienes que llamarnos al 752-64-70, o envíanos un correo a: lacasadedomi@hotmail.com y podrás tener a las siguientes Domimascotas:
CUCHUFLETA Y EL GÚERO BUCANERO
Cuchufleta: Soy la hembra sexy y exótica del refugio. Esterilizada y vacunada, 1.5 años, tengo un pequeño defecto en mi pata trasera derecha, ya que me atropellaron y mi hueso soldó de manera que no puedo doblarla, además de fractura de pelvis, pero eso ya está superado y soy una super chica dispuesta a despertarte todas las mañanas con mi canto. Espero me adoptes.
El Güero Bucanero: Macho, esterilizado y vacunado, aprox. 1.5 años. No tengo historia triste qué contar, ya que me salvaron antes de que la perrera me sacrificara sin siquiera preguntar si tengo dueño o no. Soy muy dócil y noble, y además buen cuate. Adóptame, no te arrepentirás.
Se parte de las familias felices que ya han adoptado una mascota, pero apúrate, ya que somos muchos y no hay espacio. Más fotos en: http://groups.msn.com/RefugioLaCasadeDomiA-C-
Hasta la próxima, Domi.